
Este mes marcó la primera detección confirmada de esta especie en ese país desde 1966. Las consecuencias pueden ser costosísimas.
Una plaga carnívora que se creía controlada avanza hacia EEUU. La última esperanza es una estrategia múltiples frentes que combina control biológico, restricciones de movimiento y millones de dólares. Parece la trama de una película, pero es una batalla muy real que Washington ha librado durante décadas y que hoy, pese a todo, toca de nuevo a sus puertas.
Se trata de una infestación que representa una amenaza económica crítica para la industria ganadera estadounidense, valorada en miles de millones de dólares, a la que en los 70 le causaba daños del orden de los 800 millones al año. El plan para combatirla corrió su frontera hacia el sur, primero hacia México y, eventualmente, hacia el tapón del Darién, entre Panamá y Colombia. Las autoridades creen que su retorno al norte se debe al cambio climático, al movimiento de ganado, y, tal vez, a las decisiones de Elon Musk.
El ‘caso cero’
El monstruo de esta historia es el gusano barrenador del Nuevo Mundo. Este mes marcó la primera detección confirmada de esta especie en EEUU desde 1966.
A pesar de su nombre, este insecto es en realidad una mosca de la familia Caliphoridae cuya larva es un parásito de los vertebrados de sangre caliente, incluidos los humanos. La plaga no se transmite directamente entre animales. Las hembras no depositan sus huevos en tejido muerto, sino que lo hacen en las cavidades naturales o en los bordes de las heridas de animales vivos. El gusano recibe su nombre -y su reputación- porque cuando los huevos eclosionan, las larvas penetran el tejido vivo y comienzan a alimentarse de él, lo que provoca lesiones severas, infecciones y, en los casos más graves, la muerte del animal afectado.
El paciente cero de esta nueva crisis apareció en La Pryor. Este pueblecito de Texas, a unos 80 kilómetros de la frontera con México. Aunque no es uno de los grandes productores de carne en el estado, con 37,000 cabezas de ganado depende mayormente, como muchos otros pueblos cercanos, de esa actividad. Allí, un ternero de apenas tres semanas de vida se convirtió en el canario en la mina de lo que podría ser una crisis nacional.
Brooke Rollins, la secretaria del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), le dijo a Reuters que, por ahora, solo se ha confirmado un caso. Pero los ganaderos de La Pryor recuerdan cuando el gusano devoraba sus rebaños y cientos de terneros infestados se rascaban y lamían sus heridas mientras el olor a carne en descomposición llenaba los campos.
Por eso la zona, que limita con el estado mexicano de Coahuila, se llenó de nuevo de trampas y de letreros advirtiendo lo que está en juego. El informe dice: “Ahora lo que más preocupa son los ganaderos más jóvenes que no tienen experiencia en el tratamiento de esta plaga, la abundancia de animales salvajes que podrían convertirse en vectores de su propagación”.
Según NBC News, el parásito no supone una amenaza para la seguridad alimentaria, pero un brote más amplio podría costar miles de millones de dólares a la industria ganadera y ejercer una presión adicional sobre los precios de la carne de vacuno, que ya están en máximos históricos.
Guerra biológica
El plan de las autoridades estadounidenses para combatir el brote del gusano barrenador del Nuevo Mundo en Texas se basa en una estrategia probada. Su componente principal es la Técnica del Insecto Estéril, una forma de control biológico que consiste en criar y liberar millones de moscas macho estériles en la naturaleza.
Dado que las moscas hembra se aparean una sola vez en su vida, si lo hacen con un macho estéril, el ciclo se corta. La hembra va, sí, y pone sus huevos en una herida, pero esos huevos jamás eclosionan. No hay descendencia. Al inundar el ecosistema de esta manera semana tras semana, la población natural implosiona y desaparece por completo en pocas generaciones.
Por eso el USDA ha estado liberando millones de moscas estériles en el sur de Texas desde febrero, a razón de alrededor de 4 millones por aire semanalmente. Otros 4 millones fueron liberados por tierra tras la reciente detección. Sin embargo, hay dudas sobre si se cuenta con la infraestructura para alcanzar los 600 millones de moscas semanales que los expertos estiman son necesarios para detener la plaga.
El USDA destinó 21 millones de dólares para adaptar una planta en el sur de México e invirtió 750 millones de dólares en la construcción de una nueva fábrica en Edinburg, Texas, que tendrá capacidad para producir hasta 300 millones de moscas estériles a la semana. Pero con el tiempo en contra, queda claro que se necesitan otras medidas.
Para evitar que el parásito se propague a otras zonas ganaderas, se han implementado estrictas medidas de contención territorial como zonas de cuarentena local alrededor de La Pryor, en los condados de Zavala y Uvalde. Está terminantemente prohibido mover cualquier animal de sangre caliente (incluidas las mascotas) fuera de esta zona sin antes someterlo a una inspección oficial. Desde julio de 2025, el USDA cerró los puertos de entrada a lo largo de la frontera para las importaciones de ganado procedente de México. Se han desplegado 8,000 trampas para moscas a lo largo de la frontera con México y las autoridades han analizado más de 58,000 muestras de moscas sospechosas.
¿Culpa de Elon Musk?
Mientras los ganaderos de EEUU cruzan los dedos, otros los levantan para señalar a Elon Musk. La razón es que el regreso del gusano barrenador se produce después de que el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) liderado por Musk, una iniciativa de la Casa Blanca de Donald Trump, recortó el año pasado la financiación del proyecto que monitoreaba y contenía a la plaga en Centroamérica.
Forbes explica que el recorte a la financiación coincidió con el fin de la suspensión temporal de las importaciones de ganado desde México, lo que permitió que el ganado cruzara la frontera sin ninguna de las vigilancias previamente financiadas por la Agencia de Desarrollo Internacional de EEUU (USAID).
El comisionado de Agricultura de Texas, Sid Miller, le dijo a NBC News: “Funcionarios agrícolas y líderes de la industria ganadera expresaron su alarma por los recortes en ese momento y, durante los últimos meses, suplicaron al gobierno que interviniera mientras monitoreaban las infecciones por gusanos que se desplazaban hacia el norte a través de México, pero fueron ignorados”.
En noviembre del año pasado, a ocho meses de que finalizara su mandato, el DOGE fue disuelto, poniendo fin a una iniciativa que en su momento fue lanzada con bombos y platillos como símbolo de la promesa de Trump de reducir el tamaño del gobierno, pero que, según los críticos, aportó pocos ahorros cuantificables.
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