Puede que hoy parezca impensable e incluso una pesadilla para los claustrofóbicos, pero durante muchos siglos entre la Edad Media y principios del siglo XX, las personas solían dormir encerradas en un armario. Dichas estructuras, conocidas como "camas-caja" o "camas-cerradas", fueron un estándar en los hogares de Europa.
Las camas-caja gozaron de gran popularidad por diversos motivos: protegían a los propietarios del frío, les proporcionaban privacidad, comodidad y eran una manera perfecta de optimizar espacios. Ante unos artefactos tan impresionantes, lo realmente curioso no es que hayan existido, sino por qué dejaron de usarse.
Un refugio cálido y acogedor
Las camas-caja no eran una simple excentricidad, sino una forma de supervivencia ante las inclemencias del clima. Durante los siglos XIV y XIX, estos muebles fueron una excelente forma de mantener el calor corporal, especialmente cuando se compartían entre varios miembros de una familia.
¿Y por qué era tan importante mantener el calor? Pues porque en esa época Europa y parte de Norteamérica fueron asolados por la llamada Pequeña Edad de Hielo: una ola de frío en la que la temperatura bajó tanto que incluso el río Támesis llegó a congelarse al menos unas 20 veces. En este escenario, encerrarse en "cajones de madera" para mantenerse calientitos no era tan mala idea.
Además de su función térmica, las camas-caja también destacaban por su gran versatilidad. Como cualquier mueble, estas camas tenían diseños diferentes según cuánto dinero se estuviera dispuesto a pagar. Así, había modelos con cajones para ropa y hasta asientos. También servían como refugios para que las personas pudieran tener un momento de privacidad en el día, y además permitieron convertir graneros o estancias pequeñas en dormitorios funcionales.
Una idea tan buena que ha regresado siglos después
La existencia de las camas-caja está muy bien documentado. Artistas como Pieter de Hooch o Jacob Vrel las pintaron en muchas de sus obras, escritores de la talla de Emily Brontë, Thomas Adolphus o Frances Eleanor Trollope también las mencionan en sus textos. Incluso existen varios esparcidos por el mundo, como aquel que se puede observar en la Casa Museo de Rembrandt, en Ámsterdam. Dicho objeto fue propiedad del pintor y de su esposa Saskia.
Gracias a todo esto sabemos que existían, como ya dijimos, de distintas formas y modelos, dependiendo de quién fuese el dueño (no era lo mismo la cama-caja de un humilde campesino que el elegante mueble de dos niveles de un noble). Sin embargo, el concepto era el mismo: armarios elevados, con patas y a menudo puertas o una pequeña ventana que podía cubrirse con cortinas.
Hoy en día la idea ya nos puede resultar demasiado alocada y hasta incómoda (¿quién querría dormir dentro de un ropero?)… o quizás no tanto. Pues actualmente podemos ver este mismo concepto en camas inteligentes como la de Hi-Interiors o en los hoteles cápsula (aunque esta idea proviene más bien de Japón). Incluso en internet se pueden ver muebles diseñados para optimizar espacios pequeños que son muy parecidos a una cama-caja.
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