Un análisis de huesos de conejos y venados reveló pistas de hace 5,000 años sobre el origen del maíz en México

Luis Ángel Márquez Flores

Editor Jr

Sabemos que la domesticación del maíz comenzó hace alrededor de 10,000 años en Mesoamérica y que las diversas especies que existen hoy en día provienen en un antepasado silvestre llamado teosinte. Sin embargo, lo cierto es que todavía se conoce muy poco acerca del origen de esta planta en México. 

Ahora, un análisis de 180 huesos de venados y conejos pertenecientes a la colección del Laboratorio de Arqueozoología del Instituto Nacional de Antropología e Historia reveló nueva información acerca de la aparición del maíz en el Valle de Tehuacán. Y es que la primera planta pudo haberse desarrollado gracias a un clima excepcionalmente húmedo en la región. 

Así apareció el maíz en Puebla

La investigación, publicada en Science Advance, estuvo a cargo del profesor de la Universidad Estatal de Iowa, Andrew Somerville. El experto explicó que el maíz surgió por primera vez en el Valle de Tehuacán cuando los humanos aún se dedicaban a la caza y la recolección. Durante este periodo, planta aún representaba una pequeña parte de la dieta de estos grupos. 

Con el paso de los siglos y la expansión de la agricultura debido a factores climáticos, como la humedad, la domesticación del maíz se identificó. Somerville señaló que el indicio más temprano que se tiene del maíz en el Valle de Tehuacán data de hace 5,400 años, durante el Holoceno Medio. Esta planta, parcialmente domesticada, oscilaba entre el teosinte y el maíz actual.

El clima muy húmedo de ese momento ayudó a que se estableciera en tierras altas, como el Valle de Tehuacán, porque el teosinte no se adaptó bien, se dio en tierras bajas. Esta ventana húmeda fue la oportunidad para distribuir maíz primitivo en zonas elevadas.
Andrew Somerville, Universidad Estatal de Iowa
Imágenes | INAH

El estudio

En el Laboratorio de Isótopos Estables del Instituto de Geología de la UNAM, los investigadores extrajeron muestras de polvo óseo que recibieron un tratamiento químico para determinar las dietas de los venados y conejos de diferentes culturales y abarcando un intervalo de 10,000 años, desde finales del Pleistoceno hasta la llegada de los españoles.

Dichos huegos fueron extraídos entre 1961 y 1964, mediante excavaciones arqueológicas en 10 sitios del Valle de Tehuacán. De acuerdo con Joaquín Arroyo Cabrales, jefe del Laboratorio de Arqueozoología del INAH, la selección respondió a que la mayoría de los ejemplares de la colección son herbívoros, lo que permitió tener múltiples ejemplos.

Por su parte, Somerville comentó que la razón por la que se escogieron estas dos especies, fue que viven más de un año y los roedores solo llegan a los seis meses y estos no reflejan los valores químicos de sus huesos, no reflejan el clima general.

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