
Un comienzo pequeño para recuperar una especie que había desaparecido de buena parte del norte de México.
En 2009, México soltó 23 bisontes americanos en Chihuahua con una idea que, de entrada, parecía bastante sencilla: recuperar una especie que había desaparecido de buena parte de sus antiguos territorios en el norte del país. Quince años después, aquellos 23 animales ya eran casi 500 en la Reserva de la Biosfera Janos y el Rancho El Uno, pero ahí es donde la historia se pone interesante.
La manada no se quedó en Chihuahua. Algunos de sus ejemplares comenzaron a viajar a otros estados para formar nuevas poblaciones de conservación. En 2025, 44 bisontes fueron trasladados a Cuatro Ciénegas, Coahuila. En febrero de 2026, otros 29 viajaron desde Janos hasta Sonora y, apenas unos meses después, una de las hembras de esa nueva manada tuvo una cría.
Así que el proyecto dejó de ser simplemente "volver a traer bisontes". Ahora se trata de algo mucho más ambicioso: conseguir que una población recuperada pueda convertirse en el origen de otras.
El bisonte alguna vez dominó las planicies del norte de México
Hoy puede resultar extraño imaginarlo, pero el bisonte americano (Bison bison) alguna vez formó parte de los grandes pastizales que se extendían por México, Estados Unidos y Canadá. En México, su distribución histórica incluía territorios de Chihuahua, Sonora, Coahuila, Nuevo León y Durango.
Pero durante el siglo XIX todo cambió. La cacería masiva redujo las poblaciones de bisontes en Norteamérica hasta llevarlas al borde de la desaparición. Según datos de la Conanp, señala que la especie fue extirpada de buena parte de su distribución mexicana durante la segunda mitad de ese siglo.
La magnitud de la caída resulta difícil de imaginar. Hace alrededor de 200 años había decenas de millones de bisontes en Norteamérica, y para finales del siglo XIX quedaban apenas unos cientos o poco más de mil, y no se perdió únicamente un animal. Con los bisontes también desapareció una pieza importante del funcionamiento de los pastizales.
Janos conservó algo que parecía perdido
Aunque el bisonte desapareció de buena parte de su antiguo territorio mexicano, en Janos, Chihuahua, todavía se detectó una pequeña población silvestre a principios de la década de 1990. Eso convirtió a la región en un lugar especialmente importante para intentar recuperar la especie.
Janos conserva algunos de los últimos grandes pastizales naturales del norte de México. La Reserva de la Biosfera protege alrededor de 526,482 hectáreas y es hogar de una gran diversidad de especies.
Ahí también está el Rancho El Uno, un predio de unas 18,546 hectáreas que durante años estuvo dedicado a la ganadería tradicional y que después comenzó una transición hacia la conservación y la ganadería regenerativa.
Había pastizales, había espacio y, sobre todo, todavía había una pequeña población silvestre que demostraba que el bisonte podía sobrevivir en ese paisaje, solo faltaba dar el siguiente paso.
De 23 bisontes a casi 500
En noviembre de 2009, 23 bisontes genéticamente puros provenientes del Parque Nacional Wind Cave, en Dakota del Sur, fueron reintroducidos en el Rancho El Uno. La idea no era simplemente llenar de animales un espacio vacío. El objetivo era establecer una población reproductiva y recuperar al bisonte en parte de su territorio histórico.
Pero antes había que demostrar algo mucho más básico: que los bisontes podían sobrevivir y reproducirse en Janos, y eso fue exactamente lo que ocurrió. Para 2017, la Conanp ya reportaba 123 bisontes en la población de Janos después del nacimiento de nuevas crías y, un año después, la manada rondaba los 230 ejemplares, según el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza.
Para finales de 2025, la población de Janos y Rancho El Uno ya rondaba entre 460 y 500 bisontes, de acuerdo con información publicada por La Jornada. El salto es enorme: de aquellos 23 animales originales a una población que ahora ronda los 500.
Pero el número, por sí solo, no cuenta toda la historia; lo verdaderamente importante es lo que ocurrió cuando la población empezó a crecer.
Un bisonte no solo come pasto: también modifica el lugar donde vive
A simple vista, un bisonte podría parecer simplemente un animal enorme caminando por una pradera, pero mientras come, pisa el suelo y se desplaza en manada, también modifica el ecosistema.
Los bisontes pueden cambiar la vegetación, redistribuir nutrientes y favorecer la dispersión de semillas. Sus pisadas también pueden ayudar a mejorar la infiltración del agua en el suelo. De acuerdo con información sobre el proyecto de Janos, estas actividades generan microhábitats que pueden beneficiar a otras especies y ayudan a mantener procesos importantes de los pastizales.
Por eso, en conservación, el bisonte es considerado una especie capaz de funcionar como "ingeniera del ecosistema". Su recuperación no consiste únicamente en tener más bisontes. La idea es recuperar también algunas de las funciones ecológicas que desaparecieron cuando ellos dejaron de estar, y aquí es donde Janos empezó a jugar otro papel.
Janos dejó de ser el destino y se convirtió en el punto de partida
Cuando la población creció, ya no era necesario pensar únicamente en conservarla dentro de Chihuahua. Los animales podían convertirse en una fuente para recuperar otras zonas.
En 2020, 19 bisontes fueron trasladados desde Janos hasta Coahuila, donde se estableció una nueva población de conservación en las Áreas de Protección de Flora y Fauna Maderas del Carmen y Ocampo.
