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Carlos Slim, dueño de Telcel y Telmex: "La pobreza no se elimina con bienestar social, se elimina con empleo"

Slim Pobreza

La frase de Carlos Slim sobre empleo y pobreza sigue cobrando relevancia.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Hay frases que el tiempo simplemente se niega a dejar atrás. Una de ellas pertenece a Carlos Slim: "La pobreza no se elimina con bienestar social. La pobreza se elimina con empleo". La pronunció el 13 de octubre de 2010 y, casi 16 años después, sigue apareciendo cada vez que en México vuelve a discutirse cómo reducir la pobreza.

En aquel momento, el empresario sostenía que la asistencia social podía aliviar necesidades inmediatas, pero que la única forma de sacar de manera permanente a una persona de la pobreza era mediante un empleo productivo. Era una postura que generó debate entonces y que, con el paso del tiempo, no ha dejado de hacerlo.

Han pasado casi 16 años y México ya no se parece al de 2010. Hubo nuevos gobiernos, aumentos históricos al salario mínimo, una pandemia que transformó por completo la economía y una expansión importante de los programas sociales. Aun así, la pregunta sigue sobre la mesa: ¿el tiempo terminó dándole la razón a Carlos Slim?

La idea de Slim iba más allá de conseguir un trabajo

Durante aquella intervención, Slim explicó que si la pobreza pudiera resolverse únicamente entregando dinero, él mismo lo haría "con todo gusto". Sin embargo, insistió en que la solución de fondo consistía en crear empleos, invertir en infraestructura, fortalecer la educación, mejorar los servicios de salud y elevar la productividad para que las personas generaran ingresos de forma permanente.

En otras palabras, no proponía eliminar los programas sociales. Lo que planteaba era que, por sí solos, difícilmente podrían resolver un problema estructural como la pobreza.

Desde entonces pasó de todo

Cuando Slim hizo esa declaración, México todavía resentía los efectos de la crisis financiera internacional de 2008. El salario mínimo rondaba los 57 pesos diarios, el empleo formal enfrentaba mayores dificultades y los programas sociales tenían un alcance muy distinto al actual.

Con el paso de los años ocurrieron cambios importantes. El salario mínimo registró los incrementos más significativos en décadas, el número de trabajadores afiliados al IMSS alcanzó niveles históricos y la cobertura de distintos programas sociales creció de forma considerable.

A ese panorama se sumó un hecho que nadie podía anticipar en 2010: la pandemia de COVID-19. La emergencia sanitaria alteró el mercado laboral, incrementó temporalmente la pobreza y obligó a replantear muchas políticas económicas y sociales.

Los datos muestran avances, pero la historia no termina ahí

Hasta aquí, todo parece apuntar a que la combinación de crecimiento del empleo, recuperación económica y mayores ingresos laborales produjo resultados. De acuerdo con el CONEVAL, entre 2020 y 2022 la población en situación de pobreza pasó de 43.9% a 36.3%. Eso significa que alrededor de 8.9 millones de personas dejaron esa condición entre ambas mediciones.

El mercado laboral también registró avances. Durante el primer trimestre de 2026, la pobreza laboral, el porcentaje de personas cuyo ingreso por trabajo no alcanza para adquirir la canasta alimentaria, descendió a 30.7%, el nivel más bajo desde que comenzó a medirse este indicador en 2005.

Al mismo tiempo, el ingreso laboral real continuó creciendo y el empleo formal mantuvo una tendencia positiva. Hasta ese punto, las cifras parecen respaldar parte de la idea planteada por Slim hace casi dos décadas.

Pero hay un detalle que cambia la conversación

Aquí es donde la historia se vuelve un poco más compleja. Porque trabajar y salir de la pobreza no siempre son la misma cosa. Los indicadores del CONEVAL muestran que durante 2024 un trabajador formal percibía en promedio 10,280 pesos mensuales, mientras que un trabajador en la informalidad obtenía alrededor de 5,051 pesos, prácticamente la mitad.

Además, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) indica que alrededor del 54% de la población ocupada continúa trabajando en condiciones de informalidad. Eso representa más de 32 millones de personas sin acceso pleno a seguridad social, prestaciones laborales o mecanismos de protección.

Visto así, el debate cambia por completo. No basta con tener un empleo; la calidad de ese empleo también determina si una familia puede mejorar realmente sus condiciones de vida.

Lo que dicen los especialistas en la actualidad

Aquí es donde entran los organismos internacionales. Instituciones como el Banco Mundial, la CEPAL y la OCDE coinciden en que el empleo formal sigue siendo una de las herramientas más eficaces para reducir la pobreza de manera sostenible, ya que genera ingresos permanentes, acceso a seguridad social y mayores oportunidades para las familias.

Pero esos mismos organismos también sostienen que las políticas de protección social cumplen un papel indispensable para quienes no pueden incorporarse al mercado laboral o enfrentan condiciones de alta vulnerabilidad. La respuesta, por lo tanto, no parece estar en elegir una estrategia y descartar la otra. Más bien, ambas cumplen funciones distintas y pueden complementarse.

Una frase que sigue encontrando eco

Quizá por eso aquella declaración de Carlos Slim continúa circulando casi 16 años después. No porque exista una respuesta definitiva, sino porque los datos permiten sostener varias ideas al mismo tiempo

México redujo la pobreza respecto a los años posteriores a la pandemia, fortaleció distintos indicadores laborales y elevó el salario mínimo como pocas veces en su historia reciente. Pero también es cierto que, según la medición más reciente del CONEVAL, 46.8 millones de personas seguían viviendo en situación de pobreza y que más de la mitad de la población ocupada continúa trabajando en la informalidad.

En otras palabras, el debate nunca terminó; simplemente se volvió más complejo. Hoy las cifras muestran que el empleo formal sigue siendo una de las principales vías para generar ingresos sostenibles, mientras que las políticas de bienestar ayudan a proteger a quienes todavía no pueden acceder a esas oportunidades.

Slim, más que ofrecer una respuesta absoluta, abrió una conversación que casi dos décadas después sigue alimentándose con nuevos datos, nuevas políticas públicas y la misma pregunta de fondo: cómo construir un país donde menos personas tengan que vivir en pobreza.

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