Así son las primeras especies de arañas de mar descubiertas en Canadá después de casi un siglo

Nuevas Aranas De Mar

Parecen criaturas de otro planeta, pero viven a pocos metros bajo el agua.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Durante casi un siglo, los investigadores no habían descrito una nueva especie de araña de mar en el Mar de Salish, una región de aguas costeras entre Columbia Británica, en Canadá, y Washington, en Estados Unidos. La pausa terminó con el descubrimiento de dos especies desconocidas para la ciencia, con ojos rojos, patas cubiertas y una apariencia que parece salida de una película de ciencia ficción.

Las especies fueron encontradas durante expediciones de buceo realizadas entre 2023 y 2024, en aguas de hasta 18 metros de profundidad. Una de ellas incluso fue identificada a partir de un único ejemplar. Sin embargo, el hallazgo tiene una importancia que va más allá de lo peculiar que resulta su aspecto: los investigadores creen que también muestra cuánto falta por conocer sobre la biodiversidad marina, incluso en una región relativamente cercana a la costa.

Dos especies nuevas y dos formas muy distintas de sobrevivir

La primera especie fue bautizada como Callipallene pilosuspedes. Su nombre hace referencia a una de sus características más llamativas: largas espinas curvas que cubren la parte inferior de sus patas y que le dan una apariencia similar a la de un animal con las extremidades cubiertas de pelo. También tiene ojos rojos, una probóscide relativamente corta y una boca triangular formada por tres labios.

Pero existe otro detalle más curioso: los investigadores observaron que esta araña de mar puede utilizar sus apéndices ovígeros, estructuras que también sirven para transportar los huevos, para limpiar sus propias patas. Las espinas que tiene en estas estructuras funcionan de una manera parecida a pequeños peines, pero el problema es que solo encontraron un ejemplar, por lo que todavía queda mucho por descubrir sobre su comportamiento, distribución y forma de vida.

La segunda especie recibió el nombre de Tanystylum kiixin y tiene estructuras de limpieza menos desarrolladas. Los ejemplares estudiados estaban cubiertos de restos y pequeños organismos que se habían adherido a su cuerpo y para los investigadores, esto terminó convirtiéndose en una muestra bastante peculiar de cómo distintas formas de vida pueden convivir sobre un mismo animal.

Cormac Toler-Scott, investigador principal del estudio, describió la situación como un "ecosistema dentro de un ecosistema dentro de un ecosistema". La frase tiene sentido al observar de cerca a estos animales.

Y aunque se llaman arañas de mar, estos animales no son arañas. Pertenecen al grupo de los picnogónidos, artrópodos exclusivamente marinos con una historia de cientos de millones de años. Están emparentados con arañas y escorpiones, pero forman un linaje propio e intercambian gases principalmente a través de la superficie de su cuerpo; utilizan una probóscide para alimentarse y, en muchas especies, son los machos quienes transportan los huevos.

El descubrimiento que habla de un problema mucho mayor

Las dos especies son las primeras arañas de mar descritas en el Mar de Salish en casi un siglo. Y para encontrarlas, los investigadores no tuvieron que viajar hasta una región prácticamente inaccesible del planeta: bastaron varias expediciones de buceo relativamente poco profundas.

El equipo realizó además una revisión más amplia de las arañas de mar de la región. No solo identificó las dos especies nuevas, sino que redescribió otras cinco especies conocidas y obtuvo información genética de varios ejemplares que hasta entonces no habían sido secuenciados.

Esto es importante porque conocer qué especies existen es el primer paso para entender cómo funciona una comunidad biológica. Es difícil medir con precisión cómo afectan el cambio climático, la contaminación o la actividad humana a una comunidad si todavía existen especies que ni siquiera han sido identificadas.

Los investigadores consideran que todavía existe diversidad de arañas de mar sin documentar en la región. México tiene un caso comparable en otro sentido: herramientas como SIMAR, desarrollada por CONABIO, reúnen registros de biodiversidad marina y permiten consultar la información disponible sobre las especies y su distribución en los mares mexicanos.

Esto ayuda a poner el descubrimiento canadiense en perspectiva. Encontrar dos especies nuevas después de casi un siglo no significa necesariamente que hayan aparecido recientemente, sino que probablemente llevaban mucho más tiempo formando parte de ese entorno sin haber sido identificadas formalmente.

El hallazgo también muestra por qué las expediciones de campo siguen siendo importantes: incluso en zonas cercanas a la costa pueden aparecer especies que no estaban registradas por la ciencia.

El océano todavía guarda especies que no conocemos

Estas arañas de mar probablemente llevaban ahí mucho más tiempo del que nosotros llevamos buscándolas. No hizo falta llegar a una región remota del planeta para encontrarlas: bastaron varias inmersiones en aguas relativamente poco profundas.

Eso amplía la lista de especies conocidas en Canadá, pero también recuerda que incluso cerca de la costa todavía existen partes del océano que conocemos mucho menos de lo que creemos.

Imágenes | The University of British Columbia, Pexels

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