
No todos los cambios en una casa requieren comprar muebles nuevos.
Si alguna vez acomodaste una sala, probablemente hiciste lo mismo que hace casi todo el mundo: empujar el sillón hasta que tocara la pared. Parece lógico: si dejas libre el centro de la habitación, el espacio debería sentirse más grande.
Pero para el diseñador de interiores Luis Marhuenda, esa es justamente una de las decisiones que más se repiten y también una de las que más limitan una sala. Siempre que la distribución de la casa lo permita, recomienda hacer exactamente lo contrario: separar el sofá de la pared y convertirlo en el elemento que organiza todo el espacio. No es una moda ni un truco de decoración para redes sociales. Es una forma distinta de entender cómo usamos una habitación.
El sofá no tiene que vivir pegado a la pared
Durante muchos años nos acostumbramos a pensar que los muebles debían ir contra la pared para "hacer rendir" cada metro cuadrado. Sin embargo, muchos diseñadores de interiores trabajan hoy con una idea diferente.
Cuando el sofá deja de estar completamente pegado al muro, deja de ser simplemente un mueble más y empieza a organizar la sala. A partir de él se acomodan la mesa de centro, los sillones, la televisión o incluso el comedor cuando se trata de espacios abiertos.
La habitación deja de girar alrededor de las paredes y comienza a hacerlo alrededor de la forma en que realmente vivimos ese espacio.
Una sala también necesita caminos
Hay algo en lo que casi nunca pensamos cuando acomodamos los muebles: cómo nos movemos dentro de la habitación. Si para ir de un lado a otro siempre tienes que pasar enfrente de quien está viendo una película o platicando en el sillón, probablemente la distribución no sea la mejor.
Luis Marhuenda recomienda que, cuando el espacio lo permita, exista una circulación alrededor del sofá y no a través de la zona donde las personas descansan o conviven.
Puede parecer un detalle pequeño, pero cambia mucho la forma en que se usa la sala todos los días. Eso sí, mover el sofá unos centímetros no basta; también hay que cuidar la distancia con la mesa de centro y los demás muebles para que caminar siga siendo cómodo.
El truco que usan muchos interioristas
Aquí aparece un concepto que los diseñadores utilizan con frecuencia: el mueble flotante. Aunque el nombre suene complicado, la idea es bastante sencilla. Consiste en separar algunos muebles de las paredes para que ayuden a dividir visualmente los espacios.
Por ejemplo, en un departamento donde la sala, el comedor y la cocina comparten el mismo ambiente, el respaldo del sofá puede funcionar como una especie de frontera que organiza cada zona sin necesidad de construir un muro. Por eso este recurso aparece cada vez más en proyectos contemporáneos y viviendas con espacios abiertos.
Y no, tampoco hay que poner el sillón en medio del cuarto
Una de las dudas más comunes es pensar que separar el sofá significa dejarlo completamente aislado. No necesariamente, ya que en muchos casos basta con alejarlo entre 10 y 20 centímetros de la pared para que el espacio se perciba diferente.
Ese pequeño hueco crea profundidad, permite que la luz circule mejor y evita esa sensación de que todos los muebles están "pegados" alrededor de la habitación. No hace que la sala sea más grande, pero sí puede hacer que se vea más amplia.
Nuestro cerebro también interpreta los espacios
Hay una razón por la que algunas salas se sienten cómodas apenas entras y otras parecen incómodas aunque tengan muebles caros. La psicología ambiental lleva años estudiando cómo la distribución de un espacio influye en la forma en que lo percibimos. Cuando la circulación es clara y cada área tiene una función bien definida, el ambiente suele sentirse más ordenado, amplio y agradable.
Por eso muchos diseñadores prefieren empezar moviendo los muebles antes de recomendar una remodelación o comprar mobiliario nuevo. A veces el problema no está en la sala, está en cómo está acomodada.
Un consejo que también puede funcionar en muchas casas mexicanas
La idea de separar el sofá de la pared puede sonar extraña porque durante años nos acostumbramos a acomodar las salas de otra manera. Lo habitual era pegar todos los muebles al perímetro de la habitación y dejar el centro completamente libre, convencidos de que así el espacio se veía más grande.
Sin embargo, cada vez más diseñadores cuestionan esa lógica. Antes de recomendar una remodelación o comprar muebles nuevos, prefieren probar distintas distribuciones con los muebles que ya existen.
Y ahí está una de las mayores ventajas de este consejo: no cuesta un solo peso. Muchas veces pensamos que para transformar una sala hace falta cambiar el sofá, pintar las paredes o renovar la decoración, cuando mover un mueble unos centímetros puede hacer que el espacio se vea y se sienta completamente diferente.
No siempre hará milagros ni convertirá una sala pequeña en una enorme, pero sí puede cambiar la forma en que circulamos, convivimos y aprovechamos la habitación todos los días.
No funciona igual en todas las casas
Claro que tampoco existe una regla universal. Si la sala es muy pequeña, separar demasiado el sofá puede hacer justo lo contrario y dificultar el paso. Los propios diseñadores insisten en que la distribución siempre debe responder al tamaño de la habitación, la ubicación de puertas, ventanas y pasillos, así como a la forma en que vive cada familia. La idea no es seguir una tendencia, sino que la sala funcione mejor.
A veces la mejor remodelación cuesta cero pesos
Cuando pensamos en renovar una sala, solemos imaginar pintura nueva, muebles diferentes o una remodelación completa.
Pero muchas veces el cambio más importante consiste simplemente en mover lo que ya tenemos y esa podría ser la parte más interesante. Durante años pensamos que aprovechar el espacio significaba pegar todos los muebles contra la pared y hoy muchos diseñadores hacen exactamente lo contrario.
Primero encuentran el mejor lugar para el sofá y, a partir de ahí, dejan que el resto de la habitación se organice alrededor de él. No hace que la sala gane metros cuadrados, pero sí cambia la forma en que la recorremos, la usamos y hasta la manera en que la percibimos.
Y lo mejor es que no hace falta gastar un solo peso. A veces basta con hacer algo que parece ir contra la lógica: dejar unos centímetros entre el sillón y la pared.
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