Un video que muestra otra perspectiva del ataque ocurrido el 20 de abril en la Pirámide de la Luna, en Teotihuacán, comenzó a circular en redes sociales y rápidamente encendió el debate.
Las imágenes muestran los minutos previos a los disparos, con el agresor moviéndose entre turistas antes de iniciar el tiroteo. El video fue grabado por Joel Torres, un turista que visitaba la zona arqueológica junto a su familia desde Dallas, Texas, y posteriormente lo compartió en Facebook. En la grabación se observa cómo el atacante pasa frente a él y se dirige hacia un costado, donde comienza a prepararse antes del ataque.
La escena, sin embargo, no solo impacta por lo que documenta, sino por cómo está presentada. En X, varios usuarios cuestionaron que la cámara pareciera seguir al tirador desde antes del ataque, lo que llevó a teorías sobre si quien grababa sabía lo que iba a ocurrir. La respuesta, no obstante, está menos en la intención y más en la tecnología.
Así se vivieron los minutos antes del ataque en Teotihuacán
De acuerdo con reportes retomados por Milenio, el material fue captado por un turista que recorría la zona arqueológica cuando registró, sin saberlo, al hombre que minutos después abriría fuego. En el video se observa cómo el sujeto sube a la pirámide, se desplaza entre visitantes y se aparta en una zona donde deja su mochila y comienza a prepararse.
Minutos más tarde, se escuchan las detonaciones. El ambiente cambia de inmediato: gritos, confusión y personas descendiendo apresuradamente por las escaleras. Autoridades del Estado de México informaron que el saldo fue de dos personas fallecidas —incluido el agresor, identificado como Julio César Jasso Ramírez, de 27 años— y al menos 13 heridos.
Las investigaciones preliminares apuntan a que el ataque no fue espontáneo. De acuerdo con autoridades estatales, el agresor habría planeado su incursión, visitando previamente la zona arqueológica y hospedándose en hoteles cercanos para estudiar el lugar.
Además, la Fiscalía ha señalado que el perfil del agresor presenta rasgos psicopáticos y una posible conducta de imitación (“copycat”), influenciada por hechos violentos ocurridos en el extranjero. Entre sus pertenencias se hallaron manuscritos, imágenes y referencias a ataques como el de Columbine —la masacre ocurrida el 20 de abril de 1999 en una preparatoria de Colorado, Estados Unidos, donde dos estudiantes asesinaron a 13 personas—, lo que sugiere una fascinación por este tipo de eventos
La razón por la que el video 360 de Teotihuacán confundió a muchos en redes
Tras su difusión, el video generó cuestionamientos en X. Algunos usuarios señalaron que el encuadre parecía demasiado preciso, como si quien grababa hubiera decidido enfocar únicamente al agresor desde el inicio.
Ese detalle llevó a especulaciones sobre un posible montaje o conocimiento previo del ataque. Sin embargo, esta interpretación parte de una suposición incorrecta: que el video fue grabado con una cámara tradicional que solo registra lo que está frente al lente.
Sin embargo, la realidad es que el video fue grabado con una cámara 360, un tipo de dispositivo que cambia por completo la lógica de grabación.
Por qué las cámaras 360 pueden “seguir” a alguien sin hacerlo
A diferencia de una cámara convencional, las cámaras de acción 360 —como las de Insta360— utilizan dos lentes gran angular opuestos que capturan entre 180 y 182 grados cada uno. Mediante un proceso llamado stitching, el software une ambas tomas y genera una imagen esférica completa, lo que permite registrar todo el entorno en una sola grabación, normalmente en resoluciones altas como 5.7K u 8K.
Esto cambia por completo la forma de grabar. El usuario no necesita decidir hacia dónde apuntar en el momento, porque todo queda registrado. Después, desde una aplicación, puede reencuadrar el video moviendo la “vista” dentro de la escena, utilizando keyframes para definir qué ángulo mostrar en cada momento o incluso apoyarse en inteligencia artificial que sigue automáticamente a una persona dentro del plano.
Además, estas cámaras integran estabilización avanzada para suavizar movimientos y funciones como el “palo invisible”, que elimina digitalmente el soporte y crea la sensación de que alguien más está grabando. Asimismo, la edición es no destructiva, lo que significa que el encuadre puede modificarse varias veces del archivo original sin perder calidad.
En este contexto, el efecto de que la cámara “sigue” al agresor no implica que el que grabó lo estuviera enfocando en tiempo real. Sino que es una decisión de edición posterior, sobre un archivo que capturó toda la escena desde el inicio.
El caso también expone cómo interpretamos los videos en la era digital
Más allá del impacto del suceso, la viralización del video revela un problema recurrente en las redes sociales: la falta de contexto sobre cómo se producen las imágenes que consumimos. En un entorno donde herramientas de edición y la inteligencia artificial son cada vez más comunes, la percepción puede distorsionarse con facilidad.
En este contexto, lo ocurrido en Teotihuacán no sólo abre preguntas sobre seguridad en espacios públicos, sino también sobre alfabetización digital. Entender la tecnología detrás de un video es clave para no confundir una edición con una intención.
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