Janos ya no era solamente el lugar donde los bisontes estaban regresando. Ahora también podía ser el lugar desde donde México empezara a recuperarlos en otros territorios.
En 2025 llegaron otros 44 a Cuatro Ciénegas
El siguiente paso ocurrió en Coahuila. En noviembre de 2025, 44 bisontes fueron reintroducidos en la Reserva Ecológica El Santuario, cerca de Cuatro Ciénegas. El grupo estaba formado por 38 hembras y seis machos con la intención de no crear una atracción turística.
El proyecto busca que la presencia de los bisontes contribuya a la restauración del ecosistema, incluyendo procesos relacionados con el suelo, la infiltración del agua de lluvia y la recuperación de interacciones ecológicas. La lógica vuelve a ser la misma: recuperar al animal para ayudar a recuperar el paisaje.
Janos vuelve a ser el principal
En febrero de 2026 ocurrió algo parecido, pero esta vez con destino a Sonora. La Conanp trasladó 29 bisontes desde el Rancho El Uno, en la Reserva de la Biosfera Janos, hasta el Rancho Los Ojos Calientes, en Sonora. El grupo estaba formado por 19 hembras y 10 machos.
El objetivo era establecer una nueva población de conservación y fortalecer la recuperación de la especie en el norte de México y entonces llegó una señal que, para un proyecto de este tipo, vale mucho más que una fotografía de los animales recién llegados.
En abril de 2026 nació una cría. La pequeña hembra nació el 28 de abril, apenas unos meses después del traslado de los 29 bisontes desde Janos. El nacimiento ocurrió sin intervención humana, aunque bajo monitoreo a distancia, y eso cambia la historia: Ya no se trata solamente de trasladar animales de un sitio a otro, sino que la nueva población en Sonora ya está comenzando a reproducirse.
La diferencia entre reintroducir animales y recuperar una población
Aquí está uno de los puntos más importantes del proyecto. Si cada nueva población necesitara recibir constantemente bisontes procedentes de otra región, la recuperación seguiría dependiendo de nuevos traslados.
Pero si los animales llegan a un sitio, sobreviven, tienen crías y comienzan a formar una población capaz de crecer por sí misma, la estrategia cambia por completo. Eso fue lo que ocurrió primero en Janos y ahora empieza a ocurrir en Sonora.
Los 23 animales originales ya no son simplemente 23. Su descendencia ayudó a construir una población cercana a los 500 ejemplares y algunos de esos animales ya sirvieron para iniciar nuevas poblaciones. Es una especie de efecto dominó de conservación: una población recuperada puede ayudar a recuperar otra.
México todavía está lejos de recuperar al bisonte
Eso no significa que el trabajo esté terminado. México todavía está lejos de recuperar al bisonte en todo su territorio histórico. Las poblaciones actuales siguen siendo pequeñas si se comparan con las enormes manadas que alguna vez recorrieron Norteamérica.
Además, mantener esta recuperación requiere mucho más que contar bisontes. Hace falta conservar grandes extensiones de pastizal, mantener la diversidad genética, asegurar alimento y agua y permitir que los animales tengan suficiente espacio para desplazarse.
La Conanp plantea precisamente la necesidad de establecer distintas poblaciones de conservación y fortalecer la conectividad entre ellas. El objetivo no es terminar con una sola manada de cientos de animales, sino conseguir que existan varias poblaciones saludables y capaces de mantenerse por sí mismas.
Janos demuestra por qué conservar un territorio importa tanto
El éxito de los bisontes tampoco puede separarse de la protección de Janos. La Reserva de la Biosfera fue decretada en 2009 y protege más de medio millón de hectáreas de territorio. En esa superficie viven bisontes, perritos de las praderas, berrendos, aves migratorias y muchas otras especies.
El bisonte necesita ese paisaje para sobrevivir, pero el paisaje también puede beneficiarse de la presencia del bisonte. Es una relación de ida y vuelta, por eso recuperar una especie grande puede terminar ayudando a proteger un ecosistema mucho más amplio.
De 23 bisontes a una nueva generación en Sonora
La historia comenzó con una cifra que parecía demasiado pequeña: 23 bisontes que llegaron a Janos en 2009; después fueron 123, luego 230 y para 2025, la población ya rondaba los 500. Mientras la manada crecía, algunos de sus ejemplares comenzaron a viajar a otros estados: 19 a Coahuila en 2020, 44 a Cuatro Ciénegas en 2025 y 29 a Sonora en 2026.
Ahora, una de esas nuevas poblaciones ya tiene una cría y quizá eso sea más importante que cualquier cifra de la manada original. Porque demuestra que el proyecto está dejando de depender únicamente de los animales que fueron trasladados desde Estados Unidos.
México comenzó con una pequeña población; esa población creció y después algunos de sus ejemplares empezaron a servir para recuperar otros territorios. Ahora esos nuevos grupos también empiezan a reproducirse.
El bisonte no está simplemente regresando a México. Está empezando a reconstruir su presencia por sí mismo. Esa puede ser la verdadera medida del éxito de Janos: no que 23 bisontes hayan sobrevivido, sino que su descendencia ya está ayudando a que una especie que desapareció de buena parte del norte del país vuelva a ocupar algunos de sus antiguos territorios.
Hace más de un siglo, México perdió buena parte de sus bisontes. En 2009, 23 volvieron a Chihuahua y hoy son casi 500 en Janos y algunos de sus descendientes ya caminan por otros estados: La recuperación empezó con una pequeña manada y ahora México intenta convertirla en muchas.
Imágenes | Pexels, CONANP, Gobierno de México
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