
A pesar de acumular premios Oscar, Douglas reconoce que dejó escapar una mina de oro cuando rechazó un éxito histórico animado
Con una trayectoria repleta de éxitos comerciales y aclamación crítica, cuesta trabajo pensar que un actor como Michael Douglas tenga deudas pendientes con la industria. La ironía del destino suele jugar a su favor: mientras Richard Gere aún lamenta haber dejado pasar el papel de Gordon Gekko en Wall Street, Douglas lo tomó y terminó ganando el Oscar a Mejor Actor.
Aquella fue su segunda estatuilla dorada, tras haber conquistado la primera en 1976 como productor de Atrapado sin salida. A esa vitrina se suman tres Globos de Oro, un Primetime Emmy y el reconocimiento honorífico Cecil B. DeMille por toda una vida dedicada al cine.
Su currículum repasa auténticos clásicos generacionales: desde thrillers eróticos de impacto global como Atracción fatal y Bajos instintos, pasando por la comedia ácida de La guerra de los Roses y el retrato de furia urbana en Un día de furia, hasta llegar a la era moderna de las superproducciones de Marvel dando vida a Hank Pym, el creador del traje de Ant-Man.
El propio Douglas ha declarado con frecuencia que duerme tranquilo con las decisiones profesionales que ha tomado. Sin embargo, en el historial de casi cualquier figura de Hollywood existe al menos una espina clavada.
A sus 81 años, durante una entrevista en el programa The Late Late Show with James Corden, el veterano actor confesó que debió aceptar el papel en un megahit de Disney que recaudó 1,282 millones de dólares a nivel global, coronándose como la cinta más taquillera de todo 2013.
El fenómeno animado que Douglas dejó ir
"No me arrepiento de nada de lo que he rechazado, salvo por una ocasión en la que me ofrecieron prestar mi voz para una película animada que me habría generado más dinero que cualquier otra cinta que haya hecho en toda mi vida".
Corden intentó arrancarle el dato de inmediato. Douglas titubeó primero: "No creo que deba decirlo", pero terminó confesando el título casi en un susurro: Frozen: Una aventura congelada, la producción cuyo impacto fue tan grande que se consolidó de manera instantánea como un clásico moderno.
Aunque el actor no detalló para qué personaje lo tenían contemplado, las teorías del público y de la prensa apuntaron rápidamente al simpático muñeco de nieve Olaf, rol que finalmente inmortalizó Josh Gad.
De haber aceptado, la cuenta bancaria de Douglas habría crecido de forma descomunal, sobre todo considerando que su secuela en 2019 pulverizó marcas previas al rozar los 1,500 millones de dólares en taquilla.
Imagen | IMDb
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