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Marruecos está quitando el asfalto negro de sus ciudades. La explicación va más allá de combatir el calor

Asfalto Negro Peligroso

El calor no es la única razón detrás de este cambio

Adolfo Reséndiz

Editor

En pleno verano, una calle de asfalto negro puede superar los 60 grados centígrados mientras el termómetro apenas llega a 40. Ese salto de temperatura no es un dato menor. Explica por qué ciudades como Marrakech y Agadir empezaron a arrancar el pavimento tradicional de sus calles. La sorpresa llega cuando se descubre que el calor no es la única razón detrás de este cambio. Hay algo más debajo del asfalto, literalmente.

El asfalto negro funciona como una plancha de cocina bajo el sol. Absorbe la radiación solar durante todo el día y la devuelve en forma de calor hacia el ambiente ya entrada la noche. Ese fenómeno se conoce como isla de calor, y convierte a las ciudades en auténticos hornos durante el verano. El concreto, el vidrio y el asfalto guardan la energía solar como si fueran termos gigantes repartidos por toda la ciudad. Marruecos vive esta realidad con una intensidad cada vez mayor, y decidió actuar antes de que el problema se saliera de control.

Los pavimentos permeables mantienen una temperatura mucho más estable a lo largo del día.

La solución que probaron en Marrakech y Agadir es un pavimento permeable y poroso, muy distinto al asfalto de siempre. Se comporta como una esponja gigante tendida sobre la ciudad. El agua de lluvia ya no corre directo hacia el alcantarillado como pasa con el asfalto común. Se filtra hacia el subsuelo, y ahí queda retenida. Esa reserva de agua alimenta un proceso de evaporación que consume calor del ambiente y enfría la superficie de forma completamente natural, sin motores ni electricidad de por medio.

Este pavimento también reduce las inundaciones cuando llegan las lluvias intensas, un problema cada vez más común en zonas urbanas mal preparadas. Ayuda además a recargar pequeños acuíferos urbanos que llevan décadas casi secos por culpa del concreto. Algunos proyectos incluso aprovechan aguas regeneradas para mantener húmedas las capas inferiores del terreno durante las temporadas más secas del año. En los hechos, la calle empieza a funcionar como un aire acondicionado silencioso que enfría la ciudad desde el suelo hacia arriba, sin gastar un solo watt.

Aunque parezca un tema exclusivo de urbanismo, la medida golpea directo al automóvil y a quien lo maneja todos los días. El asfalto convencional absorbe entre 80 y 95% de la radiación solar que le cae encima. Ese exceso de calor se traduce en un desgaste más rápido del caucho de las llantas, algo que cualquier taxista de Marrakech conoce de memoria. También modifica la presión de los neumáticos conforme sube la temperatura del pavimento. Y reduce el agarre en curva cuando el betún pierde rigidez por las altas temperaturas del mediodía.

Los pavimentos permeables mantienen una temperatura mucho más estable a lo largo del día. Además eliminan el agua de la superficie con rapidez cuando llueve, en lugar de dejarla encharcada como pasa en cualquier avenida después de un aguacero. Eso reduce el riesgo de aquaplaning en cada frenada de emergencia. Hay otro beneficio menos evidente todavía, y tiene que ver con la electricidad. Si el entorno urbano irradia menos calor, el sistema de climatización del coche trabaja menos para mantener la cabina fresca. En un vehículo eléctrico esa diferencia puede sumar kilómetros extra de autonomía justo en los días más calurosos del año, sin tocar el acelerador ni la batería.

Calles de Marrakech.

España también investiga formas propias de bajar la temperatura

España camina por un sendero parecido, aunque con un objetivo distinto de fondo. Las mezclas drenantes llevan años presentes en varias autopistas del país, sobre todo en tramos con historial de lluvias fuertes. Su función principal es evacuar el agua con rapidez para reducir el riesgo de aquaplaning, no bajar la temperatura ambiente. El combate al calor urbano nunca fue el propósito original de esos pavimentos, aunque el resultado termine pareciéndose bastante al de Marruecos.

Sin embargo, España también investiga formas propias de bajar la temperatura de sus ciudades, y ya tiene resultados concretos sobre la mesa. El proyecto LIFE HEATLAND, impulsado por CHM Obras e Infraestructuras junto al Centro Tecnológico de la Construcción de la Región de Murcia, probó un asfalto frío capaz de reducir hasta 15 grados el calor irradiado por la superficie. La temperatura ambiente bajó cerca de 2 grados en las zonas de prueba, y la reflexión de la radiación solar superó por mucho a la de un pavimento convencional. No es ciencia ficción, es asfalto con otra fórmula.

Las olas de calor ya no son un episodio raro a los dos lados del Mediterráneo, y el suelo bajo nuestros coches también tendrá que cambiar para sobrevivir al clima que ya llegó. Marruecos apostó primero por sacar el asfalto negro de sus calles. España investiga en paralelo con otra receta. Lo que queda claro, con datos y no con promesas, es que el pavimento tal como lo conocimos durante décadas tiene los días contados en cada vez más ciudades del mundo.

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