Hace 30 años, un comercial en México preguntaba cuántas chupadas se necesitaban para llegar al centro de una Tutsi Pop, la ciencia tiene la respuesta

Chupadas Tutsi Pop

Una Tutsi Pop, un niño y una pregunta que se quedó en la memoria de toda una generación.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Seguro eres de los que recuerda una pregunta que apareció en la infancia y que, de alguna manera, se quedó ahí. Si creciste en México durante los años 80 y 90, probablemente te encontraste alguna vez con aquella duda que planteaba un comercial: ¿cuántas chupadas hay que dar para llegar al chiclocentro de una Tutsi Pop? La escena era sencilla: un niño hacía la pregunta, el Señor Búho intentaba responderla y la paleta se convertía en el objeto perfecto para poner a prueba nuestra paciencia. 

El anuncio no necesitaba mucho más para conseguirlo, ya que bastaba con poner una Tutsi Pop en las manos de alguien para que apareciera la tentación de comprobarlo por cuenta propia, aunque nadie tuviera realmente una respuesta definitiva. Podías contar tus propias chupadas, pedirle a un amigo que lo intentara o, como probablemente hicieron muchos, rendirte antes de llegar al centro y terminar mordiendo la paleta.

La pregunta, sin embargo, terminó llegando mucho más lejos de lo que probablemente esperaba aquella campaña publicitaria. Años después, un grupo de matemáticos decidió utilizar un caramelo como ejemplo para estudiar cómo se disuelven los objetos sólidos cuando un fluido pasa sobre ellos. Y sí, en medio de toda esa física apareció una respuesta para aquella vieja pregunta infantil.

México convirtió aquella pregunta en un recuerdo de infancia

La historia de la Tutsi Pop tiene una parte especialmente reconocible para quienes crecieron con la publicidad de la marca en México. La campaña convirtió una duda completamente cotidiana en una especie de pequeño reto, uno que no necesitaba instrucciones complicadas para funcionar y solo había que imaginar una paleta, una lengua y bastante paciencia.

Además, la relación de México con los dulces viene de mucho antes de las golosinas industriales. La Secretaría de Agricultura describe a los dulces tradicionales mexicanos como parte de una tradición culinaria que mezcla ingredientes y técnicas de origen prehispánico y europeo, con ejemplos como las alegrías, palanquetas, muéganos, glorias y jamoncillos. La Tutsi Pop pertenece a una historia mucho más reciente, pero terminó ocupando un espacio parecido dentro de la infancia de varias generaciones.

Eso ayuda a explicar por qué la pregunta del comercial sobrevivió tanto tiempo. No era una duda que necesitara una respuesta científica para resultar divertida, porque cualquiera podía intentar resolverla en casa; la diferencia es que algunos podían detenerse después de unas cuantas lamidas, mientras que unos investigadores decidieron llevar el asunto a un laboratorio y convertirlo en un problema de física.

La respuesta sorprendió por una razón bastante simple

En 2015, investigadores del Courant Institute de la Universidad de Nueva York y de la Universidad Estatal de Florida publicaron en Journal of Fluid Mechanics un estudio sobre la forma en que los cuerpos sólidos se disuelven cuando están expuestos a un flujo. Para hacerlo, utilizaron cuerpos de caramelo colocados bajo corrientes de agua y observaron cómo perdían material con el tiempo.

La intención real no era resolver el misterio de una Tutsi Pop. Los caramelos funcionaban como una forma relativamente sencilla de observar un fenómeno mucho más general: qué ocurre cuando un objeto sólido se está disolviendo mientras un líquido se mueve a su alrededor y, a partir de esos experimentos, los investigadores desarrollaron un modelo matemático capaz de describir cómo cambia la forma del objeto mientras desaparece.

Fue ahí donde la vieja pregunta publicitaria encontró una respuesta científica. Utilizando sus resultados y el modelo matemático, los autores estimaron que serían necesarias alrededor de 1,000 lamidas para disolver cerca de un centímetro de caramelo bajo las condiciones empleadas en el experimento. 

No era exactamente una prueba de la Tutsi Pop del comercial, pero sí una forma de calcular cuánto tiempo puede tardar un caramelo en desaparecer cuando un fluido pasa sobre su superficie.

Una paleta también es un problema de física

Cuando lames una paleta, tu lengua no está simplemente retirando caramelo de manera mecánica. La saliva entra en contacto con la superficie y permite que parte del material soluble pase al líquido, mientras que el movimiento de la lengua hace que ese fluido se renueve continuamente. En otras palabras, cada lamida modifica las condiciones alrededor de la superficie del caramelo.

