El Sahara está devorando pueblos enteros: África lleva casi 20 años combatiéndolo con una muralla verde de 8,000 kilómetros

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El plan de la Unión Africana involucra a 11 países y tiene una ambiciosa meta fijada para 2030

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

En el norte de Nigeria, una franja de 10,000 árboles plantados a lo largo de seis kilómetros lleva casi dos décadas con un rol indispensable: proteger a una comunidad entera de los violentos vientos cargados de polvo que año con año azotan cosechas y viviendas. Esta barrera local es apenas una pequeña pieza de un plan monumental diseñado para cruzar África de costa a costa.

Impulsada en 2007, la Gran Muralla Verde africana nació con un propósito gigantesco: levantar un cinturón vegetal de unos 8,000 kilómetros entre Senegal y Yibuti para contener el avance del desierto en el Sahel. Sin embargo, con el tiempo la iniciativa entendió que sembrar árboles en masa no bastaba.

El plan respaldado por la Unión Africana involucra a 11 países y tiene una ambiciosa meta fijada para 2030: recuperar 100 millones de hectáreas de suelo degradado, capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar 10 millones de empleos verdes. Para lograrlo, el proyecto cambió de estrategia hacia la restauración de suelos, la conservación de agua, la ganadería y agricultura sustentables y el rescate de la vegetación nativa.

Este cambio tiene toda la lógica: plantar millones de árboles en una de las regiones más secas del mundo no asegura que sobrevivan. Por eso, en diversas zonas se está aplicando la regeneración natural asistida, una técnica basada en proteger, podar y estimular el desarrollo de árboles y arbustos que ya existen en el terreno. Aunque resulta menos llamativa que una siembra masiva, se adapta de forma mucho más efectiva al ecosistema local.

De acuerdo con El País en noviembre pasado, el avance general del proyecto rondaba el 30% rumbo a 2030, con marcadas diferencias entre naciones: Nigeria asegura haber producido más de 45 millones de plántulas y recuperado cerca de 12,000 hectáreas entre 2015 y 2024, mientras que estudios satelitales en Senegal muestran avances bastante discretos en buena parte del terreno analizado.

No obstante, la falta de recursos económicos es uno de los principales obstáculos para cumplir con el calendario. En 2021 se anunciaron 19,000 millones de dólares en compromisos internacionales, pero tanto la ONU como la Agencia Panafricana advierten que prometer presupuesto no garantiza que los fondos estén listos ni que puedan ejercerse con rapidez. De hecho, se calcula que se necesitarían al menos 33,000 millones de dólares para alcanzar la meta.

A este desafío se suma un problema aún más difícil: la violencia y la inestabilidad en la región. Varias de las zonas con mayor potencial para restaurar tierras atraviesan conflictos armados, terrorismo y secuestros. En Nigeria, por ejemplo, brigadas del proyecto han tenido que suspender actividades debido a que los técnicos no pueden trasladarse de forma segura. En resumen: la mitad de las tierras a restaurar son demasiado peligrosas para intervenir.

A su vez, una investigación encabezada por el economista agrícola Alisher Mirzabaev dividió el Sahel en 40 millones de parcelas de 25 hectáreas para calcular qué método de recuperación resultaba más redituable en cada punto geográfico. El equipo analizó con precisión desde la producción de agua y alimentos hasta la contención de la erosión, la mejora del clima local y el rendimiento agrícola.

En uno de los escenarios evaluados, cada euro invertido generaría un retorno neto promedio de 20 centavos. El dilema radica en que las alternativas más rentables a corto plazo no siempre garantizan los mayores beneficios ambientales a futuro: transformar suelo degradado en parcelas de cultivo produce alimentos de manera rápida, mientras que reforestar ecosistemas nativos exige periodos mucho más prolongados.

La gran lección para África es que la Gran Muralla Verde no tiene por qué ser una simple e interminable hilera de árboles cruzando el continente. El verdadero éxito se definirá por un impacto que va más allá de las fotos satelitales: lograr que las tierras dañadas vuelvan a producir, que las comunidades locales puedan vivir de ellas y que la vegetación subsista. Al final, esta muralla no se levanta solo con árboles, sino recuperando el territorio.

Imágenes | Flickr

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