Beber agua antes de dormir es uno de esos hábitos que parecen inofensivos. Hay quien incluso deja un vaso en la mesita por si se despierta con sed. La duda es inevitable: ¿realmente ayuda al descanso o puede terminar afectándolo? La respuesta la tiene la ciencia.
Una investigación realizada en Japón con hombres de mediana edad encontró que ingerir alrededor de 280 mililitros de agua antes de acostarse se asocia con una reducción de ánimo depresivo al despertar.
Los beneficios del agua antes de dormir
Ensayos más recientes han explorado la relación que tiene el agua con el sueño. En uno de ellos, realizado con adultos sanos, se observó que una hidratación adecuada podría influir en la duración y calidad de la fase REM, una de las más importantes para la recuperación mental.
Parte de la explicación está en procesos fisiológicos básicos. Durante la noche, el cuerpo sigue activo, se pierde agua al respirar y sudar, y mantener un buen nivel de hidratación ayuda a regular funciones como la liberación de vasopresina, una hormona clave en el equilibrio de líquidos y el ritmo biológico. Esto puede traducirse en que se reduce la fatiga y los dolores de cabeza por la mañana.
El problema: no todo es tan positivo
El mismo hábito también tiene un lado menos conveniente. Beber agua justo antes de dormir puede provocar nicturnia, esa necesidad de despertarse durante la noche para ir al baño. Aunque parezca algo menor, estas interrupciones fragmentan el sueño. Y si se repiten constantemente, puede afectar la calidad del descanso más de lo que mejora la hidratación.
El riesgo aumenta cuando se consumen grandes cantidades de líquido. Más de medio litro antes de acostarse no solo incrementa las probabilidades de despertarse, sino que también puede agravar problemas como el insomnio o incluso aumentar el riesgo de caídas nocturnas.
La clave no está en evitar el agua, sino en cuándo y cuánto. Según la Sleep Foundation beber agua antes de dormir puede ayudar a evitar la deshidratación nocturna, pero también puede afectar el descanso si se consume en exceso.
En ese sentido, no se trata de eliminar el hábito, sino de ajustarlo. La recomendación más extendida es mantener una buena hidratación durante todo el día para no llegar a la noche con sed acumulada. Si se va a beber agua antes de dormir, lo ideal es limitar la cantidad a unos 200 a 250 mililitros y hacerlo al menos unas dos horas antes de acostarse, evitando así sobrecargar la vejiga en plena madrugada.
En otras palabras, beber agua antes de dormir no es ni bueno ni malo por sí mismo. El problema empieza cuando se convierte en una solución de último minuto para algo que debió resolverse durante todo el día.
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