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Guillermo del Toro: "Hay gente que se encontró con Jesucristo; yo me encontré con Frankenstein"; por qué el monstruo terminó convirtiéndose en su brújula moral

Del Toro Frankeinstein

No solo inspiró a Guillermo del Toro; terminó convirtiéndose en el personaje que moldeó toda su filmografía.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Mucho antes de ganar dos premios Oscar, dirigir El laberinto del fauno o convertir La forma del agua en una de las películas más premiadas de la década, Guillermo del Toro tuvo un encuentro que definiría el resto de su vida. No fue con un director de cine, ni fue con un escritor, ni siquiera con un profesor; fue con un monstruo.

Años después resumiría aquel momento con una frase que desconcertó a muchos, pero que explica casi toda su obra: "Hay gente que se encontró con Jesucristo; yo me encontré con Frankenstein". Lejos de ser una provocación, era una confesión, especialmente porque la criatura creada por Mary Shelley no solo despertó su amor por el cine. También cambió la forma en que entendía el mundo, la compasión y hasta la naturaleza humana.

Todo comenzó frente a un televisor

Guillermo del Toro tenía apenas unos años cuando vio por primera vez Frankenstein (1931), protagonizada por Boris Karloff. Mientras muchos niños veían una película de terror, él experimentó algo completamente distinto.

No sintió miedo, sino empatía. Aquella criatura perseguida por todos no le parecía aterradora. Le parecía profundamente sola; incluso Del Toro ha contado en distintas entrevistas que creció en una familia profundamente católica. Desde pequeño conocía las historias de santos, mártires y figuras religiosas. Sin embargo, nunca logró conectar emocionalmente con ellas.

Con Frankenstein ocurrió exactamente lo contrario. Encontró a un personaje rechazado por su propia apariencia, condenado por algo que nunca eligió y juzgado antes incluso de poder demostrar quién era realmente.

Décadas después resumiría aquella experiencia con una frase que hoy ya forma parte de su historia personal. No estaba hablando de religión, hablaba del personaje que terminó convirtiéndose en una brújula moral.

Nunca vio un monstruo; vio a alguien abandonado

Para Guillermo del Toro, Frankenstein nunca fue el villano. El verdadero monstruo siempre había sido quien decidió crearlo para después abandonarlo, y ese detalle cambió completamente la manera en que entendía las historias. 

Desde entonces comenzó a hacerse una pregunta que terminaría apareciendo una y otra vez en su cine: ¿Quién es realmente el monstruo? La respuesta cambia según la película: en Cronos, el horror nace de la ambición; en El espinazo del diablo, de la guerra; en El laberinto del fauno, los seres fantásticos resultan mucho más nobles que los humanos; y en La forma del agua, la criatura termina siendo el personaje más humano de toda la historia. Cambian los escenarios, cambian las criaturas, pero la pregunta es la misma.

La psicología explica por qué conectamos con Frankenstein

Lo curioso es que esa reacción tiene una explicación que la psicología lleva tiempo estudiando. Diversas investigaciones han documentado el llamado Underdog Effect, un fenómeno que describe nuestra tendencia a simpatizar con quienes parten en desventaja o son rechazados por los demás.

Nuestro cerebro suele responder con empatía cuando percibe vulnerabilidad, y Frankenstein encaja perfectamente en ese patrón: no nace siendo un villano; primero intenta aprender, después busca convivir, quiere hablar y encontrar afecto. La violencia aparece únicamente después del rechazo constante.

La psicología también habla de la identificación narrativa, un proceso mediante el cual las personas establecen vínculos emocionales con personajes ficticios que representan experiencias humanas universales.

Eso ayuda a explicar por qué millones de personas recuerdan a Frankenstein con tristeza y no con miedo. En el caso de Guillermo del Toro, esa conexión fue tan intensa que terminó moldeando toda su carrera.

Curiosamente, esa forma de mirar a los monstruos también tiene mucho que ver con México

Nuestra cultura rara vez presenta a las criaturas fantásticas como simples símbolos del mal. Ahí están los nahuales, los alebrijes, La Llorona o muchas de las leyendas populares que han pasado de generación en generación. Más que representar únicamente el miedo, suelen hablar de identidad, pérdida, transformación o memoria. 

Por eso Frankenstein encontró un lugar tan natural dentro del universo creativo de Del Toro. Nunca fue un personaje de terror, sino que fue otro ser condenado simplemente por ser diferente.

La televisión mexicana también ayudó a crear esa obsesión

Hay otro detalle que suele pasar desapercibido. Durante las décadas de los sesenta, setenta y buena parte de los ochenta, los clásicos de Universal aparecían constantemente en la televisión abierta mexicana: películas como Frankenstein, Drácula, La Momia o El Hombre Lobo se transmitían con frecuencia, especialmente en funciones nocturnas y ciclos dedicados al cine de terror.

Para muchos niños mexicanos, esas películas fueron el primer contacto con el cine fantástico y Guillermo del Toro era uno de ellos. La diferencia es que decidió dedicar buena parte de su vida a entender por qué aquellas criaturas le provocaban tanta empatía.

Frankenstein terminó apareciendo en casi todas sus películas

Con los años, esa fascinación nunca desapareció y fue cambiando de forma. Aunque Del Toro dirigiera historias sobre vampiros, fantasmas, insectos gigantes o criaturas marinas, casi todas compartían el mismo punto de partida.

Los protagonistas suelen ser huérfanos, personas solitarias, niños, inadaptados, inmigrantes, criaturas rechazadas; todos tienen algo en común: no encajan y casi siempre son ellos quienes terminan mostrando la mayor humanidad.

Por eso el director ha dicho en varias ocasiones que todas las películas que hizo antes fueron, de alguna manera, un entrenamiento para llegar al proyecto que llevaba esperando desde niño: la adaptación de la novela de Mary Shelley.

Frankenstein nunca fue un proyecto aislado. Más bien parece el punto de llegada de una historia que comenzó cuando un niño mexicano vio por primera vez a Boris Karloff en la televisión y descubrió que, detrás del monstruo, había alguien que solo quería ser aceptado.

Una frase que explica toda su filmografía

Cuando Guillermo del Toro dice que algunas personas encontraron a Jesucristo y él encontró a Frankenstein, en realidad no está hablando de religión. Está hablando del momento en que descubrió qué tipo de historias quería contar y desde entonces, casi todas sus películas han repetido la misma idea.

Los monstruos rara vez son los villanos; los verdaderos suelen ser quienes utilizan el poder para rechazar, excluir o destruir a los demás. Es por eso que, más de medio siglo después de aquel primer encuentro frente a un televisor, Frankenstein sigue apareciendo una y otra vez en su cine.

No como un personaje de terror, sino como el recordatorio de que la humanidad muchas veces se encuentra precisamente en quienes el resto del mundo decide llamar monstruos.

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