
Sin fórmulas milagrosas ni medicamentos: la historia de una mujer que superó los 100 años a base de una rutina activa
Aunque la ciencia y las mejoras en salud pública han incrementado la esperanza de vida global, llegar a los 111 años continúa siendo un hito reservado para muy pocas personas. En Brasil, ese registro le pertenece a Eunice Anício da Silveira, una mujer que hoy forma parte de la selecta lista de las personas más viejas de su país.
Cada vez que se documenta el caso de alguien que pasa de los 100 años, surge la misma interrogante: ¿cuál es el secreto detrás de semejante resistencia biológica? Lejos de recetas extraordinarias o terapias inaccesibles, su trayectoria sugiere que la respuesta radica más bien en una serie de hábitos cotidianos sostenidos durante más de un siglo en el campo.
Una vida dedicada al campo y una descendencia de cuatro generaciones
De acuerdo con los registros de LongeviQuest —organización internacional especializada en auditar y rastrear a personas centenarias en todo el mundo—, Eunice nació el 21 de octubre de 1915 en Joanésia, una comunidad rural del interior de Minas Gerais. Con base en esas verificaciones, el medio brasileño Metrópoles reportó que ocupa el noveno puesto entre las personas vivas con mayor edad en Brasil.
A los 16 años, en febrero de 1932, contrajo matrimonio con Oswaldo de Carvalho Lage. Estuvieron juntos durante 74 años y diez meses, hasta el fallecimiento de Oswaldo en 2007. Durante ese tiempo tuvieron 15 hijos, de los cuales dos murieron en la infancia. Los trece restantes llegaron a la adultez: diez mujeres y tres varones.
La familia continuó expandiéndose con el paso de las décadas. A sus 111 años, Eunice conserva a nueve hijos con vida, 50 nietos, 88 bisnietos y 52 tataranietos. En una charla concedida a Diário do Aço en 2015, cuando festejaba 101 años, recordó la crudeza y el esfuerzo físico que exigía sacar adelante a tantos hijos sin acceso a servicios modernos.
La rutina familiar dependía de la colaboración de todos: las hijas mayores cuidaban a los más pequeños mientras los demás trabajaban la tierra, molían arroz en pilón, tostaban café y alimentaban a los animales. La alimentación dependía enteramente de su cosecha de maíz, calabaza y yuca, además de cerdos y gallinas. Al comparar esa época con el presente, Eunice señalaba con humor las facilidades actuales: "Hoy hay niñeras, yo nunca tuve".
Las claves detrás de su salud centenaria
Al llegar a su primer siglo de vida, Eunice declaró que prácticamente nunca había padecido enfermedades de consideración ni dependido de fármacos o tratamientos médicos periódicos. Lejos de atribuirlo a la suerte, identificó un patrón de conducta constante: despertarse y acostarse temprano, tomar leche con regularidad y mantenerse activa en todo momento.
El núcleo de su bienestar residió en una alimentación directa de la tierra, exenta de procesos industriales y ligada a horarios estrictos marcados por el sol y la labor agrícola.
Aunque el contexto urbano contemporáneo plantea desafíos muy distintos, los principios que guiaron su día a día son aplicables hoy: priorizar la comida hecha en casa, recurrir en lo posible a ingredientes frescos, prescindir de los alimentos ultraprocesados y combatir el sedentarismo mediante la actividad física constante.
Imagen | LongeviQuest
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