Este dron pesa solo 40 gramos y quiere acabar con los mosquitos de tu casa: ya logró derribar un insecto en pleno vuelo

Dron Mosquitos

El mosquito que no te deja dormir podría terminar enfrentándose a algo bastante más extraño que una chancla.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Un mosquito puede convertir una habitación tranquila en un campo de batalla. Lo escuchas cerca del oído, enciendes la luz y comienza la búsqueda: paredes, techo, cortinas, cama y nada; el insecto desapareció justo cuando más lo necesitas. Ahora una startup quiere que dejemos de perseguirlos nosotros: desarrolló un dron de apenas 40 gramos capaz de detectar, seguir e interceptar insectos mientras vuelan.

La empresa detrás del proyecto es Tornyol, una startup respaldada por Y Combinator que desarrolla pequeños cuadricópteros para detectar y perseguir insectos. La idea final es bastante ambiciosa: que uno de estos robots pueda patrullar una vivienda, encontrar mosquitos y acabar con ellos mediante una colisión directa, sin necesidad de llenar la habitación de insecticida.

El primer detalle importante es que el dron ya consiguió derribar una polilla en pleno vuelo. Eso demuestra que el concepto funciona al menos en determinadas condiciones, pero hay una distancia considerable entre perseguir una polilla en una demostración y pasar toda la noche cazando mosquitos dentro de una casa.

El dron no necesita ver al mosquito para encontrarlo

La primera sorpresa es que el pequeño robot no depende de una cámara para localizar a su objetivo. Tornyol utiliza pulsos ultrasónicos y una matriz de micrófonos para detectar los movimientos de los insectos y analizar los ecos que producen.

La idea tiene bastante sentido. Un mosquito puede desaparecer fácilmente entre los muebles, las paredes y las sombras de una habitación; si intentamos encontrarlo con una cámara, necesitamos que esté dentro del campo de visión. El dron, en cambio, intenta encontrar otra pista: el sonido que produce mientras mueve las alas y las alteraciones que provoca al desplazarse por el aire.

Para hacerlo, el sistema combina sensores ultrasónicos similares a los utilizados en algunos sistemas de asistencia para estacionamiento con una matriz de micrófonos MEMS. La empresa busca utilizar esa información para reconocer patrones acústicos relacionados con el movimiento de los insectos.

Dicho de otra forma, el robot primero tiene que resolver una pregunta que parece sencilla, pero no lo es: ¿qué está volando cerca de mí y dónde está? Porque encontrar algo que mide apenas unos milímetros mientras se mueve por una habitación ya es complicado; saber además qué es, lo es todavía más.

Después viene la parte difícil: perseguirlo

Detectar al insecto es apenas el primer paso. Ahora hay que conseguir que un cuadricóptero de 40 gramos pueda seguir a un objetivo que cambia de dirección constantemente y, para eso, el sistema tiene que combinar la información de sus sensores con algoritmos capaces de calcular dónde se encuentra el insecto y hacia dónde se está moviendo. Todo tiene que suceder prácticamente en tiempo real.

Piensa en lo que ocurre cuando intentas seguir una mosca con la mirada. Un segundo está frente a ti y al siguiente ya cambió de dirección. Para un robot que necesita interceptarla físicamente, ese pequeño retraso puede ser la diferencia entre acertar y quedarse volando en el lugar equivocado.

Tornyol ya mostró una demostración en la que el dron siguió una polilla y terminó interceptándola en pleno vuelo. La compañía presentó la prueba como su primer derribo aire-aire de un insecto, pero eso sí está demostrado; lo que todavía no está demostrado es que pueda hacer lo mismo con un mosquito.

Una polilla no es un mosquito

Y aquí conviene ponerle un poco de freno a la historia. La polilla utilizada en la demostración es considerablemente más grande que un mosquito; por lo tanto, el resultado demuestra que el sistema puede detectar, seguir e interceptar un insecto volador bajo determinadas condiciones, pero no que ya pueda entrar en una casa y encargarse de todos los mosquitos de la habitación.

Además, parte del procesamiento de aquella demostración todavía dependía de un sistema externo mediante una configuración de laboratorio conocida como hardware-in-the-loop. El siguiente paso es conseguir que toda la cadena de detección, procesamiento y control pueda funcionar directamente en la electrónica del propio dron.

