La ciencia explica que no estamos ante "el próximo COVID" pero, eso sí, hay que tomar precauciones.
Los pasajeros varados en un crucero holandés que enfrentaron un brote mortal de hantavirus finalmente han regresado a sus hogares. La ministra de Sanidad de España, Mónica García, dio por terminado el operativo de rescate en la isla de Tenerife con brevedad al decir: "Misión cumplida".
Pero la triunfal declaración hace poco por disipar la tensión que rodeó el caso del MV Hondius, una nave cuyo nombre le dio la vuelta al mundo, y el incómodo recuerdo que suscitó entre millones de personas que ya pasaron por una pandemia y temieron que al COVID lo sucediera este virus, generalmente asociado con roedores, que cobró al menos tres vidas a bordo del barco y causó severos efectos de salud a, por lo menos, ocho más.
Pero lo cierto es que el hantavirus tiene pocas similitudes con el COVID y, aunque ambos pueden causar problemas respiratorios graves, difieren radicalmente en su transmisión (roedores vs. humano-humano), potencial pandémico (bajo vs. alto) y manejo clínico.
Por ese motivo, Eduardo López, jefe del departamento de Medicina e Infectología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de Buenos Aires, le dijo a BBC Mundo: “Estamos ante otro escenario por dos cosas. Primero, porque la transmisión persona a persona no es frecuente, si bien hubo pequeños brotes. Segundo, necesitamos el roedor, porque el individuo, si usted lo aísla, cuando termina la enfermedad, deja de contagiar. Por lo tanto, hay una especulación que me sorprende, la de comparar esto a la pandemia del COVID. No tiene nada que ver”.
Caos a bordo
El MV Hondius zarpó de Ushuaia, en la Patagonia Argentina, el primero de abril de este año. Para cuando llegó a altamar, la situación a bordo era, según relatan las autoridades médicas, desesperada.
Más allá de la atención sanitaria, el reto epidemiológico era monumental. La investigación apuntó a una pareja holandesa que llevaba 4 meses de viaje ininterrumpido por Sudamérica. Según los datos, entraron a Argentina en noviembre del año anterior, cruzaron la cordillera hacia Chile, volvieron a la provincia de Neuquén, bajaron por toda la extensión de la Patagonia y hasta hicieron una incursión en Uruguay.
López señala la importancia de ese hecho. “Lo que nadie entiende, es que esto fue una enfermedad que ocurrió en un barco. No ocurrió en territorio argentino. Uno puede especular que la pareja se contagió en Argentina, o puede especular se contagió en Chile, porque no sabemos cuánto tiempo estuvieron ahí. Aparecieron los síntomas en el barco, al tercer o cuarto día de navegación. Entonces ese aspecto cambia todo, porque si hubieran tenido síntomas en Chile o Argentina, los médicos hubieran repreguntado dónde estuvieron, porque en esos países hay experiencia de manejar estos enfermos muy precozmente, lo que cambia mucho el pronóstico”.
Esa experiencia es la que informa el rechazo de numerosos expertos a lo que ven como una muestra de alarmismo mediático. Alfredo Corell, catedrático de Inmunología y uno de los expertos en divulgación científica más reconocidos de España, acudió al podcast The Wild Project, de Jordi Wild, para decir que el episodio del barco debería hacer que más gente reconozca la experiencia de los médicos del Cono Sur y aprenda de ella.
Corell explicó que Chile y Argentina se han visto obligados a desarrollar un modelo de defensa conjunto sumamente eficaz que se cimenta sobre dos grandes estrategias.
La primera es la acción comunitaria pura y dura, que enseña a la población hábitos mecánicos indispensables: jamás entrar a una cabaña o galpón que ha estado cerrados sin antes ventilar a fondo durante al menos 30 minutos, usar mascarillas de alta protección a la hora de limpiar la maleza o desmalezar terrenos alrededor de las casas. Y la segunda, en caso de exposición, aislamiento. Con mano de hierro.
