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Alguien cree que el problema de Brasil y sus malos mundiales no recae en el talento de los futbolistas, pero sí en su religión

Religion Futbol Brasil

Brasil cambió fuera de la cancha y algunos creen que eso también transformó a su selección de futbol.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Durante décadas, explicar por qué Brasil ganaba parecía bastante sencillo. Bastaba con hablar del jogo bonito, del talento que nacía en las calles o de una generación inagotable de futbolistas capaces de convertir cualquier partido en un espectáculo. Cinco Copas del Mundo parecían confirmar que había algo especial en la forma en que el país entendía el futbol, pero los títulos dejaron de llegar y también empezaron las preguntas.

Se culpó a los entrenadores, a la exportación temprana de jugadores hacia Europa o a la pérdida del estilo ofensivo que hizo famosa a la Canarinha. Sin embargo, en los últimos años comenzó a circular una explicación mucho más inesperada. No habla de táctica, de preparación física ni de sistemas de juego, sino de religión.

Desde hace algún tiempo, una teoría sostiene que el crecimiento del evangelismo en Brasil también habría cambiado la identidad de su selección. La idea ha encontrado eco en programas deportivos, columnas de opinión y redes sociales, además de que la pregunta es inevitable: ¿realmente la ciencia cree que la forma en que una sociedad entiende el mundo puede influir en la manera en que juega un equipo de futbol?

Todo comenzó con un cambio que iba mucho más allá del futbol

Lo curioso es que esta teoría nunca nació analizando partidos: empezó mucho antes, revisando los cambios demográficos de Brasil. Durante buena parte del siglo XX, el país fue considerado la nación con más católicos del mundo. Sin embargo, desde finales de los años ochenta esa realidad comenzó a cambiar rápidamente.

Los censos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) muestran una disminución constante de la población que se identifica como católica y un crecimiento sostenido de las iglesias evangélicas, especialmente las pentecostales y neopentecostales.

Para muchos demógrafos, incluso es posible que Brasil deje de ser un país mayoritariamente católico durante esta década si la tendencia continúa, y ese cambio terminó apareciendo prácticamente en todos los espacios de la vida pública. El futbol no fue la excepción.

La selección empezó a parecerse cada vez más al país

La transformación comenzó a notarse también dentro de la selección brasileña. En la época de Pelé, Zico o Sócrates, las expresiones religiosas visibles eran mucho menos frecuentes. Con el paso de los años empezaron a multiplicarse las oraciones antes de los partidos, las celebraciones con referencias bíblicas y los futbolistas que hablaban abiertamente de su fe.

Kaká, Alisson, Neymar, Vinícius Júnior o Endrick son algunos de los jugadores que han compartido públicamente sus creencias y eso llevó a muchas personas a hacerse una pregunta: si Brasil estaba cambiando fuera de la cancha, ¿también estaba cambiando dentro de ella? 

La antropología, sin embargo, ofrece una explicación mucho menos polémica. La selección brasileña no se volvió más evangélica porque el futbol cambiara, sino que se volvió más evangélica porque Brasil cambió primero.

Lo curioso es que esta discusión tampoco es exclusiva de Brasil. La sociología del deporte lleva décadas estudiando cómo las selecciones nacionales terminan reflejando cambios políticos, económicos, culturales e incluso generacionales. En otras palabras, los equipos no solo cambian porque cambian sus entrenadores o sus jugadores; también lo hacen porque cambia la sociedad de la que forman parte.

Lo interesante es que la psicología también tiene algo que decir

Aquí la conversación deja de ser futbolística. Una de las teorías más conocidas de la psicología social es la Teoría de la Identidad Social, desarrollada por Henri Tajfel y John Turner.

Las personas no actúan únicamente como individuos. También lo hacen como miembros de un grupo que comparte valores, símbolos y una manera particular de entender el mundo. Cuando esa identidad colectiva cambia, algunos comportamientos también pueden cambiar. 