Y eso cambia bastante las cosas. Un prototipo conectado a equipos de laboratorio puede demostrar que una tecnología funciona; un producto que tiene que volar solo dentro de tu casa durante horas necesita resolver muchos más problemas.

El problema de meter toda esa tecnología en 40 gramos

Los 40 gramos no son solamente un dato curioso para imaginar lo pequeño que es el robot. También explican buena parte del desafío. En ese peso tienen que caber sensores para detectar al insecto, procesadores para interpretar lo que ocurre, motores para perseguirlo, sistemas de navegación y una batería capaz de mantenerlo en el aire.

Y la batería es precisamente uno de los grandes problemas. Algunos reportes sobre el prototipo señalan que sus vuelos actuales están limitados a alrededor de tres minutos, seguidos de un periodo de recarga, por lo que está bastante lejos de la idea de un robot que pueda patrullar una habitación durante toda la noche.

Tornyol plantea una solución: una estación base desde la que el dron pueda despegar, patrullar una zona, regresar a recargarse y volver a salir cuando sea necesario. Sobre el papel suena bastante bien. 

En la práctica, significa que el robot tendría que hacer todo esto sin ayuda: despegar, encontrar un insecto, identificarlo, perseguirlo, interceptarlo, regresar a la estación, recargarse y volver a empezar, pero hacerlo sin estrellarse contra una pared, una ventana, un ventilador, una mascota o una persona.

La inteligencia está en saber qué perseguir

Aquí está probablemente uno de los puntos más interesantes del proyecto. No basta con construir un dron capaz de atacar cualquier cosa que vuele, si detecta una mosca y decide perseguirla, no está haciendo exactamente el trabajo que se supone que debe hacer.

La empresa explica que busca identificar insectos mediante sus firmas acústicas y los patrones relacionados con el movimiento de sus alas. En teoría, esto permitiría diferenciar un mosquito de una mosca, una avispa u otro insecto, y esa diferencia importa mucho.

Porque un robot que simplemente persigue todo lo que detecta podría terminar eliminando insectos que no representan ningún problema. El objetivo es justamente el contrario: encontrar al insecto correcto y actuar únicamente cuando lo haya identificado.

Por eso el ultrasonido no solamente sirve para saber dónde está algo, también podría aportar información para intentar determinar qué es. El dron, entonces, no sería simplemente una especie de cazador automático; sería un pequeño sistema de detección, identificación y seguimiento que además tiene que tomar una decisión en cuestión de segundos.

La idea es eliminar al insecto sin llenar la habitación de químicos

Y aquí es donde el proyecto empieza a tener una lógica diferente a la de un simple juguete tecnológico. Cuando queremos deshacernos de los mosquitos, normalmente actuamos sobre todo el espacio; encendemos un repelente, utilizamos insecticidas, colocamos trampas o intentamos reducir la población de insectos de alguna otra manera.

Tornyol propone hacer exactamente lo contrario: no tratar toda la habitación, sino encontrar al mosquito individualmente. Si el sistema consigue identificarlo correctamente, podría perseguirlo y eliminarlo mediante una colisión física y de esta manera no sería necesario rociar productos químicos por toda la zona.

Claro que eso también plantea una condición bastante obvia: el dron tiene que acertar. No tendría mucho sentido sustituir un insecticida por un robot que necesita perseguir durante minutos a cada mosquito que aparece, la tecnología tendría que ser lo suficientemente rápida y precisa para que el sistema resulte realmente útil.

Los mosquitos son mucho más que una molestia

Todo esto puede sonar como una solución para esas noches en las que un mosquito parece tener algo personal contra nosotros. Pero estos insectos son bastante más importantes que una simple molestia.

Dependiendo de la especie y la región, pueden transmitir enfermedades como dengue, Zika, chikungunya, fiebre amarilla y malaria. La Organización Mundial de la Salud estima que durante 2024 la malaria provocó alrededor de 610,000 muertes en todo el mundo.

Eso no significa que un dron de 40 gramos vaya a sustituir las estrategias actuales de salud pública. El control de mosquitos también depende de vigilancia epidemiológica, eliminación de criaderos, control de poblaciones y otras medidas que funcionan de manera conjunta, pero sí explica por qué encontrar nuevas formas de localizar y controlar estos insectos puede tener interés más allá de nuestra habitación.