Confiar en las matemáticas
Entonces, mientras en algunas redacciones se escribían escenas que parecían el guion de una película sobre el fin del mundo, la comunidad médica internacional le salió al paso al alarmismo para insistir en que no estamos ante el próximo evento estilo COVID-19. Ese muro de contención se basa en las matemáticas puras de la epidemiología.
Para evaluar si un patógeno tiene verdadero potencial para causar una pandemia global, la ciencia utiliza una métrica crucial llamada el número reproductivo básico, o R0. Ese número indica a cuántas personas sanas, contagia, en promedio, un solo individuo infectado cuando se introduce en una población que no tiene inmunidad previa.
Campeones del contagio como el sarampión pueden tener un R0 de entre 18 y 20. La variante Omicron del coronavirus, en su momento, marcó un R0 de entre 10 y 15. En contraste, la cepa Andes del hantavirus en un escenario abierto, sin que nadie tome ninguna precaución, alcanza un R0 de apenas 2.
El motivo fundamental es que este virus se transmite de una forma muy ineficiente entre humanos. No te contagias por cruzarte con alguien en el supermercado ni por compartir un ascensor unos segundos. Se requiere lo que en medicina preventiva se define como “un contacto estrechísimo”. Y queda claro que la definición es literal: no hablamos de un simple apretón de manos.
Se refiere a dormir en la misma cama durante toda la noche, compartir fluidos, tener relaciones sexuales, o mantener una conversación cara a cara a muy poca distancia durante un periodo prolongado, de al menos media hora. Las gotículas respiratorias cargadas de partículas virales tienen que llegar de forma muy directa y masiva, o el contagio no ocurre.
Este requisito de contacto tan íntimo y prolongado arroja mucha luz sobre una de las anécdotas más aterradoras del caso MV Hondius. Cuando la primera mujer holandesa intentó salir de la región en un vuelo comercial, ya presentaba un cuadro muy grave. Hubo una azafata que tuvo que ayudarla físicamente a acomodarse en el asiento, ajustarse el cinturón de seguridad y asistirla para salir de la aeronave.
Pero incluso en ese caso extremo, la variable de tiempo jugó a su favor. Aunque el contacto fue físico y cercano, no se mantuvo de forma ininterrumpida durante esos 30 minutos críticos. Tras el susto inmenso -y después de que la azafata fuera aislada preventivamente al manifestar algunos síntomas que resultaron ser un resfriado común- las pruebas diagnósticas dieron negativo.
Más vale prevenir
Eso no quiere decir que no haya razones para tomar medidas. Los informes epidemiológicos señalan que los casos están experimentando un aumento vertiginoso. Solo en la temporada 2025-26, el Ministerio de Salud argentino contabilizó 101 casos, que es prácticamente el doble de lo registrado en la temporada anterior. Este año, Chile notificó cerca de 40 casos antes de abril.
Así que todo indica que hay una expansión geográfica innegable y la razón parece estar en la ecología. Las alteraciones en los patrones climáticos están provocando que los inviernos en la región de la Patagonia sean mucho más húmedos y pierdan sus picos de frío extremo. Paralelamente, se producen lluvias inusuales que hacen florecer de forma masiva a ciertas plantas locales. El exceso repentino de semillas crea un paraíso alimentario para el ratón que porta el hantavirus.
Por eso se hace necesario mencionar un dato que debería llevar a todos a reflexionar. En su participación en el podcast, Corell recordó que equipos de investigadores en Chile llevaban bastante tiempo desarrollando una vacuna terapéutica prometedora, diseñada específicamente para combatir la cepa que subió sin boleto a los camarotes del Hondius. Los resultados preliminares eran esperanzadores, pero el proyecto se encontró con un muro infranqueable: la falta de financiación.
Por eso, la recomendación del experto es: “En estos momentos no hay ningún fármaco antiviral específico ni ninguna vacuna de uso general disponible. Aquí sí que todo se basa en el manejo y el diagnóstico temprano, el aislamiento, el soporte respiratorio y los cuidados intensivos si llega el caso de que hagan falta”.
Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com.mx
VER 0 Comentario