Eso no significa que un equipo juegue mejor o peor por practicar determinada religión. Significa que la cultura compartida puede influir en aspectos como el liderazgo, la cooperación, la disciplina o la forma en que un grupo enfrenta el éxito y el fracaso.

Visto así, un equipo de futbol es mucho más que once jugadores. También es una comunidad que refleja la sociedad de la que forma parte.

La sociología propone una explicación mucho menos simple

Buena parte de la discusión en redes parte de una idea: que el crecimiento del evangelismo habría sustituido parte de la creatividad del futbol brasileño por una mentalidad más rígida.

Sin embargo, la investigación académica apunta hacia otro lado. Antropólogas como Carmen Rial han documentado que muchas iglesias evangélicas funcionan como espacios de apoyo para jóvenes futbolistas que provienen de contextos vulnerables.

Además del acompañamiento espiritual, ofrecen redes de apoyo, disciplina, estabilidad emocional y una fuerte ética del trabajo. De esa manera, la expansión del evangelismo difícilmente puede entenderse como la causa del supuesto declive futbolístico.

Incluso podría ayudar a explicar por qué muchos jugadores desarrollan carreras más largas o encuentran una comunidad que los acompaña durante el salto al profesionalismo.

La discusión también llegó a los propios jugadores

El debate volvió a tomar fuerza cuando Endrick dijo recientemente que "su psicólogo es Dios". La frase provocó opiniones divididas dentro y fuera de Brasil, pero lo interesante es que la psicología del deporte ofrece una explicación bastante distinta.

Diversos estudios muestran que la espiritualidad puede convertirse en una estrategia para afrontar la enorme presión que viven los atletas de alto rendimiento. Depositar parte de la incertidumbre en una creencia religiosa puede ayudar a reducir la ansiedad, facilitar la recuperación emocional después de una derrota e incluso proteger la autoestima frente a la crítica pública.

Eso no significa que la fe sustituya el trabajo de un psicólogo deportivo, ya que los especialistas coinciden en que ambas herramientas pueden convivir y cumplir funciones distintas.

Entonces, ¿qué dice realmente la ciencia?

La teoría sigue apareciendo por una razón muy sencilla y es que las derrotas siempre generan la necesidad de encontrar explicaciones.

Después del histórico 7-1 frente a Alemania en 2014 y de las eliminaciones en Rusia 2018 y Catar 2022, muchos brasileños comenzaron a preguntarse qué había cambiado respecto a las generaciones de Pelé, Romário, Ronaldo o Ronaldinho.

El periodista Toni Padilla retomó recientemente esa discusión al señalar que Brasil vive una transformación religiosa profunda y que la selección refleja ese cambio. A partir de ahí surgió una pregunta provocadora: ¿Ese cambio cultural también ayuda a explicar el cambio futbolístico?

Hasta ahora, la ciencia no ha encontrado evidencia de que el crecimiento del evangelismo vuelva peor a una selección. Lo que sí muestran la psicología social, la antropología y la sociología es algo mucho más interesante.

Los equipos reflejan la cultura de la sociedad a la que pertenecen. Cuando cambia una sociedad, también cambian sus símbolos, sus formas de liderazgo, la manera en que se relacionan sus integrantes y, en muchos casos, la identidad colectiva de sus deportistas. Eso no significa que una religión determine quién gana un Mundial, sino que el futbol rara vez evoluciona separado del contexto social.

Una teoría que termina diciendo más sobre Brasil que sobre el futbol

Quizá por eso esta discusión vuelve cada vez que Brasil queda eliminado de una Copa del Mundo. No porque exista evidencia de que la religión explique las derrotas de la Canarinha, sino porque ofrece una respuesta sencilla a una pregunta mucho más compleja.

¿Qué ocurre cuando cambia la identidad de un país que durante décadas fue reconocido por jugar siempre de la misma manera? La respuesta es que probablemente esa sea la verdadera historia detrás de esta teoría.

No habla únicamente de futbol. Habla de cómo las selecciones nacionales terminan reflejando, para bien y para mal, las transformaciones culturales de la sociedad que representan.

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