Eso significa que la velocidad con la que desaparece el caramelo depende de cómo se mueve el líquido alrededor de él. Precisamente esa era la parte que los investigadores querían entender, porque el mismo principio puede aplicarse a problemas mucho más amplios de dinámica de fluidos y transferencia de masa.

Los experimentos mostraron que distintas formas iniciales de caramelo tendían a evolucionar hacia una forma final parecida antes de desaparecer por completo. El modelo también encontró que la velocidad de disolución aumentaba aproximadamente con la raíz cuadrada de la velocidad del flujo, mientras que el volumen del cuerpo de caramelo desaparecía siguiendo una relación cuadrática con el tiempo.

Dicho de una manera mucho menos complicada: mover el líquido más rápido alrededor de un caramelo acelera su disolución, aunque no de forma directamente proporcional. Y, bueno, tu lengua hace algo parecido: cada vez que la pasas sobre una paleta, estás haciendo algo parecido a renovar el flujo de líquido sobre su superficie.

Entonces, ¿cuántas chupadas hacen falta?

La respuesta que suele circular es la de 1,000 lamidas, pero hay que ponerle un asterisco. Esa cifra fue obtenida a partir de un modelo matemático y de experimentos realizados bajo determinadas condiciones, así que no significa que cualquier persona vaya a necesitar exactamente 1,000 chupadas para llegar al centro de cualquier Tutsi Pop.

La velocidad con la que una persona mueve la lengua puede cambiar el resultado. También pueden hacerlo la cantidad de saliva, la temperatura, la superficie que entra en contacto con el líquido y hasta la forma en la que cada persona sostiene y gira la paleta.

Por eso, los científicos no encontraron una especie de regla universal que diga que todas las Tutsi Pop desaparecen después de 1,000 lamidas. Encontraron una aproximación bajo condiciones concretas, y esa diferencia es bastante importante si queremos contar la historia sin convertir un modelo físico en una verdad absoluta.

La respuesta, entonces, es más interesante de lo que parece. Sí, puedes decir que la ciencia calculó unas 1,000 lamidas, pero también puedes decir que la verdadera respuesta es que depende de las condiciones en las que se disuelve el caramelo.

Otros científicos obtuvieron respuestas muy distintas

Y esto no empezó en 2015. Antes de ese estudio ya habían existido varios intentos por resolver el misterio del centro de la paleta, con resultados bastante diferentes. Uno de los experimentos más conocidos fue realizado por estudiantes de la Universidad Purdue y obtuvo un promedio de 364 lamidas entre sus voluntarios.

Otros grupos llegaron a cifras todavía más bajas o más altas. Un reporte recopilado por Excélsior menciona resultados de 252 lamidas para un grupo de 20 voluntarios, 144 entre estudiantes de secundaria y 411 entre universitarios.

La diferencia no significa necesariamente que unos experimentos estuvieran equivocados. En realidad, demuestra algo bastante intuitivo: no todos chupamos una paleta de la misma manera y algunas personas pueden dar lamidas rápidas y cortas, otras pueden cubrir una mayor superficie y otras pueden girar constantemente el dulce mientras lo comen.

También cambian las condiciones físicas del experimento. La saliva y la velocidad del flujo que produce la lengua no son idénticas en todas las personas, así que esperar una sola cifra para todos sería como intentar medir exactamente cuánto tarda en derretirse un cubo de hielo sin especificar la temperatura del lugar.

La ciencia no quería resolver el misterio de la Tutsi Pop

Aquí está probablemente la parte más interesante de toda la historia. El estudio de Huang, Moore y Ristroph no nació para encontrar una respuesta al comercial de Tutsi Pop, sino para estudiar un problema de dinámica de fluidos: cómo cambia la forma de un objeto mientras se disuelve dentro de un flujo.

Los caramelos simplemente ofrecieron una forma práctica de observar el fenómeno. Al ponerlos en contacto con agua en movimiento, los investigadores pudieron seguir cómo perdían material y cómo su forma cambiaba con el paso del tiempo.

Lo que encontraron fue una serie de patrones que podían describirse matemáticamente. Las diferentes formas iniciales de caramelo tendían a evolucionar hacia una geometría similar y eso permitió construir un modelo que explicaba el proceso.

La Tutsi Pop, entonces, terminó convertida en algo bastante curioso: una pregunta de publicidad que podía utilizarse como ejemplo de un problema científico real.

