La nueva obsesión de la Generación Z durante el Mundial no es comprar la playera de México, sino modificarla

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El Mundial 2026 está cambiando una tradición: cada vez más aficionados mexicanos prefieren modificar su jersey antes que usarlo.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Hubo un tiempo en el que conseguir la playera oficial de la Selección Mexicana era el objetivo final de cualquier aficionado. El ritual previo a un Mundial era casi siempre el mismo: ahorrar para comprar el jersey oficial y usarlo tal como salía de la tienda. Pero con la Copa del Mundo de 2026 ya en marcha, esa costumbre parece estar cambiando.

En México, cada vez más aficionados, especialmente jóvenes, optan por personalizar sus jerseys con bordados, parches, pintura, pedrería o estampados hechos a mano. En redes sociales abundan videos de mujeres jóvenes e influencers que transforman una camiseta convencional en una pieza única, algo que hace apenas unos años habría parecido inusual para una prenda tan ligada a la identidad nacional.

Ya no basta con comprarla; ahora hay que hacerla propia

La tendencia refleja un cambio más amplio en la forma de consumir moda y deporte. Para muchos integrantes de la Generación Z, el valor de una playera no está únicamente en que sea oficial, sino en que exprese algo personal.

Por eso empiezan a aparecer jerseys con flores bordadas, ilustraciones inspiradas en la cultura pop, tipografías alternativas o detalles artesanales que nunca formarían parte del diseño aprobado por una marca deportiva. La camiseta deja de ser un uniforme idéntico para millones de personas y se convierte en una forma de diferenciarse.

El fenómeno también coincide con el auge de las redes sociales, donde mostrar una prenda personalizada puede generar tanta atención como el propio partido. En ese contexto, la originalidad se convierte en parte de la experiencia de ser aficionado.

En México, la personalización ya es un negocio

La tendencia también ha impulsado a pequeños negocios y talleres que ofrecen servicios de intervención textil. En ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, además de tiendas que operan exclusivamente a través de redes sociales, es posible encontrar emprendedores que agregan viniles, bordados, ilustraciones o estampados personalizados a prendas deportivas.

El hecho de que México sea sede del Mundial 2026 ha incrementado el interés por este tipo de servicios. Muchos aficionados buscan una playera que combine el apoyo a la Selección Mexicana con elementos que reflejen su propia personalidad y estilo.

La piratería también evolucionó

El fenómeno incluso ha transformado parte del mercado informal. Durante décadas, la piratería consistía principalmente en fabricar copias casi idénticas de los productos originales para venderlas a menor precio. Hoy, algunos talleres ofrecen algo distinto: jerseys con diseños completamente nuevos que jamás fueron comercializados por las marcas deportivas.

Hay propuestas que incorporan personajes de anime, mezclan símbolos mexicanos con ilustraciones contemporáneas o crean estampados exclusivos pensados para viralizarse en internet. En lugar de competir únicamente por precio, muchos buscan hacerlo también por creatividad.

Una forma distinta de expresar identidad

Este comportamiento coincide con el concepto de personalización masiva (mass customization), ampliamente estudiado en mercadotecnia y comportamiento del consumidor. La idea es que las personas valoran cada vez más productos que puedan adaptar a su estilo e identidad, incluso cuando parten de una base estandarizada.

Diversas investigaciones han encontrado que la posibilidad de personalizar un artículo incrementa el vínculo emocional con él y hace que los consumidores lo perciban como más representativo de su personalidad. En otras palabras, modificar un objeto puede hacerlo sentir más propio que comprarlo tal como salió de fábrica.

En el caso del futbol, eso significa que portar la misma camiseta que todos ya no siempre resulta suficiente. La experiencia se completa cuando el aficionado logra convertir esa prenda en algo propio.

Que México sea una de las sedes del Mundial ha contribuido a que esta práctica gane visibilidad. La expectativa por el torneo ha impulsado la demanda de jerseys, pero también la de servicios capaces de modificarlos y convertirlos en piezas irrepetibles.

El resultado es una escena curiosa: mientras algunos buscan la versión más fiel al uniforme que usarán los jugadores sobre la cancha, otros prefieren añadir elementos que nunca formarían parte del diseño oficial.

Una identidad que también se construye en redes sociales

Las plataformas digitales han acelerado este fenómeno. Un jersey intervenido no solo sirve para asistir a un partido o reunirse con amigos; también funciona como contenido para TikTok, Instagram o YouTube, donde un diseño original puede atraer miles de visualizaciones.

Esta tendencia también se relaciona con el auge de la llamada "economía del creador" y de la moda personalizada. En un entorno donde millones de personas comparten imágenes similares, contar con una prenda intervenida se convierte en una forma de diferenciarse y proyectar una identidad propia tanto en el mundo físico como en el digital.

En ese sentido, la camiseta deja de ser únicamente un símbolo deportivo para convertirse en una extensión de la identidad digital de quien la porta. Compartir cómo fue personalizada o mostrar el proceso creativo forma parte de la experiencia tanto como vestirla.

Más que una moda, un cambio cultural

Más que una moda, esta tendencia refleja un cambio en la manera de consumir productos culturales y deportivos. Durante décadas, la autenticidad consistía en tener la playera oficial; hoy, para muchos aficionados, consiste en apropiarse de ella y reinterpretarla.

En pleno Mundial de 2026, apoyar a México sigue siendo el objetivo. La diferencia es que cada vez más personas quieren hacerlo con una camiseta que no solo represente a la Selección, sino también a quien la lleva puesta. Esa transformación explica por qué los talleres de personalización, los bordados artesanales y las intervenciones creativas están ganando terreno justo cuando el futbol vuelve a ocupar el centro de la conversación.

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