Crearon un traje de cobre para pingüinos y encontraron una forma de evitar que sus heridas vuelvan a abrirse

Pinguinos Traje

Parece una armadura diminuta, pero este traje tiene una misión: ayudar a los pingüinos heridos.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Un pingüino herido tiene que pasar por algo bastante más complicado que una cirugía. Después de una operación, los veterinarios necesitan mantener la herida limpia, proteger las suturas y esperar a que el tejido vuelva a cerrarse, pero el problema es que estos animales tienen un pico, un cuello extremadamente flexible y, cuando algo les molesta, ninguna intención de dejarlo en paz.

De acuerdo con Cooperativa Ciencia, un centro de rehabilitación de Coquimbo, Chile, encontraron una solución poco habitual: ponerles un traje fabricado con fibras que incorporan cobre y zinc. La prenda funciona como una barrera física para evitar que los pingüinos se picoteen las suturas y, al mismo tiempo, aprovecha las propiedades que se atribuyen a estos metales para controlar microorganismos y participar en procesos relacionados con la reparación de tejidos.

No fue una ocurrencia sacada de la nada. El proyecto reúne a la ONG Conservación Humboldt, la Universidad Católica del Norte y la empresa textil Kimba Vet, que tomaron como punto de partida una tecnología utilizada previamente en perros y gatos y tuvieron que adaptarla a un animal que, por su anatomía, les puso el trabajo bastante más difícil.

El problema no era solo la herida: era lo que hacía el pingüino después de la cirugía

Tomás Pino Damke, veterinario y presidente de Conservación Humboldt, explicó que muchos de los pingüinos que llegan al centro presentan cortes, laceraciones o pérdida de tejido y necesitan pasar por cirugía. Y ahí comienza otro problema.

Una vez operado, el pingüino puede alcanzar la zona afectada con el pico, retirar puntos o manipular la herida. Su enorme capacidad para mover el cuello hace que mantener las suturas protegidas sea especialmente complicado.

Por eso, la primera función del traje no es precisamente "curar" al animal y es algo bastante más sencillo: conseguir que deje tranquila la zona operada mientras el cuerpo hace su trabajo. La prenda cubre la herida y reduce las posibilidades de que el pingüino vuelva a lesionarla. Pero había otro detalle que resolver: conseguir que el traje permaneciera en su sitio.

Un traje pensado para perros no funcionaba en un pingüino

La idea original no nació pensando en aves. Los llamados bodys o trajes con cobre ya se utilizaban en medicina veterinaria para perros y gatos durante procesos postoperatorios, por lo que el equipo chileno tomó esa referencia y trató de llevarla a los pingüinos. Sobre el papel podía parecer sencillo, pero en la práctica, había un pequeño inconveniente: los perros y gatos tienen cuatro patas que ayudan a mantener la prenda en su lugar. Los pingüinos no.

Caminan sobre dos patas, tienen un cuerpo compacto y unas aletas que no se comportan como las extremidades de un cuadrúpedo. Los primeros diseños tendían a desplazarse hacia abajo, así que el traje terminó convirtiéndose en una prenda prácticamente hecha a la medida.

El equipo de Kimba Vet trabajó con los veterinarios utilizando fotografías y referencias para tomar medidas de zonas como el cuello, las aletas y la cola de los pacientes. Antes de llegar a Coquimbo, algunos de los primeros prototipos fueron probados con pingüinos del Buin Zoo para corregir el diseño.

Y no, no bastaba con hacerle un agujero para que pasara la cabeza. El traje tenía que quedarse en su sitio mientras el animal caminaba, nadaba, movía el cuello y, por supuesto, intentaba hacer lo que hacen los pingüinos: quitárselo.

¿Y qué tiene de especial el cobre?

El cobre no está ahí solo para que el traje suene más sofisticado. Este metal tiene propiedades antimicrobianas conocidas: los iones liberados por superficies o materiales que contienen cobre pueden afectar membranas celulares, proteínas y otros componentes esenciales de distintos microorganismos.

