
El hallazgo acerca a los expertos a responder cómo comenzó la vida.
Cuando pensamos en el origen de la vida, casi siempre imaginamos la Tierra con volcanes, océanos primitivos y millones de años de reacciones químicas que poco a poco dieron forma a los primeros organismos. Pero hay otra posibilidad que los científicos llevan décadas explorando: ¿y si parte de esa historia hubiera empezado mucho antes de que existiera nuestro planeta?
Esa es la pregunta que vuelve especialmente relevante un descubrimiento encabezado por investigadores del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC/INTA). Por primera vez lograron detectar eritrulosa, una molécula de azúcar, en una nube del espacio interestelar cercana al centro de la Vía Láctea.
No significa que hayan encontrado vida extraterrestre. Lo interesante es otra cosa: algunos de los ingredientes necesarios para construir la vida podrían haberse formado mucho antes de que existieran la Tierra o cualquier otro planeta.
Lo importante no es el azúcar, sino dónde apareció
A primera vista podría parecer un descubrimiento menor: encontrar una molécula de azúcar en el espacio. Pero para los astrobiólogos ocurre exactamente lo contrario. Lo verdaderamente importante no es la molécula, sino el lugar donde apareció.
Los científicos ya habían encontrado compuestos orgánicos en meteoritos y alrededor de estrellas jóvenes. Esta vez ocurrió algo distinto: la eritrulosa apareció en el medio interestelar, la enorme nube de gas y polvo que existe entre las estrellas y donde nacen nuevos sistemas planetarios.
En otras palabras, no estaba sobre un planeta, un cometa o un asteroide. Estaba flotando entre las estrellas mucho antes de que existiera un mundo como la Tierra. Y ese detalle cambia por completo la historia.
Si una molécula relativamente compleja como la eritrulosa puede formarse en estas regiones del universo, entonces la química necesaria para construir compuestos biológicos podría comenzar incluso antes de que nazcan los planetas.
¿Cómo encontraron azúcar a miles de años luz?
Lo curioso es que nadie "vio" directamente la molécula. El equipo utilizó el radiotelescopio Yebes de 40 metros, en Guadalajara, España, para estudiar la radiación emitida por una nube molecular cercana al centro de la galaxia.
Cada molécula interactúa con las ondas de radio de una forma distinta y deja una especie de huella única. Al comparar esas señales con mediciones obtenidas en laboratorio, los investigadores pudieron confirmar la presencia de eritrulosa sin necesidad de recoger una muestra física.
Es una técnica que la astroquímica lleva décadas utilizando para identificar los compuestos que existen entre las estrellas.
Una pieza más para entender cómo comenzó la vida
La eritrulosa no es importante porque alguien pueda consumirla. Lo es porque pertenece a una familia de azúcares que podría participar en la formación de moléculas mucho más complejas. Además, se trata de una tetrosa, es decir, un azúcar formado por cuatro átomos de carbono.
Aunque pueda parecer un detalle técnico, este tipo de compuestos interesa especialmente a los astrobiólogos porque puede intervenir en reacciones químicas que, bajo las condiciones adecuadas, generan moléculas cada vez más complejas.
Los investigadores explican que este compuesto puede intervenir en reacciones capaces de producir otros azúcares relacionados con los ácidos nucleicos, las moléculas que hoy almacenan y transmiten la información genética de todos los seres vivos.
Encontrarla no demuestra que exista vida fuera de la Tierra. Lo que sí demuestra es que el universo parece capaz de fabricar por sí solo algunos de los ladrillos químicos que, con el tiempo, podrían dar origen a estructuras biológicas.
La receta pudo comenzar mucho antes que la Tierra
Una de las hipótesis más conocidas de la astrobiología plantea que nuestro planeta no tuvo que fabricar todos los ingredientes de la vida desde cero. Mientras el Sistema Solar se formaba hace unos 4,500 millones de años, asteroides y cometas transportaban agua, carbono y distintas moléculas orgánicas.
Si también llevaban azúcares como la eritrulosa, entonces parte de la química necesaria para que surgiera la vida pudo llegar desde el espacio y mezclarse con los procesos que ya ocurrían en la Tierra primitiva.
Es decir, la historia quizá no empezó únicamente aquí. Tal vez el universo llevaba preparando algunos de sus ingredientes desde mucho antes.
El universo ya había dejado varias pistas
En realidad, este descubrimiento no apareció de la nada. Durante las últimas décadas, los astrónomos han detectado alcoholes, hidrocarburos, metanol, amoníaco, agua y decenas de moléculas orgánicas complejas en distintas regiones del espacio.
Incluso en 2012 encontraron glicolaldehído, otro azúcar sencillo, alrededor de una protoestrella. La diferencia ahora es que la eritrulosa apareció directamente en una nube interestelar, ampliando el catálogo de compuestos que pueden existir incluso antes del nacimiento de nuevas estrellas y planetas.
Cada nueva molécula ayuda a reconstruir la receta química del universo. Y cada ingrediente descubierto acerca un poco más a los científicos a entender cómo pudo surgir la vida.
¿Por qué buscaban precisamente ahí?
La respuesta está en el lugar del hallazgo. La eritrulosa fue detectada en una nube molecular cercana al centro de la Vía Láctea, una de las regiones químicamente más activas de nuestra galaxia.
Estas enormes concentraciones de gas y polvo funcionan como auténticas fábricas cósmicas donde nacen nuevas estrellas y, con el tiempo, también nuevos sistemas planetarios.
Precisamente por eso los astrónomos llevan años apuntando sus radiotelescopios hacia estas regiones. El objetivo es descubrir moléculas cada vez más complejas y entender hasta dónde puede llegar la química del universo antes de que aparezcan los planetas.
México también intenta responder esa misma pregunta
Aunque el estudio fue liderado desde España, la búsqueda de los ingredientes de la vida también tiene presencia en México. Investigadores del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, del Instituto de Ciencias Nucleares y de otros grupos especializados estudian la química interestelar, la formación de estrellas y la evolución molecular del universo.
En el fondo, todos intentan responder la misma pregunta: ¿cómo pasó el cosmos de ser una enorme nube de gas a convertirse en un lugar capaz de producir vida?
Hay otro dato que ayuda a dimensionar el hallazgo. La nube donde apareció la eritrulosa se encuentra a unos 26 mil años luz de la Tierra. Eso significa que la señal captada por el radiotelescopio llevaba unos 26 mil años viajando por la galaxia antes de llegar a nuestros instrumentos. Cuando esa luz salió de allí, los seres humanos modernos ni siquiera existían.
Un descubrimiento que no habla de extraterrestres
Siempre que aparece una noticia sobre moléculas encontradas en el espacio, la primera reacción suele ser pensar en vida extraterrestre. Pero este hallazgo va por otro camino.
Durante décadas, los científicos se preguntaron si los ingredientes fundamentales de la vida podían existir antes de que nacieran los planetas. La detección de eritrulosa fortalece esa posibilidad.
No responde cómo surgió la vida en la Tierra, pero sí respalda una idea que cada vez gana más fuerza: que el universo empezó a fabricar algunos de sus ingredientes miles de millones de años antes de que apareciera el primer ser vivo.
Quizá esa sea la parte más fascinante de toda la historia. No que exista azúcar entre las estrellas, sino que el universo podría haber empezado a preparar la receta de la vida mucho antes de que existieran océanos, continentes o incluso la propia Tierra. Si esa idea termina confirmándose, el origen de la vida ya no comenzaría en nuestro planeta, sino entre las nubes de gas donde nacen las estrellas.
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