En México, la mayoría de las casas no pasan por desarrolladoras ni siguen procesos formales. Más de 60% del parque habitacional se ha levantado mediante autoproducción, es decir, familias que construyen poco a poco, sin un marco técnico sólido. El dato define cómo viven millones de personas y también los riesgos estructurales que enfrentan.
Según un reporte de El Economista, esta realidad es uno de los ejes que el gobierno federal busca transformar con el nuevo Programa Nacional de Vivienda 2026-2030. La estrategia es ordenar lo que ya ocurre y dejar de ignorar el modelo predominante de construcción en el país.
La falta de lineamientos ha sido histórica. Aunque existen reglamentos para vivienda nueva, no hay guías claras para quienes construyen por su cuenta. El resultado son casas que crecen sin planeación, con problemas estructurales o sin acceso adecuado a servicios.
Rentar sigue siendo minoría, pero es clave
Mientras millones construyen como pueden, el mercado de renta sigue siendo sorprendentemente pequeño. Apenas representa 16% del parque habitacional, una cifra baja frente a otros países donde alquilar es la principal vía de acceso a vivienda.
Detrás de esto hay un problema estructural: la informalidad laboral. Más de la mitad de la población ocupada no puede acceder a créditos hipotecarios tradicionales, lo que los deja fuera del sistema formal. Según un reporte de El Economista, durante años las políticas públicas se enfocaron en trabajadores formales, dejando fuera a quienes no podían comprobar ingresos. El resultado es un sistema que no responde a la realidad laboral del país.
Por eso, el nuevo enfoque incluye impulsar esquemas como renta con opción a compra, especialmente dirigidos a jóvenes, además de establecer reglas claras que den certeza tanto a propietarios como a inquilinos.
Vivienda mal ubicada: el error que no quieren repetir
El rediseño no solo pasa por cómo se financia o se construye, sino también por dónde. Durante años, la política de vivienda generó desarrollos alejados de centros de trabajo, lo que derivó en abandono masivo.
Datos retomados por Expansión señalan que alrededor de 650,000 viviendas fueron abandonadas, en gran parte por su mala ubicación. La lejanía con empleos, servicios y transporte volvió inviables muchos proyectos.
El nuevo programa busca corregir esto con una apuesta distinta, construir vivienda cerca de infraestructura clave, especialmente proyectos ferroviarios y priorizar zonas intraurbanas. La idea es densificar ciudades, aprovechar terrenos subutilizados y evitar la expansión desordenada. Además, se plantea excluir zonas de riesgo y garantizar acceso a servicios básicos como agua, energía y transporte.
Cabe mencionar que tras la reforma constitucional de 2024, el enfoque dejó de ser “vivienda digna” para convertirse en “vivienda adecuada”. Ahora se consideran elementos como ubicación, acceso a servicios, seguridad estructural, asequibilidad y adecuación cultural. No basta con tener una casa: debe ser habitable en un sentido integral. Sin embargo, este concepto aún no está completamente aterrizado en la legislación secundaria, lo que representa uno de los pendientes del programa.
Un rediseño que reconoce la realidad
El Programa Nacional de Vivienda 2026-2030, publicado en el Diario Oficial de la Federación, plantea un cambio de fondo, que es aceptar que el modelo actual no funciona para todos y que la solución no vendrá de un solo actor.
El plan incluye coordinación entre gobierno, sector privado y distintos niveles institucionales, además de metas como la construcción de 1.8 millones de viviendas para población de bajos ingresos. También retoma ejes planteados desde su fase de diseño en 2025, como el enfoque de derechos humanos, la coordinación interinstitucional y un ordenamiento territorial más justo.
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