Por eso se ha estudiado su utilización en superficies, textiles y otros materiales destinados a reducir la carga microbiana. Pero el cobre también participa en procesos biológicos relacionados con la reparación de tejidos.

Un estudio publicado en American Journal of Physiology encontró que el cobre puede estimular la expresión del factor de crecimiento endotelial vascular, conocido como VEGF. Esta molécula participa en la angiogénesis, es decir, la formación de nuevos vasos sanguíneos, un proceso que forma parte de la reparación normal de una herida.

Investigaciones posteriores sobre apósitos impregnados con cobre también han encontrado señales de una mayor formación de tejido de granulación, regeneración de la epidermis y angiogénesis en distintos modelos de heridas.

Todo esto explica por qué el material resulta interesante para una prenda de rehabilitación, pero hay que ponerle freno a la interpretación: que el cobre tenga propiedades antimicrobianas y participe en procesos de cicatrización no demuestra, por sí solo, que este traje acelere la recuperación de todos los pingüinos. La experiencia chilena todavía es pequeña y está basada en un número reducido de animales.

El zinc también entra en la ecuación

El traje no depende únicamente del cobre. La tecnología utilizada por Kimba Vet incorpora también zinc, un mineral que participa en distintos procesos relacionados con la regeneración de tejidos y la reparación de heridas.

La investigación biomédica ha estudiado materiales que combinan cobre y zinc precisamente por sus posibles propiedades antimicrobianas y su relación con procesos de reparación. Algunos trabajos experimentales con apósitos han observado actividad antibacteriana y señales de mayor regeneración y angiogénesis.

Pero aquí vuelve a aplicar la misma advertencia: esos resultados proceden de modelos experimentales y no equivalen a una prueba clínica que demuestre que este traje funciona de determinada manera en pingüinos.

La idea tiene sentido desde el punto de vista de los materiales: proteger la herida, limitar su exposición a microorganismos y crear condiciones que favorezcan la reparación. Lo que todavía falta saber es cuánto aporta realmente cada componente a la recuperación de estos animales.

Y la tela no parece una armadura

Cuando escuchamos "traje de cobre", es fácil imaginar a un pequeño pingüino vestido con una especie de armadura metálica. Pero no es eso. El cobre y el zinc están integrados en el material textil en forma de partículas microscópicas, por lo que la prenda conserva la apariencia y flexibilidad de un tejido convencional.

Y eso importa bastante, ya que el traje no serviría de mucho si protegiera una sutura, pero al mismo tiempo impidiera que el pingüino pudiera caminar o nadar normalmente. La gracia está precisamente en que el animal pueda seguir moviéndose mientras la prenda hace su trabajo.

También buscaban tocar menos a los animales

Aquí aparece una ventaja que puede ser incluso más importante que la propia herida. Antes de utilizar estas prendas, mantener protegida una lesión podía implicar vendajes complejos y manipulaciones frecuentes: retirar la protección, limpiar la zona, volver a cubrirla y repetir el procedimiento.

Cada una de esas intervenciones significa volver a sujetar a un animal salvaje que ya está lidiando con una cirugía. Con el traje, el equipo puede acceder a la zona para realizar las curaciones necesarias y volver a colocar la prenda con mayor rapidez, y eso reduce el tiempo de manipulación y puede disminuir parte del estrés asociado al tratamiento.

En rehabilitación de fauna silvestre, este detalle no es menor. El objetivo no es mantener al animal bajo cuidado humano durante el mayor tiempo posible, sino conseguir que se recupere y pueda regresar a su ambiente natural. Reducir las manipulaciones puede ayudar precisamente a eso: menos tiempo en manos de los humanos y más posibilidades de avanzar en la recuperación.

La herida puede cerrarse. La causa sigue en el mar

La historia también tiene una parte bastante menos simpática. En las primeras pruebas con cinco pingüinos, cuatro presentaban lesiones aparentemente relacionadas con la actividad humana, especialmente daños asociados a redes de pesca.

