
Este invento podría ayudar a desplazar a las baterías de litio, que son mucho más costosas de extraer.
Aunque las baterías de litio han dominado la tecnología, estas sufren dos grandes limitaciones: son costosas y dependen de minerales escasos, además de que sufren riesgo de sobrecalentamiento. En cambio, el sodio es abundante, barato y ecológico, lo que lo convierte en el mejor candidatos para almacenar energía a gran escala.
No obstante, estas no están exentas de problemas: la baterías de sodio metálico utilizan electrolitos líquidos inflamables que las degradan con rapidez. Para solucionarlo, en 2025 científicos australianos desarrollaron un nuevo material para baterías de sodio metálico que las acerca a su aplicación comercial en el almacenamiento masivo de energía renovable.
Se trata de un copolímero fluorado desarrollado por el equipo del Instituto Australiano de Bioingeniería y Nanotecnología de la Universidad de Queensland. Este elemento es similar al plástico y su característica es que puede formar túneles internos lo suficientemente anchos para permitir que los iones de sodio fluyan a una velocidad comparable a las de las baterías de litio.
De acuerdo con la investigación publicada en Journal of the American Chemical Society, la batería fue sometida a pruebas realizadas a 80°C. Durante los experimentos, la batería duró más de 5,000 horas y conservó más del 91% de su capacidad original después de 1,000 ciclos de carga.
Cheng Zhang, líder del equipo, explicó en un comunicado que este tipo de rendimiento a largo plazo es esencial para el almacenamiento de energía a nivel de red y añadió que "nos acerca a un futuro con mayor dependencia de las energías renovables". No obstante, reconoció que aún no se ha llegado a ese punto.
¿Llegará al mercado pronto?
Para Zhang, el éxito del proyecto refleja el poder de combinar la investigación académica con la experiencia práctica en la industria, y un gran ejemplo es Zhou Chen, estudiante de doctorado que colaboró en el proyecto. Y es que, según Zhang, su experiencia tanto en modelado computacional como en ingeniería práctica (obtenida gracias a su paso por BYD), "aportó una perspectiva única a este desafío".
A pesar de su excelente desempeño en pruebas de laboratorio, los autores del estudio señalan que antes de comercializar este material se debe optimizar su conductividad a temperatura ambiente. Una vez superado este escalón técnico, las baterías de sodio metálico estarán listas para dar el salto industrial, ofreciendo una red eléctrica más limpia, barata y segura a nivel global.
Imagen | Boyard.
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