
De manera simbólica, cedió el terreno por 10 dólares. Casi 30 años después lo han vendido por 10 millones
¿La filantropía y la gestión pública van de la mano? ¿Una buena acción puede vencer a las grandes empresas? O bien ¿hasta dónde dejaremos que el auge tecnológico invada nuestras tierras? Todas estas dudas se ponen sobre la mesa con la historia de un agricultor que donó sus terrenos para que se convirtieran en un parque infantil, pero el ayuntamiento local lo vendió a fin de construir un centro de datos.
Esta es la historia de Charles Bland, un agricultor originario de Texas que en 1999 quiso devolver algo a su pueblo natal, Taylor. Fue así que donó cerca de 35 hectáreas de sus terrenos con la única condición de que se utilizaran para crear un parque público. A cambio, el ayuntamiento local le dio la simbólica cantidad de 10 dólares. 27 años más tarde, decidieron comercializar el terreno. Ahora pertenece a Blueprint.
Vamos por orden. Para entender la situación debemos considerar que los terrenos de Bland, una vez cedidos, pasaron de mano en mano. Primeramente el agricultor concedió sus tierras a la Fundación de Parques de Texas para que se mantuvieran dentro de un fideicomiso y se respetara en un futuro para el uso exclusivo de parque infantil.
Como recaban en 404, el problema radica en que durante los años posteriores, la propiedad pasó a la Fundación de Parques del Condado de Williamson y de ahí a la propia ciudad. Para 2008, la finca nuevamente perteneció a alguien más tras una venta de 15,000 dólares. Así, formó parte de la Taylor Economic Development Corporation (TEDC).
La TEDC es una corporación sin fines de lucro financiada por la propia Ciudad de Taylor. Y si bien es una entidad separada, el ayuntamiento local es quien nombra a los cinco miembros de una junta directiva, la cual cambia de mandato cada tres años. Es así que llegamos a 2025, cuando la junta vendió parte del terreno a Blueprint.
Blueprint es una compañía enfocada a la venta de suplementos alimenticios, pero ahora planea hacer un centro de datos en la localidad tras una adquisición valuada en 10 millones de dólares. Según la propia página del TEDC, la planta de de Blueprint se utilizará para el almacenamiento de datos, alojamiento de sitios web y procesamiento de inteligencia artificial.
Con una inyección monetaria de mil millones de dólares, dicha planta contará con diversos edificios en lo que habrá una subestación de electricidad, generadores de respaldo y un sistema de enfriamiento de calor de circuito cerrado. Claro está, la violación a los deseos de Bland se puso en la mira de la población local.
Al enterarse de la venta y los planes del centro de datos, los vecinos de Taylor salieron a las calles a protestar. El lugar destinado a que los niños tuvieran dónde jugar ahora no solo sería parte de una compañía multimillonaria, sino que levantar una instalación de este calibre tendría repercusiones económicas para la comunidad, como facturas de luz más caras.
Pese a las protestas y denuncias de los residentes, el Ayuntamiento de Taylor insistió que el proyecto seguirá adelante. Es decir, no hay marcha atrás. Aunque claro, las autoridades locales insistieron en que la construcción generará alrededor de 30 millones de dólares en ingresos para la ciudad durante los próximos diez años.
Según indicaron, estos recursos podrían utilizarse para reducir impuestos, así como el financiamiento de infraestructura como calles, aceras, parques y otros servicios. Además, el premio de consolación es que de las 35 hectáreas totales, Blueprint solo utilizará 21. El restante aún pertenecerá la ciudad con la intención de construir una barrera que limite el impacto del centro de datos con los vecinos.
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