Eso cambia un poco la perspectiva del pequeño traje. La tecnología puede ayudar a reparar una herida, pero no elimina aquello que la provocó. Los pingüinos de Chile no son los únicos animales marinos que terminan en rehabilitación después de encontrarse con artes de pesca. 

En México, las llamadas redes fantasma también representan una amenaza para distintas especies, porque pueden permanecer activas en el mar incluso después de haber sido abandonadas o perdidas.

La Conanp publicó en 2026 un manual específico para prevenir, mitigar y corregir los daños provocados por estas redes. El problema alcanza a tortugas, aves, peces y mamíferos marinos, que pueden quedar atrapados durante largos periodos.

Y no es un problema hipotético. En julio, personal de la Reserva de la Biosfera Islas Marías rescató tres tortugas atrapadas en una red fantasma. Meses antes, Profepa participó en el rescate de un lobo marino en Baja California que presentaba heridas severas en el cuello provocadas por una red de pesca. El traje puede resolver una parte del problema. Sacar las redes del mar es lo que evitaría que otros animales terminen necesitando una.

El pingüino de Humboldt necesita algo más que un traje

Los animales atendidos pertenecen a especies como el pingüino de Humboldt y el pingüino de Magallanes. El primero está clasificado como vulnerable y enfrenta una disminución importante de su población.

Chile es especialmente relevante para su conservación porque concentra alrededor del 80% de los ejemplares que todavía quedan. Reuters reportó que la población de pingüinos de Humboldt en Chile cayó desde alrededor de 45,000 ejemplares a finales de los años noventa hasta menos de 20,000.

Por eso, el pequeño traje cuenta una historia mucho más grande. No se trata únicamente de conseguir que un animal sobreviva a una cirugía. La rehabilitación forma parte de una cadena que empieza con el rescate, continúa con el tratamiento de las lesiones y termina, idealmente, con el regreso del animal al mar.

Una solución nacida para perros terminó adaptándose a pingüinos

La historia del traje es, en cierta forma, un ejemplo de ingeniería por adaptación. Primero existía una herramienta diseñada para animales domésticos. Después apareció un problema completamente distinto: un animal silvestre, bípedo, con un cuello muy flexible y un pico perfectamente capaz de alcanzar sus propias heridas.

Los investigadores no tuvieron que inventar desde cero una tecnología para cicatrización. Tuvieron que tomar una que ya existía y modificarla hasta conseguir que funcionara en un cuerpo para el que nunca había sido diseñada.

Y ahí estuvo buena parte del reto. No era simplemente cuestión de meter cobre y zinc en una tela. Había que conseguir que el traje permaneciera puesto en un pingüino.

La ciencia detrás del traje todavía está empezando

Las primeras experiencias son prometedoras, pero cinco casos no bastan para convertir esta tecnología en una solución definitiva. El proyecto ya utiliza las prendas en el centro de rehabilitación y las pruebas iniciales realizadas en Buin Zoo permitieron ajustar el diseño. 

Aun así, harían falta grupos más grandes de animales, comparaciones con otros métodos de protección y seguimientos sistemáticos para saber exactamente cuánto aporta el tejido con cobre y zinc a la velocidad de cicatrización y a la recuperación completa.

Lo que sí está claro es el problema que intentaron resolver. Un pingüino herido necesita tiempo para recuperarse y, durante ese tiempo, su propio pico puede convertirse en uno de los principales enemigos de la herida.

El traje funciona entonces como una solución bastante sencilla para un problema muy específico: impedir que el animal deshaga parte del trabajo que los veterinarios acaban de hacer y esa quizá es la parte menos llamativa y más importante de toda la historia. No hace falta que el traje haga magia. Solo tiene que conseguir que el pingüino deje en paz sus puntos el tiempo suficiente para que su cuerpo haga el resto.

Imágenes | Pexels, Cooperativa Ciencia

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