
Sandro tuvo que aprender a entrar voluntariamente en su propio transporte.
Un elefante de nombre Sandro pasó más de 40 años en el mismo zoológico, pero ahora, a sus 54 años, tuvo que recorrer 1,615 kilómetros para llegar a un lugar completamente diferente: un santuario para elefantes en Mato Grosso, Brasil. El viaje comenzó después de años de preparación y, antes de subir al transporte, Sandro tuvo que acostumbrarse durante varios días a una enorme caja diseñada para llevarlo de forma segura hasta su nuevo hogar.
El 18 de septiembre llegó finalmente al Santuario de Elefantes Brasil, en Chapada dos Guimarães. No era un traslado cualquiera: después de cuatro décadas en cautiverio, el objetivo era que pudiera pasar el resto de su vida en un espacio más amplio, con más posibilidades para explorar su entorno.
Antes de viajar tuvo que aprender a entrar en su propia caja
La operación comenzó varios días antes de que el camión saliera de Sorocaba. El 11 de septiembre, una caja de transporte especialmente preparada para Sandro fue colocada dentro de su recinto y, en lugar de obligarlo a entrar, los cuidadores utilizaron refuerzo positivo para que pudiera acercarse, explorarla y acostumbrarse a ella.
La idea era que entrara por voluntad propia. Y funcionó. Finalmente lo hizo y, el 16 de septiembre, comenzó el viaje hacia Mato Grosso. La caja fue colocada sobre un camión y el recorrido de poco más de 1,600 kilómetros se realizó durante aproximadamente dos días y medio.
Durante el trayecto, Sandro recibió alimento y agua mientras el equipo mantenía una vigilancia constante. Su dieta se mantuvo lo más parecida posible a la que tenía en Sorocaba, incluso utilizando algunos de los mismos proveedores.
Una vida que comenzó en un circo
Sandro no llegó al zoológico directamente desde la naturaleza. Según los registros del Santuario de Elefantes Brasil, fue capturado en Asia en 1971, cuando todavía era una cría. Ese mismo año llegó a un zoológico en Países Bajos y posteriormente viajó a Brasil con el circo Orlando Orfei.
Pasó aproximadamente una década en espectáculos itinerantes hasta que, en 1982, fue trasladado al Parque Zoológico Municipal Quinzinho de Barros, en Sorocaba. Allí permaneció durante 44 años.
En 1995 llegó Haisa, otra elefanta asiática que se convirtió en su compañera. Ambos compartieron espacio durante unos 25 años, hasta que Haisa murió en 2020, y después de su muerte, Sandro ya no tuvo otra elefanta asiática como compañera en el zoológico.
Su traslado al santuario fue durante años motivo de una disputa legal entre quienes defendían su permanencia en el zoológico y quienes buscaban llevarlo a un espacio especializado. Finalmente, la transferencia se realizó en septiembre de 2026.
Su nueva vida tampoco significa volver a la naturaleza
El Santuario de Elefantes Brasil no es un lugar para devolver a los animales a la naturaleza. Es un espacio de cuidado permanente donde los elefantes pueden moverse por áreas naturales, explorar diferentes terrenos y desarrollar actividades a su propio ritmo.
Sandro llegó el 18 de septiembre y comenzó su adaptación de manera gradual. Primero pasó por una evaluación veterinaria y después tuvo acceso a una zona preparada para recibirlo. La ampliación del área a la que puede acceder se realizará progresivamente, de acuerdo con su comportamiento y nivel de comodidad.
Y ese es uno de los detalles más curiosos de su llegada: apenas salió de la caja, Sandro tuvo contacto con tierra y barro, algo muy distinto a la rutina que había tenido durante décadas en el zoológico.
El santuario ya alberga otros elefantes asiáticos, aunque Sandro tendrá inicialmente un proceso de adaptación separado. La idea es que pueda acostumbrarse al nuevo entorno antes de ampliar gradualmente sus posibilidades de interacción y movimiento.
El viaje terminó, pero su adaptación apenas comienza
Para Sandro, los 1,615 kilómetros fueron solo una parte de un cambio mucho mayor. Durante 44 años, su rutina estuvo ligada al mismo zoológico de Sorocaba y ahora tendrá que familiarizarse con otro entorno, nuevos espacios, diferentes superficies y una dinámica distinta de cuidado.
La llegada al santuario tampoco borra las décadas anteriores, pero sí marca un cambio importante: después de pasar prácticamente toda su vida adulta en el mismo lugar, Sandro tiene por delante un entorno que todavía no conoce. Su primer viaje terminó en Mato Grosso; su adaptación, en cambio, apenas comienza.
Imágenes | Santuário de elefantes Brasil
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