
La IPO elevaría el patrimonio del hombre más rico del mundo y podría convertirlo en el primer billonario de la historia.
Luego de muchos preparativos y especulaciones, SpaceX comenzó el trámite legal para su muy anticipada salida a bolsa. La empresa, que a lo largo de sus casi 25 años se ha mantenido testarudamente privada, hizo público hoy su formulario S-1, en el que detalla sus planes para recaudar cerca de 75,000 millones de dólares, lo que elevaría su valoración hasta unos 1.75 billones de dólares.
Por lo general, el documento S1 es un texto -hay que decirlo sin adornos- terriblemente aburrido. Se trata, por usar un ejemplo simplista, de algo así como la historia clínica de una corporación. Su leguaje es árido; sus revelaciones, predecibles, y su tono, en general, está diseñado con regla de cálculo para no asustar a nadie.
Este no es el caso.
El S1 de SpaceX es un mamotreto de más de 300 páginas que dibuja un panorama financiero alucinante, que rompe todos los esquemas. En él se detalla la estrategia de crecimiento de la empresa, que contempla desde centros de datos orbitales hasta una colonia humana en Marte. El analista CJ Gustafson lo llamó “el documento de salida a bolsa más ambicioso de la historia corporativa moderna”.
El camino a Marte
Se espera que SpaceX debute en el NASDAQ el 12 de junio bajo el símbolo SPCX. Los 75,000 millones que se proponer recaudar serían, en sí mismos, un récord. El registro histórico absoluto de una salida a bolsa lo tiene Saudi Aramco con 29,400 millones de dólares y solo se le acercó Alibaba, con 22,000 millones.
Como lo dijo Luis Francisco Ruiz en CMC Markets: “Eso por sí solo haría que la salida a bolsa fuera una de las operaciones más seguidas en años. Pero la verdadera prueba de mercado será si los inversores están dispuestos a pagar una valoración que refleje no solo los negocios operativos actuales, sino también la narrativa estratégica mucho más amplia de Musk sobre conectividad global, inteligencia artificial y, en última instancia, Marte”.
Porque si algo deja claro el S1 es que SpaceX es, en su núcleo fundamental, una empresa centrada en Marte. La conjunción de ese propósito con el papel de la empresa en desarrollos de punta en materia de IA le da a todo el negocio visos existenciales, de supervivencia.
En sus primeras líneas se lee: "No queremos que los humanos tengan el mismo destino que los dinosaurios". Y la solución que plantea SpaceX son, por supuesto, los viajes interplanetarios.
Eso es porque el objetivo operativo innegociable de la empresa es establecer una colonia humana permanente en Marte. Y no una base pequeña, sino una zona habitada por, al menos un millón de habitantes. Es una meta tan real que, para demostrar que va completamente en serio, el paquete retributivo de Elon Musk está condicionado exclusivamente a ese logro y a esa cantidad.
Una meta todavía lejana
Por supuesto, nada de eso es posible hoy y SpaceX reconoce en su documento que muchas de sus iniciativas dependen de tecnologías que o son incipientes o de plano no existen. Más aún, reconoce que hay una posibilidad de que, incluso desarrollándolas, simplemente no encuentren la manera de hacerlas comercialmente viables.
Por eso voces como la de Jeremy Bowman, de The Motley Fool, se han levantado para lanzar advertencias. Él escribió: “Creo que SpaceX está significativamente sobrevalorada, pero su audaz misión de colonizar la Luna y Marte, y sus tecnologías como los cohetes reutilizables y el internet satelital Starlink, la convierten en una empresa única, y es comprensible que atraiga inversionistas”.
Adam Bluestein, de Fast Company, fue más allá, al decir: “La valoración de la empresa está ligada a una gran visión del futuro del espacio, más que a los fundamentos del negocio actual. En el prospecto de la OPV de SpaceX, la compañía afirma que su misión no es menos que "comprender la verdadera naturaleza del universo y extender la luz de la conciencia a las estrellas". (…) Pero si quieres entender el negocio actual de SpaceX —y lo que su salida a bolsa significará para la economía espacial en general— hay que atravesar la espuma y enfrentarse a la economía subyacente, las realidades tecnológicas y la geopolítica que realmente están moldeando la carrera espacial”.
Y pese a eso, incluso los críticos más ácidos de Musk y de su empresa se cuidan de descalificar del todo sus ambiciones. Según explicó Walter Isaacson, biógrafo de Musk, a la agencia Reuters: "El peligro de apostar en su contra es que acabe volviéndose loco como un zorro y consiga que las cosas sucedan".
Con todo, lo que se plantea SpaceX no es una meta sencilla, y en especial para una empresa que reportó una pérdida neta general de 4,940 millones de dólares en todo 2025. Es una hemorragia que, encima de todo, se está acelerando. Solo en el primer trimestre de 2026, las pérdidas netas fueron de 4.300 millones de dólares.
A pesar de eso, el cronograma que propone la firma no da respiro a nadie: Misiones no tripuladas para 2030 usando la gigantesca nave Starship y con la Luna como escalón logístico inicial. Incluso se ventila la idea de minar asteroides para extraer platino, níquel y oro y usar esos materiales en la construcción de la infraestructura de las primeras ciudades marcianas.
Musk, el primer billonario
Pero si las ambiciones de SpaceX están fuera de este mundo, sus efectos sobre la fortuna personal de Elon Musk no serían menos… astronómicos.
Según explica DW: “Actualmente, Musk posee un estimado del 42 por ciento de SpaceX. Con la valoración objetivo de 1.75 billones de dólares, su participación por sí sola valdría aproximadamente 735,000 millones. Combinada con sus participaciones en Tesla, xAI y otros proyectos, la IPO probablemente elevaría su patrimonio total más allá del millón de millones, convirtiéndolo en el primer billonario en la historia”.
Ese hecho se deriva, al menos en parte, de la naturaleza especial de la propiedad accionaria de Musk en SpaceX, en la que Musk controla más del 80% del poder de voto a pesar de poseer una participación relativamente menor en el capital y es, para todos los efectos, prácticamente imposible de despedir como CEO.
En últimas, será el mercado el que decida. Pero lo que queda claro es que los inversionistas en SpaceX no están apostando por los flujos de caja de una simple tecnología, sino financiando un intento real de alterar el destino evolutivo de la especie humana, incluso a costa de ignorar de manera consciente las zonas grises financieras del presente. Como lo dijo Tim Higgins, de The Wall Street Journal: “la salida a bolsa de SpaceX es una apuesta que la gravedad no se aplica a Elon Musk”.
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