
...bueno, y también Elon Musk.
Las elecciones del 3 de noviembre en EE. UU. tenían como fin renovar la totalidad de los escaños de la Cámara de Representantes y una tercera parte del Senado. Pero además de cumplir esa previsible función, parecen haber sido, en opinión de numerosos analistas, una especie de referendo sobre el auge de la inteligencia artificial y los centros de datos en ese país.
A medida que comienzan a escucharse los análisis y las explicaciones sobre la ‘ola azul’ que dio a los demócratas una contundente victoria electoral, múltiples observadores tratan de determinar qué papel jugaron el rechazo generalizado de los votantes estadounidenses hacia la oligarquía tecnológica y el apoyo a un aumento de regulaciones y restricciones contra la expansión acelerada de esta infraestructura.
En otras palabras, saber si la oposición a los data centers fue, al menos en parte, la clave del éxito.
Los data centers, a las urnas
Algo está claro: los data centers perdieron las elecciones. De las 44 medidas sometidas a votación en 10 estados para restringir centros de datos, 38 fueron aprobadas, estableciendo docenas de prohibiciones y moratorias locales.
Solo una medida -en Dakota del Norte- permitió avanzar a un proyecto, e incluso esta exigió evaluaciones independientes y audiencias públicas. Encuestas a la salida de las urnas reflejaron que 3 de cada 4 votantes se oponen a los centros de datos en sus comunidades y más de la mitad calificó la IA y los centros de datos como un factor crucial en su voto.
Luego está Texas, que giró a la izquierda el martes, con el representante James Talarico ganando un escaño en el Senado de EE. UU. y Gina Hinojosa poniendo fin a la era del gobernador republicano Greg Abbott. Abbot llevaba más de una década en su cargo y la de Talarico es la primera victoria de una candidatura demócrata al Senado por ese estado desde 1998.
Y a nadie se le escapa que Texas es el centro neurálgico del desarrollo de la infraestructura de IA. No en vano Elon Musk abandonó famosamente California, en diciembre de 202o, para mudarse a un terreno -se creía- firmemente bajo control republicano y construir allí la "fábrica de chips de IA más grande del mundo" que unirá Tesla, SpaceX y xAI.
Ese estado representa entre el 26% y el 41% de la nueva capacidad de centros de datos proyectada para 2028. Hinojosa propuso una moratoria estatal hasta que se aprueben leyes que protejan el agua y la electricidad residencial, eviten aumentos en las tarifas energéticas y eliminen las exenciones fiscales (que le costarían a Texas unos 3,200 millones de dólares en dos años). Si la nueva gobernadora cumple, dicen sus detractores, pondrá en riesgo o retrasará entre 12 y 18 meses proyectos que representan entre 13 y 13.3 gigavatios de capacidad proyectada.
Impacto a nivel nacional
A lo que pasó en Texas se suman las victorias de gobernadores demócratas en estados clave para la industria como Georgia, Arizona, Ohio y Pensilvania. Se estima que con el cambio de guardia en esos territorios, entre la mitad y dos tercios de la capacidad nacional de centros de datos planeada para 2028 quedará expuesta a demoras y controles más estrictos.
Aunque voceros de la industria como Chamber of Progress intentaron calificar la ‘ola azul’ como un voto "anti-Trump" y no "anti-tecnología", líderes como Sam Altman, CEO de OpenAI, reaccionaron en redes sociales llamando a “mantener el control humano sobre la IA”, lo que analistas interpretan como un intento de tender puentes con la nueva mayoría política.
Economistas advierten que la desaceleración en la construcción de capacidad de cómputo en EE. UU. podría mantener altos los precios de los tokens y beneficiar a competidores globales como China, al permitirles exportar servicios de inferencia más económicos o incentivar a las tecnológicas a construir infraestructura fuera del territorio estadounidense.
¿Freno a la IA?
Mención aparte merece el hombre más rico del mundo. Elon Musk sufrió un fuerte revés tras haber invertido cerca de 500 millones de dólares en campañas republicanas, lo que provocó caídas inmediatas en las acciones de Tesla y SpaceX por la inquietud de los inversionistas ante la nueva intención regulatoria.
Dave Pell, editor de NextDraft, escribió en su substack: “Aquí hay varias cosas que 474 millones de dólares pueden comprar: unas 77 millones de Big Macs, unos 12,814 Tesla Model 3, o aproximadamente 2,724 años del salario promedio de un senador. Y si eres Elon Musk, también pueden comprarte un noviembre decepcionante”. The Atlantic lo dijo, incluso, más sucintamente:“$500 millones no le compraron nada a Elon”.
Con todo, una pausa formal y completa al desarrollo de IA de frontera a nivel legislativo federal no se perfila como un escenario fácil o inmediatamente viable. Si bien los demócratas obtuvieron el control del Congreso con un mandato claro de sus votantes para regular la IA y exigir cuentas a las tecnológicas, el presidente Donald Trump mantiene su poder de veto sobre cualquier ley federal.
Para anular un veto presidencial e imponer una pausa obligatoria, el Congreso requeriría un apoyo republicano sustancial, algo difícil de pensar siquiera hace un par de semanas. Pero ahora que apoyar a los data centers puede muy literalmente costarles el puesto, hay que preguntarse si habrá súbitamente más congresistas republicanos dispuestos a romper filas con la administración federal.
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