México tiene un motivo muy concreto para mirar esta tecnología

En México, la conexión más evidente está en el dengue. La Secretaría de Salud mantiene vigilancia epidemiológica de la enfermedad y utiliza distintas estrategias para reducir la presencia del mosquito transmisor, desde brigadas y georreferenciación de zonas de riesgo hasta insecticidas y eliminación de criaderos.

Al corte de la semana epidemiológica 26 de 2026, México acumulaba 3,001 casos de dengue, frente a los 4,750 registrados durante el mismo periodo de 2025. Eso representaba una reducción de 36.8% respecto al año anterior.

Un dron de 40 gramos no reemplazaría ninguna de estas estrategias. Y hay una razón bastante sencilla: eliminar mosquitos adultos no resuelve por sí solo el problema de los criaderos donde comienza el siguiente ciclo.

Pero la tecnología sí podría imaginarse como una herramienta complementaria para determinados espacios. Si algún día consigue identificar mosquitos de forma precisa y eliminarlos de manera autónoma, podría servir para reducir la presencia de estos insectos en lugares concretos sin depender exclusivamente del control químico.

El verdadero reto será meterlo en una casa

Derribar una polilla en un entorno controlado es una cosa. Dejar que un robot de 40 gramos vuele solo por tu casa durante horas es otra completamente distinta. Ahí aparecen todos esos problemas que no necesariamente vemos en una demostración: personas caminando, mascotas, ventiladores, ventanas, muebles, corrientes de aire y espacios donde el insecto puede desaparecer de los sensores.

También está la batería. Si el dron solamente puede permanecer unos minutos en el aire, necesita regresar a su estación, recargarse y volver a despegar. Y todo esto tendría que ocurrir automáticamente.

Después está la seguridad. Un robot que vuela dentro de una habitación tiene que ser lo suficientemente ligero para minimizar riesgos, pero también necesita potencia suficiente para moverse rápidamente y realizar una intercepción. Sus hélices, sus cambios de dirección y las propias colisiones tendrán que estar perfectamente controlados antes de que pueda convivir con personas y mascotas.

El mosquito podría ser solamente el principio

Si Tornyol consigue resolver todos estos problemas, el proyecto podría terminar siendo algo más interesante que un simple robot cazamosquitos. Un sistema capaz de identificar insectos específicos y perseguirlos de manera autónoma podría utilizarse para el control selectivo de diferentes plagas. 

La condición, nuevamente, sería que pudiera distinguir correctamente entre las especies que deben eliminarse y las que deberían quedarse tranquilas. La empresa también plantea posibles usos en jardines, espacios públicos y otros lugares donde sea necesario controlar mosquitos, y algunas aplicaciones agrícolas podrían ser posibles en el futuro, aunque por ahora pertenecen más al terreno de las posibilidades que al de las demostraciones.

Y ahí vuelve a aparecer la misma pregunta: ¿qué tan bien puede distinguir el robot entre un insecto que debe eliminar y otro que debería dejar en paz? La respuesta determinará buena parte del valor real de esta tecnología.

Por ahora, el repelente puede quedarse en el cajón

El pequeño dron ya consiguió algo que hace unos años habría parecido bastante extraño: una máquina de apenas 40 gramos pudo perseguir e interceptar una polilla en pleno vuelo. Tornyol quiere llevar esa idea mucho más lejos

La compañía plantea vehículos capaces de patrullar de forma autónoma, regresar a una estación para recargarse y volver a salir en busca de nuevos objetivos; incluso ya acepta depósitos para reservar el producto, con envíos a Estados Unidos previstos para 2027.

Pero todavía hay una buena cantidad de preguntas por resolver. Tiene que demostrar que puede identificar mosquitos reales, perseguirlos de manera fiable, funcionar durante periodos prolongados y hacerlo de forma segura dentro de una vivienda.

Así que, por ahora, no hace falta guardar el repelente ni tirar las mosquiteras; lo que sí tenemos es un prototipo de 40 gramos que ya aprendió a perseguir un insecto por el aire. Ahora falta descubrir si también puede encontrar ese mosquito que aparece justo cuando apagamos la luz.

Imágenes | Pexels, Tornyol

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