Nuevos estudios sobre productividad laboral muestran que empleados que se sienten valorados tienen mejor desempeño y menos ausencias.
Durante años, las empresas apostaron por métricas, automatización y productividad extrema para mejorar resultados. Ahora, varias investigaciones académicas apuntan a una conclusión mucho más humana: cuando los trabajadores se sienten reconocidos y valorados, trabajan mejor, faltan menos y permanecen más tiempo en sus empleos.
Un resumen publicado por Harvard Business Review reunió recientemente distintos estudios sobre liderazgo, productividad y gestión de empleados que muestran cómo pequeños gestos, desde capacitación hasta reconocimiento cotidiano, pueden tener efectos medibles en el desempeño laboral.
Uno de los hallazgos más llamativos proviene de una investigación analizada por HBR y desarrollada por los economistas Miguel Espinosa y Christopher T. Stanton para el National Bureau of Economic Research. El estudio siguió a trabajadores de una agencia gubernamental colombiana donde 12% de los empleados recibió 120 horas de capacitación en análisis jurídico, redacción, administración del tiempo y herramientas digitales.
Capacitar empleados no solo mejora empleados: también libera a los jefes
La investigación encontró que, entre cuatro y seis meses después del entrenamiento, la productividad de los trabajadores capacitados aumentó aproximadamente un 10%. Pero el efecto más importante apareció en otro nivel, los empleados comenzaron a depender menos de sus supervisores.
Según el estudio, los trabajadores entrenados enviaron menos solicitudes y correos a sus gerentes, lo que permitió que estos dedicaran más tiempo a tareas estratégicas. Los investigadores calcularon que esos “efectos secundarios” representaron cerca del 45% del beneficio total del programa de capacitación. En otras palabras, formar empleados más autónomos también mejora el trabajo de quienes están arriba en la cadena organizacional.
La conclusión coincide con otro de los puntos destacados por Harvard Business Review, las empresas suelen medir la capacitación únicamente por el rendimiento individual, cuando parte del valor real aparece en cómo reduce la carga operativa de los mandos medios y directivos.
Incluso un regalo de cumpleaños tardío puede afectar la productividad
Otra investigación citada por HBR, publicada en PNAS, encontró que pequeños gestos negativos pueden tener consecuencias reales en el desempeño laboral. El estudio, encabezado por Michal Hodor, Liat Eldor y Peter Cappelli, analizó a 8,722 empleados de una cadena minorista nacional en Israel. La empresa tenía una política simple, cada trabajador recibía un regalo y una tarjeta de cumpleaños entregados personalmente por su gerente.
Cuando el regalo llegaba tarde, aunque fuera por descuido y no por mala intención, los empleados reaccionaban. La investigación encontró un aumento de más del 50% en ausencias por enfermedad y una reducción promedio de más de dos horas trabajadas al mes. Los autores concluyeron que incluso pequeñas señales de desatención pueden hacer que los trabajadores se sientan infravalorados, afectando su motivación y productividad. La idea no es nueva, pero sí cada vez más medible: la cultura laboral y las relaciones humanas tienen impacto económico.
Los sistemas de reconocimiento también tienen límites
Otra investigación, titulada Networks of Gratitude: Structures of Thanks and User Expectations in Workplace Appreciation Systems, analizó más de 422,000 mensajes de agradecimiento enviados en plataformas corporativas de reconocimiento laboral.
El estudio encontró que estos sistemas ayudan a visibilizar trabajo que normalmente pasa desapercibido, especialmente entre compañeros del mismo nivel jerárquico. Sin embargo, también detectó un problema: los empleados esperan que los gerentes tomen en cuenta ese reconocimiento en evaluaciones y promociones, algo que no siempre sucede.
Es decir, agradecer funciona, pero solo cuando la organización respalda ese reconocimiento con acciones concretas.
Poner demasiadas metas también puede salir mal
Harvard Business Review también destacó una investigación publicada en el Journal of Consumer Research que encontró un efecto inesperado de las metas numéricas. El estudio descubrió que las personas que establecen objetivos demasiado específicos tienden a aferrarse más a su método inicial, incluso cuando aparece una alternativa mejor.
Según los investigadores, fijar metas puede generar una especie de “inercia mental”, si algo parece funcionar para acercarse al objetivo, las personas son menos propensas a cambiar de estrategia aunque exista una opción más eficiente. Para las empresas, esto implica que medir productividad únicamente mediante indicadores rígidos también puede limitar la capacidad de adaptación de los equipos.
Al final, todas estas investigaciones parecen apuntar a la misma conclusión: las empresas están redescubriendo algo que durante años quedó relegado frente a dashboards y KPIs. Los trabajadores no solo responden a salarios y objetivos; también reaccionan a reconocimiento, respeto y sensación de pertenencia.
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