La Corriente del Golfo agoniza y la idea de alguien para solucionarlo data de los años 50: cerrar el estrecho de Bering

Una idea que surgió hace 70 años, y que hoy vuelve a sonar por un fin distinto

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

Imagina un escenario en el que Rusia y Estados Unidos por fin se unan. Pero no en el sentido político o comercial, sino algo más literal como la creación de una presa gigante que conecte Alaska con Siberia. En papel, suena a una idea descabellada, pero ya figura como una posible solución a un problema creciente: el cambio climático.

Vamos con el contexto. El tema gira en torno a la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés) o mejor conocida como Corriente del Golfo. Esta, a grandes rasgos, ayuda a distribuir calor en el planeta al transportar agua cálida hacia el norte y agua fría hacia el sur. Actualmente, la corriente se encuentra en crisis dadas las alteraciones en la temperatura y salinidad del Atlántico Norte.

Así, un grupo de investigadores propuso estudiar qué pasaría si se cerrara el Estrecho de Bering, el paso natural entre el océano Pacífico y el Ártico. De acuerdo con una publicación en Science Advances, la idea es que por ahí entra agua menos salada, y esa misma influye en el Atlántico Norte. Como la AMOC depende de que el agua sea suficientemente salada y densa para hundirse, cerrar el paso ayudaría a mantener ese equilibrio.

Por ahora la propuesta funciona solamente como una simulación hecha por computadora para analizar escenarios extremos, donde los científicos han planteado la instalación de dos islas en medio del estrecho que funcionen como pilares de apoyo para erigir tres presas. En teoría, tendría una extensión de 82 kilómetros a lo largo del Ártico. 

Lo curioso: esta misma idea surgió en la década de 1950. Por aquellos años, el ingeniero Pyotr Borisov propuso construir una presa gigantesca que atravesara el Estrecho de Bering. Sin embargo, el objetivo no era proteger una corriente oceánica, sino hacer la zona menos fría y volver partes de Siberia más aptas para la agricultura y asentamientos. 

Con ello, en su momento se buscó controlar el flujo de agua entre océanos a fin de cambiar el comportamiento del mar y de paso el clima del norte. Una visión muy ambiciosa que nunca pasó de propuesta y estudios preliminares. La diferencia principal entre ambas ideas está en la intención. 

La propuesta soviética buscaba cambiar el clima para beneficio humano directo: abrir rutas, calentar regiones frías y hacer más habitable el extremo norte. Era una idea de transformación territorial, nacida en una época donde se creía que la naturaleza podía rediseñarse a gran escala con infraestructura.

Por el contrario, la nueva propuesta tiene un enfoque distinto. En esta ocasión no busca "mejorar" una región, más bien evitar que un sistema climático global se vuelva inestable. De esta manera, la actual surge desde el estudio del cambio climático al usar modelos matemáticos para analizar riesgos planetarios.

Que al respecto, se deja un escenario más complicado que factible. Desde Ecoportal recaban las dificultades que una obra de este calibre traería consigo. Para empezar se trata de una mega construcción en una de las zonas más hostiles del planeta dado el hielo en movimiento, corrientes marinas y, evidentemente, las temperaturas extremas.

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