
Para muchas personas es común dejar el aire acondicionado encendido durante las noches calurosas. Es más, algunos incluso solo pueden dormir si hacen eso. Sin embargo, lo que puede parecer una buena idea para conciliar el sueño, al día siguiente puede convertirse en una tortura.
Durante años se pensó que era un simple mito popular, pero ahora tiene un firme respaldo científico. Usar el aire acondicionado por las noches puede provocar síntomas como dolor de garganta, congestión nasal, sequedad ocular y agotamiento.
La trampa del minisplit
Durante el ciclo natural del sueño, la temperatura corporal central disminuye de forma natural para facilitar el descanso. Sin embargo, someter al cuerpo a un flujo continuo de aire frío interfiere directamente con este mecanismo, dando como resultado una mala calidad de sueño.
Según un estudio publicado en Extreme Physiology & Medicine, las personas que duermen recibiendo un chorro directo de aire sufren un mayor número de microdespertares, lo que impide al cerebro alcanzar las fases de sueño profundo y reparador.
El aire frío continuo también eleva la frecuencia cardíaca y fomenta los movimientos corporales involuntarios durante el sueño ligero. Además, provoca la contracción de los vasos sanguíneos, derivando en rigidez muscular y contracturas de cuello y espalda al despertar.
Un paraíso para los virus
De acuerdo con la Sociedad Española de Otorrinolaringología, alrededor del 20% de los catarros durante el verano son consecuencia directa del uso del aire acondicionado, que al enfriar las mucosas las vuelve vulnerables a virus y bacterias como causantes de faringitis, rinitis o amigdalitis.
Una investigación de la Universidad de Yale encontró que, al inhalar aire frío, el interior de la nariz baja de 36-37°C a unos 33°C. A esta temperatura, la producción de vesículas extracelulares cae 42% y se pierde hasta un 77% de los receptores que actúan como "señuelos" para atrapar y destruir patógenos.
Dado que aproximadamente el 20% de la población transporta rinovirus de forma asintomática en sus fosas nasales, este descenso térmico deja vía libre al virus, duplicando su capacidad de replicación y volviéndolo mucho más agresivo.
La humedad, otro enemigo del aire acondicionado
El otro gran enemigo invisible del aire acondicionado es la deshumidificación extrema, puesto que para que nuestro sistema respiratorio funcione correctamente, la humedad relativa del ambiente debe situarse entre el 40% y el 60%. El problema es que los equipos de climatización extraen esa humedad y hacen el ambiente mucho más seco hasta desplomar este porcentaje por debajo del 40%.
En ambientes tan secos, los cilios respiratorios (diminutos filamentos encargados de barrer virus y bacterias) pierden su movilidad. Esto no solo favorece infecciones leves, sino que puede desencadenar crisis en pacientes con asma o EPOC. También pueen causar irritación en los ojos, sequedad en la piel y mayor sensibilidad a los alérgenos.
Cómo usar correctamente tu aire acondicionado
Para evitar tener problemas por usar estos aparatos, lo correcto es encenderlos 30 minutos antes de ir a dormir para enfriar la habitación, y apagarlo al acortarse. También se puede programar la función Sleep, que y apaga el equipo lentamente.
También es fundamental no bajar nunca de los 22ºC, manteniéndose entre los 23 y los 25ºC. Si se busca exceder este límite, se puede utilizar un humidificador para mantener el 40-60% de humedad fundamental para mantener el sistema inmune en el mejor estado.
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