La física detrás de una paleta puede servir para mucho más

Comprender cómo un sólido se disuelve cuando entra en contacto con un fluido no sirve solamente para saber cuánto tardarías en llegar al chicle de una paleta. Ese tipo de proceso aparece en distintos problemas científicos y de ingeniería donde importa la manera en que una sustancia pasa de una superficie sólida al líquido que la rodea.

La velocidad con la que ocurre esa transferencia puede ser relevante en procesos donde se necesita comprender cómo se comportan determinados materiales o controlar la manera en que una sustancia se incorpora a un fluido. Por eso el artículo de Journal of Fluid Mechanics no trata realmente de dulces, sino de construir una descripción matemática general de un fenómeno físico.

Y eso es precisamente lo que hace interesante el ejemplo. Una paleta es suficientemente sencilla para que cualquiera pueda imaginar lo que está ocurriendo, pero detrás de esa escena hay conceptos como flujo de fluidos, capas límite, transferencia de masa y disolución.

En otras palabras, aquello que parecía una pregunta absurda sobre una golosina terminó siendo una manera bastante visual de explicar un problema que los ingenieros y científicos sí se toman muy en serio.

México tiene una historia dulcera mucho más antigua

Aunque los experimentos científicos se realizaron principalmente en Estados Unidos, existe otra conexión mexicana que vale la pena recuperar. La Secretaría de Agricultura explica que el país tiene una larga tradición de dulces y confitería que combina ingredientes y técnicas indígenas y europeas.

Entre los ingredientes utilizados históricamente aparecen el cacao, el amaranto, la miel, las frutas, las semillas, el piloncillo y, posteriormente, el azúcar de caña. Esa tradición sigue presente en mercados, dulcerías, ferias y celebraciones de todo el país, con preparaciones que cambian de una región a otra.

La Tutsi Pop pertenece a otra categoría y a una época muy distinta, por supuesto. Pero llegó a un país donde las golosinas ya formaban parte de la vida cotidiana y terminó asociándose con algo todavía más poderoso: la memoria de la infancia. No hacía falta un laboratorio para jugar a responder la pregunta del comercial. Solo una paleta, una lengua y bastante paciencia.

Pero el comercial nunca te dijo que la respuesta dependía de la física

La pregunta de Tutsi Pop estaba diseñada para provocar curiosidad, no para darte una cifra definitiva. Y quizá por eso funcionaba tan bien: cada persona podía construir su propia respuesta, detenerse cuando quisiera o simplemente morder la paleta antes de terminar de contar.

La ciencia tampoco encontró una cifra universal que funcione exactamente igual para todo el mundo. Lo que encontró fue algo mucho más útil: una forma de describir matemáticamente qué ocurre cuando un sólido se disuelve mientras un fluido pasa sobre él.

Por eso los números pueden ser diferentes sin que necesariamente exista una contradicción. Un experimento puede producir 364 lamidas, otro puede acercarse a 252 y un modelo matemático puede estimar unas 1,000 bajo condiciones distintas.

Todo depende de cómo se haga la prueba y ahí está el detalle que probablemente el comercial jamás necesitó contarnos: la cantidad de chupadas no dependía solamente de la paleta, sino también de la física, de la saliva y de la manera en que cada persona la comía.

La Tutsi Pop terminó convertida en una pequeña clase de física

Así que aquella pregunta que acompañó a una generación de comerciales sí tiene una respuesta, aunque no sea tan definitiva como muchos esperaban. Bajo las condiciones utilizadas por los investigadores, el cálculo apunta a aproximadamente 1,000 lamidas para disolver alrededor de un centímetro de caramelo.

Eso no significa que la próxima Tutsi Pop que tengas en las manos vaya a requerir exactamente esa cantidad; factores como tu lengua, la saliva, la temperatura, la velocidad y la manera de mover la paleta pueden cambiar completamente el resultado. Pero quizá ahí esté lo más divertido de todo.

Una pregunta que nació en un comercial infantil terminó llevando a los científicos a estudiar cómo los fluidos modifican la forma de los sólidos. La Tutsi Pop dejó de ser solamente una paleta con un centro de chicle y terminó convirtiéndose, sin proponérselo, en una pequeña clase de física disfrazada de golosina.

Así que la próxima vez que alguien vuelva a hacer aquella pregunta que acompañó a tantas infancias, ya puedes responder: aproximadamente 1,000 lamidas. Aunque, si quieres comprobarlo personalmente, probablemente tendrás que tener bastante paciencia y una buena Tutsi Pop.

Imágenes | Pexels

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