Chrysalis: la nave espacial que busca llevar 1,000 humanos a miles de millones de kilómetros de distancia

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

Viajar al espacio exterior a bordo de una nave para que la humanidad alcance otro planeta y pueda habitarlo es una de las ideas más recurrentes en la ciencia ficción. WALL-E es un ejemplo perfecto. Llevar ese concepto a la práctica es mucho más complejo, pero los primeros planteamientos ya están sobre la mesa. Su nombre es Chrysalis.

En 2024, el Concurso de Diseño del Proyecto Hyperion convocó a científicos, ingenieros y arquitectos para desarrollar el concepto de una nave espacial destinada a viajes interestelares de larga duración. La propuesta seleccionada fue aquella diseñada para transportar a 1,000 personas en un trayecto de 39 mil millones de kilómetros durante 400 años.

De acuerdo con Discover Magazine, entre las características de Chrysalis destacan su forma cilíndrica de 58 kilómetros de longitud y un peso de 2,400 millones de toneladas. Su objetivo es transportar a miles de personas y que éstas se reproduzcan hasta que llegar al exoplaneta más cercano a la Tierra potencialmente habitable: Próxima Centauri b.

Además su diseño se divide en capas con distintas funciones. Una dedicada a la producción de alimentos por medio de campos de cultivo, así como preservación de ecosistemas boreales y tropicales. Otra sería el espacio común donde habitarían los tripulantes. Las dos siguientes estarían destinadas para ser almacenes donde se resguarde la maquinaria necesaria para el sustento y mantenimiento. 

Pero ¿qué requerimientos se necesitan para hacerla funcionar? De acuerdo con un video de NASA Space News, la Chrysalis contaría con un sistema de cilindros rotativos que provoquen una fuerza centrífuga capaz de imitar un 90% de la gravedad terrestre. Sumado a ello, su sistema de fusión nuclear basado en isótopos de helio y deuterio sería aquel que se encargue de la propulsión. 

En papel, todo suena utópico, aunque no es tan sencillo poner el plan en marcha. El problema es que en nuestros días aún no se ha desarrollado un reactor de fusión compacto y operativo apto para una nave espacial. Asimismo, existen requerimientos como sistemas de blindaje capaces de filtrar los rayos cósmicos durante siglos. Avances tecnológicos que no contamos al día de hoy. 

Sumado a ello, también se encuentra la misma complejidad de lanzar una colosal nave al espacio exterior. Y si bien ya existen procesos de reciclaje de agua y experimentos de agricultura en órbita, no se ha logrado que un sistema así funcione durante décadas, mucho menos siglos. Por lo tanto, se puede especular que en algún punto estas herramientas lleguen y se de luz verde a Chrysalis, pero se desconoce hasta cuándo.  

Para colmo, aparte de los desafíos técnicos, surge el debate ético. Para empezar, ¿cómo serían seleccionadas las 1,000 personas que viajarían? Esto pone en vilo los parámetros para decidir quiénes se marchan en busca de una vida mejor y quiénes se quedan en la Tierra para sobrevivir. Y claro, la cuestión sobre cómo explicar a los descendientes que se encuentran en medio de un viaje sin retorno que jamás eligieron.

Por ahora, todo es teoría. Sin embargo, representa un proyecto que, en el futuro, podría convertirse en la única salida posible para la supervivencia humana.

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