Un director de Pontiac le prometió a Burt Reynolds un Trans Am nuevo al año de por vida por sacarlo en sus películas. Su sucesor terminó con el sueño por algo que no tenía que ver con autos

Trans Am Pontiac Burt Reynolds

La película que provocó todo fue Smokey and the Bandit

Adolfo Reséndiz

Editor

Burt Reynolds tenía un acuerdo que cualquier actor habría querido conservar toda la vida: Pontiac le regalaría un Firebird Trans Am nuevo cada año. No era parte de un contrato cinematográfico ni una campaña publicitaria formal. El trato nació después de que una película con Reynolds al volante de un Trans Am negro y dorado disparara las ventas del modelo. Durante cinco años, los autos llegaron con puntualidad. Después, simplemente dejaron de llegar.

La película que provocó todo fue Smokey and the Bandit, estrenada en 1977 y protagonizada por Reynolds, Sally Field, Jackie Gleason y Jerry Reed. Reynolds interpretó a Bo Bandit Darville, un conductor contratado para distraer a la policía mientras su compañero transporta 400 cajas de cerveza Coors desde Georgia hasta Texas. El Trans Am era el auto que abría el camino y atraía a los llamados smokey, como Bandit llamaba a los policías que intentaban detenerlo.

Burt Reynolds y su Pontiac Firebird Trans Am.

La historia de la cerveza tenía una explicación concreta. En aquella época, la venta de Coors al este del río Misisipi estaba restringida sin el permiso correspondiente. Ese detalle daba sentido a la persecución, pero el público también se quedó con otra cosa: el Pontiac Firebird Trans Am negro con detalles dorados que Reynolds manejaba durante buena parte de la película. El auto no era un accesorio cualquiera. Terminó asociado de tal forma con el personaje que hoy resulta difícil pensar en Bandit sin imaginar ese Pontiac.

Smokey and the Bandit tampoco necesitó una campaña automotriz tradicional para conseguir semejante exposición. General Motors no había puesto dinero para esa presencia de marca y, para la producción, solo proporcionó cuatro autos. El resultado superó cualquier previsión razonable. La cinta tuvo un éxito comercial enorme y convirtió al Trans Am en uno de los grandes símbolos automotrices del cine estadounidense. Durante un periodo, Pontiac llegó a vender más Trans Am, la versión de mayor nivel del Firebird, que otras versiones del mismo modelo.

El impacto fue suficiente para que el presidente de Pontiac llamara personalmente a Reynolds. La conversación no terminó con un agradecimiento convencional. El directivo le prometió al actor un Trans Am nuevo cada año durante toda su vida. No hacía falta que Pontiac ofreciera algo semejante y tampoco existe en la información disponible un detalle claro sobre un contrato que estableciera las condiciones exactas del acuerdo. Lo que sí ocurrió es que Reynolds recibió los autos durante cinco años consecutivos.

Motor V8, 6.6 litros, del Pontiac Firebird Trans Am de Burt Reynolds.

El nuevo directivo tenía otra opinión

El actor ni siquiera conservaba todos para sí. Reynolds repartía la mayoría entre personas cercanas y solo se quedó con uno. Después llegó el sexto año y el Pontiac que esperaba nunca apareció. Al principio, el actor pensó que podía tratarse de un problema logístico o incluso de un robo. La situación era bastante extraña: Pontiac había cumplido durante cinco años y, de pronto, el regalo anual había desaparecido sin explicación.

Reynolds decidió llamar a la marca para averiguar qué había pasado. La respuesta del nuevo director de Pontiac convirtió una simple promesa comercial en una de esas historias que sobreviven mucho después del producto que las originó. Según el relato posterior del actor, el ejecutivo le explicó que el presidente anterior era quien había hecho el acuerdo porque le gustaban sus películas. El nuevo directivo tenía otra opinión. Su respuesta fue directa: no le gustaban sus películas. Con eso terminó el trato.

Hay algo particularmente curioso en la historia porque Pontiac había obtenido un beneficio comercial enorme de aquella película sin pagar por una campaña equivalente. Reynolds había puesto su imagen al servicio de un personaje y el Trans Am había quedado unido a él para siempre. Aun así, el destino de los regalos dependió de algo mucho menos racional que las ventas: el gusto personal del ejecutivo que ocupó el puesto después. Los detalles exactos de aquel acuerdo siguen sin estar claros, pero cinco Trans Am nuevos en cinco años bastan para dimensionar lo peculiar que fue la promesa.

El Trans Am de Smokey and the Bandit.

El Trans Am de Smokey and the Bandit terminó en una categoría muy pequeña de autos que ya no pueden separarse de la película que los hizo famosos. El Aston Martin de James Bond o el DeLorean de Volver al futuro pertenecen a ese mismo grupo. La diferencia es que, en el caso de Reynolds, aquella relación con Pontiac no terminó cuando acabó el rodaje ni cuando pasó la moda de la película. Terminó cuando cambió el hombre que dirigía la marca y al nuevo jefe, sencillamente, no le gustaban sus películas.

Imagen | Mecum Auctions, Universal y Wikipedia

En Xataka México | En 2022 un barco cargado de autos eléctricos se incendió. Ahora Volkswagen enfrenta una posible multa de cientos de millones



Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com.mx

VER 0 Comentario