
Que siempre ya no todo puede ser morado en CDMX.
Durante los últimos meses, varios puentes vehiculares de la Ciudad de México comenzaron a cambiar de imagen. Estructuras que durante años se identificaron por sus tonos amarillos fueron repintadas de morado como parte de una estrategia de renovación urbana impulsada por el gobierno capitalino.
El cambio generó opiniones divididas en redes sociales. Mientras algunos lo consideraron una actualización estética de la infraestructura, otros cuestionaron la desaparición de un color que durante décadas formó parte del paisaje urbano. Pero detrás de la discusión apareció una pregunta mucho más interesante: ¿los puentes eran amarillos por estética o porque cumplían una función específica?
El amarillo no llegó por casualidad
Aunque suelen verse como parte del paisaje, los puentes vehiculares forman parte de la infraestructura vial de una ciudad. Y eso significa que también participan en algo más importante que la imagen urbana: la seguridad de millones de conductores.
La NOM-034-SCT2/SEDATU-2022 y los Manuales de Señalización y Dispositivos para el Control del Tránsito establecen criterios sobre colores, contrastes y elementos visuales utilizados en calles, carreteras y estructuras cercanas a la circulación. La lógica es sencilla: las calles también comunican información.
El cerebro detecta el amarillo con facilidad
Una de las razones por las que el amarillo aparece con frecuencia en infraestructura vial tiene relación con la percepción visual. Diversos estudios sobre visibilidad y seguridad vial han encontrado que el amarillo ofrece altos niveles de contraste y puede identificarse rápidamente incluso cuando las condiciones de iluminación cambian o cuando un conductor circula a velocidad considerable.
Por eso es común encontrarlo en señales preventivas, maquinaria de construcción, barreras de protección, delimitadores y otros elementos asociados con advertencia o precaución. El objetivo no es decorar el entorno. Es llamar la atención.
¿La ley obliga a que los puentes sean amarillos?
No exactamente. Ninguna norma mexicana establece que todos los puentes deban pintarse completamente de amarillo. Sin embargo, sí existen disposiciones que regulan cómo deben identificarse visualmente ciertas estructuras cercanas a la circulación vehicular.
La normativa parte de una idea sencilla: algunos elementos del entorno pueden representar riesgos para los conductores y deben ser fácilmente reconocibles. Por ello, estructuras como columnas, pilas de puentes, parapetos, cabezales o muros de contención suelen incorporar marcas, patrones o elementos visuales diseñados para destacar dentro del entorno vial. La intención es que puedan identificar obstáculos potenciales en cuestión de segundos.
El caso llegó hasta el Gobierno de CDMX
La discusión tomó tanta fuerza que ahora la Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México publicó una tarjeta informativa para aclarar la situación. Según la dependencia, no existe ninguna instrucción, programa o política orientada a sustituir de manera generalizada los colores de la infraestructura pública.
Las autoridades explicaron que el caso que generó polémica correspondió a una intervención específica realizada por una empresa contratista durante los trabajos de mantenimiento. Además, señaló que la aplicación realizada no cumplía con los criterios técnicos y de seguridad vial establecidos en la normativa vigente, incluida la NOM-034-SCT2/SEDATU-2022.
En pocas palabras, la controversia surgió por un caso en particular y no de una estrategia oficial para repintar todos los puentes de la ciudad.
Las calles utilizan un lenguaje que casi nadie nota
Uno de los aspectos más interesantes de la ingeniería vial es que funciona mediante un lenguaje visual que la mayoría de las personas interpreta de forma automática. Rojo significa alto; verde indica orientación y rutas; azul señala servicios y amarillo advierte precaución.
Los conductores rara vez piensan en ello conscientemente, pero estos códigos reducen el tiempo necesario para interpretar información mientras se conduce. Por eso las normas regulan aspectos como colores, reflectividad, contraste y visibilidad.
La discusión no es solo sobre pintura
La polémica alrededor de los puentes morados comenzó como una discusión estética, pero termina abriendo una conversación mucho más amplia. La pregunta deja de ser si el color es bonito o feo.
La verdadera discusión es hasta qué punto una estructura que forma parte del sistema de orientación y advertencia visual de una ciudad puede transformarse en un elemento de identidad gráfica sin afectar la función para la que fue concebida.
Las normas mexicanas no prohíben el uso del color morado ni obligan a que todos los puentes sean amarillos. Lo que sí establecen es que cualquier infraestructura relacionada con la circulación debe conservar condiciones adecuadas de visibilidad y reconocimiento para quienes utilizan la vía.
El verdadero debate no era el morado
La discusión terminó revelando algo que normalmente pasa desapercibido: los colores de la infraestructura urbana no siempre están ahí para decorar la ciudad. Muchas veces forman parte de un sistema diseñado para comunicar información, orientar conductores y reducir riesgos.
Por eso la conversación sobre los puentes morados no trata únicamente de pintura ni de identidad visual. También habla de cómo las ciudades utilizan colores, señales y contrastes para comunicarse con millones de personas todos los días.
Porque mientras para algunos un puente puede ser un elemento más del paisaje urbano, para la ingeniería vial sigue siendo una herramienta de seguridad. Y dentro de ese lenguaje silencioso que utilizan calles, carreteras y estructuras públicas, el amarillo nunca fue solamente un color. También fue una señal de advertencia.
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