Ya nos rendimos con detener las sequías, así que los científicos han hecho otra cosa: crear plantas que las sobrevivan

Samantha Guerrero

Editora Jr

La sequía se ha convertido en uno de los problemas más complejos del cambio climático. Y mientras encontrar una solución directa sigue siendo difícil, la ciencia está apostando por un enfoque distinto: no cambiar el clima, sino adaptar las plantas para sobrevivir con menos agua.

Un equipo del Instituto de Química-Física Blas Cabrera logró identificar algo clave: un código molecular mínimo que determina cómo las plantas perciben y responden al estrés hídrico. En otras palabras, el mecanismo que define cuándo una planta siente la falta de agua y cómo reacciona ante ella.

Cambiar las plantas en lugar del clima

Durante más de 10 mil años, la agricultura ha optimizado las plantas para producir más. El problema es que, en ese proceso, también las hizo más dependientes del agua y, por lo tanto, más vulnerables a la sequía. 

Ahora el enfoque está cambiando. En lugar de intentar resolver la sequía directamente, los científicos buscan modificar las reglas desde la biología de las plantas. No se trata de traer más agua, sino de necesitar menos para poder sobrevivir.

La clave está en un interruptor molecular

El hallazgo apunta a un mecanismo muy específico: la sensibilidad de las plantas al ácido abscísico, una hormona que activa sus defensas cuando hay escasez de agua. Pequeñas variaciones en ese interruptor molecular pueden hacer que una planta responda antes, de forma más eficiente o incluso constante. Esto quiere decir que no cambia la sequía, cambia la forma en que las plantas pueden enfrentarla.

Este avance abre una posibilidad distinta; en lugar de crear plantas genéticamente resistentes en general, se puede ajustar cuándo y cómo activan sus mecanismos de supervivencia. En la práctica, es como reprogramar un sistema de alertas internas: decidir en qué momento entra en modo ahorro de agua y cómo administra sus recursos.

En ese contexto, la Unión Europea acaba de dar un paso relevante al flexibilizar su postura frente a la edición genética. Por años, la regulación fue especialmente restrictiva, lo que limitó el desarrollo de estas tecnologías.

El verdadero problema: el tiempo

Aun con estos avances, el reto es enorme. Décadas de investigación no han logrado soluciones a gran escala, y muchas promesas se han quedado en el camino. La diferencia ahora no es solo la tecnología, sino de urgencia.

Con un clima cada vez más extremo, el margen para encontrar soluciones se reduce, y eso cambia por completo la presión sobre este tipo de desarrollos.

Puede que no se pueda evitar la sequía en el corto plazo. Pero sí se trata de un paso para empezar a entender cómo hacer que las plantas dependan menos del agua. Y en ese cambio de enfoque, la pregunta deja de ser cómo traer más agua y pasa a ser qué tan lejos podemos llegar sin ella.

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