Christopher Nolan es uno de los directores más reconocidos de este siglo. Tanto entre el público como la crítica ha destacado por un estilo visual y narrativo capaz de cautivar a las masas. Otro punto en particular de su filmografía es el rechazo a los efectos digitales por computadora. Esta insistencia lo llevó a un nuevo nivel cuando se convirtió en "granjero".
Esta anécdota nos sitúa durante la producción de una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia. En 2014 Nolan nos presentó la idea sobre cómo la Tierra está a punto de volverse inhabitable. Pero antes de los planos en medio del cosmos y planetas inhóspitos, el director presentó un gigantesco plantío de maíz. Hablamos de Interstellar.
Si recordamos, al principio del filme se nos explica que el alimento vital que sobrelleva la existencia humana en nuestro planeta es el maíz. Ahí conocemos al protagonista Cooper, interpretado por Matthew McConaughey, quien precisamente trabaja como agricultor. Durante una escena, vemos las hectáreas de esta plantación.
Lo interesante del asunto es que, precisamente para envolver al público en el realismo característico del director, Nolan no utilizó ni un solo fotograma de CGI para representar el cultivo. Sino que él mismo compró el terreno para plantar 500 acres de maíz real. El costo: 100,000 dólares.
Como explicó el cineasta ganador del Oscar para The Hollywood Reporter, tomó inspiración de lo hecho por Zack Snyder cuando dirigió El Hombre de Acero en 2013. Resulta que Snyder cultivó maíz para su película y Nolan quiso seguir el mismo camino con la adquisición. Que comparada con el presupuesto de 165 millones de dólares era casi nada.
"Zack había cultivado un montón de maíz, así que le pregunté: '¿Cuánto se puede cultivar en la práctica?'. Y ya habían cultivado un par de cientos de acres, así que lo investigamos y encontramos el lugar donde queríamos construir nuestra granja muy cerca de las montañas Calgary. Al final, obtuvimos una cosecha bastante buena y, de hecho, ganamos dinero con ella".
Ahora bien, todo este movimiento logístico y monetario no fue tan sencillo como pagar, cultivar y grabar. De hecho, como el guion establecía que la granja de maíz tenía que situarse en un lugar con montañas visibles a lo lejos, el gran problema es que no era viable que el maíz pudiera cultivarse en una zona como esa. Al final, la suerte les sonrió.
La ambición tradicionalista de Nolan no solo funcionó frente a la pantalla, sino que también recuperaron la inversión. De acuerdo con GQ, tras concluir el rodaje lograron vender el maíz sobrante que no se destruyó para la película. Ello les dio una ganancia cercana a los 162,000 dólares.
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