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Esta pequeña araña llevaba años viviendo en Hermosillo hasta que los científicos descubrieron que era una especie nueva

Nueva Arana

Las nuevas especies aparecen donde menos lo esperas.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Cuando pensamos en descubrir una especie nueva, casi siempre imaginamos una expedición en una selva remota o una isla perdida donde nadie había puesto un pie. Lo último que esperaríamos es que el hallazgo ocurriera a unos cuantos kilómetros de una ciudad y eso fue exactamente lo que pasó en Hermosillo.

Un grupo de científicos mexicanos identificó una nueva especie de araña en el Cerro Altares, al sur de la ciudad. La bautizaron Filistatinella bacanora, un nombre que rinde homenaje a la bebida tradicional de Sonora, pero la historia no trata realmente sobre una pequeña araña, sino en responder la pregunta: ¿cómo es posible que una especie completamente nueva haya vivido durante años tan cerca de una ciudad sin que nadie supiera que existía?

La araña nunca estuvo escondida

Lo primero que hay que entender es que descubrir una especie nueva no significa encontrar un animal que jamás había sido visto. De hecho, es muy probable que esa araña ya hubiera sido observada antes por excursionistas, habitantes de la zona o incluso por otros investigadores, y la diferencia es que nadie había demostrado que pertenecía a una especie distinta.

Y ahí está una de las partes más fascinantes de la biología. Los científicos no solo descubren organismos porque aparecen en lugares desconocidos. Muchas veces descubren que un animal que parecía idéntico a otros tiene suficientes diferencias para demostrar que, en realidad, nunca había sido descrito por la ciencia.

En otras palabras, la araña nunca apareció de repente; siempre estuvo ahí. Lo único que cambió fue nuestra capacidad para reconocer que era diferente.

Tan pequeña que cualquiera podría pasar de largo

Parte de la explicación está en su tamaño. Filistatinella bacanora mide apenas 2.2 milímetros, así que resulta prácticamente imposible distinguirla sin conocimientos especializados.

Además, vive entre grietas, rocas y vegetación del Cerro Altares, un sitio donde abundan pequeños invertebrados que, para la mayoría de las personas, parecen exactamente iguales.

Pero para un taxónomo ocurre lo contrario. Pequeñas diferencias en la forma del cuerpo, la posición de los ojos o la estructura de los órganos reproductivos pueden marcar la diferencia entre una especie conocida y otra completamente nueva.

Por eso una araña diminuta puede pasar desapercibida durante años, aunque haya estado viviendo prácticamente frente a nosotros todo ese tiempo.

Descubrir una especie puede tomar años

Encontrar el primer ejemplar casi nunca representa el verdadero descubrimiento. De hecho, esa suele ser apenas la parte más rápida del trabajo.

Después vienen meses o incluso años de comparar ese organismo con colecciones científicas, revisar publicaciones especializadas de todo el mundo y analizar cada detalle bajo el microscopio para comprobar que realmente no existe otra especie igual.

Solo cuando toda esa evidencia coincide, los investigadores pueden afirmar que están frente a una especie nueva. Es decir, el descubrimiento no ocurre cuando alguien encuentra al animal, sino cuando la ciencia logra demostrar que todavía no tenía un nombre para él.

La pequeña araña también explica por qué México sigue descubriendo especies

Lo ocurrido en Hermosillo tampoco es una excepción. México forma parte del grupo de los 17 países megadiversos del planeta y concentra entre el 10 y el 12 % de todas las especies conocidas, a pesar de ocupar menos del 2 % de la superficie terrestre.

Esa enorme riqueza biológica tiene una consecuencia muy interesante: mientras más especies existen, mayores son las posibilidades de que todavía haya organismos esperando ser descritos por la ciencia.

Eso ocurre sobre todo con grupos pequeños como insectos, arañas, hongos y otros invertebrados. No porque vivan ocultos en lugares inaccesibles, sino porque distinguir una especie de otra puede requerir años de trabajo y diferencias tan pequeñas que pasan completamente desapercibidas para cualquiera que no sea especialista.

Las arañas lo demuestran mejor que nadie

Las arañas son uno de los mejores ejemplos de esa diversidad. De acuerdo con datos de la Semarnat, México alberga 1,759 especies endémicas de arañas, es decir, especies que no existen de forma natural en ninguna otra parte del mundo.

Cada nueva descripción no solo aumenta esa cifra. También ayuda a entender cómo evolucionan los ecosistemas, qué especies habitan cada región y cuáles podrían necesitar medidas especiales de conservación antes de que sea demasiado tarde.

La verdadera noticia no es la araña

A simple vista, esta historia parece tratar sobre un diminuto arácnido encontrado en un cerro de Sonora, pero en realidad habla de algo mucho más grande; nos recuerda que todavía conocemos menos de la naturaleza de lo que solemos creer

Durante años, miles de personas pasaron cerca del Cerro Altares convencidas de que ya conocían la fauna del lugar. Mientras tanto, Filistatinella bacanora seguía viviendo entre las rocas, exactamente donde siempre había estado.

Nunca apareció de la nada, nunca llegó recientemente al cerro, nunca estuvo escondida. Lo único que cambió fue que, por primera vez, alguien pudo demostrar que era una especie distinta.

Esa sería la parte más sorprendente: el próximo gran descubrimiento científico podría no estar esperando en una selva remota, sino en un sitio por el que cientos de personas pasan todos los días sin imaginar que, entre las piedras o la vegetación, vive un organismo que la ciencia todavía no ha terminado de conocer.

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