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Cinco meses con Windows 8

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En diciembre pasado renové mi laptop luego de cuatro años con mi Toshiba Satellite T135 SP la cual tenía Windows 7. Jamás le hice mantenimiento alguno de software o hardware, ni tampoco una limpieza. Nunca me falló. Admito que en su último año conmigo era ya lenta. Le pesaba mucho arrancar y su procesador Pentium no ayudaba del todo.

El comprarme una nueva no era cualquier decisión. De ella como y paso al menos 10 horas diarias usándola. De aquí que invertí buen tiempo buscando la que pensé sería la idónea. Mi presupuesto tenía el límite de 15 mil pesos. Sabía que el hardware no iba ser mi temor, sino migrar a Windows 8 el cual ya había probado con anterioridad.

Cuando recién se estrenó Windows 8 (W8) allá por octubre de 2012 tenía ya en mente comprar una Laptop nueva. Pero al ver la recién estrenada interface del sistema operativo de Microsoft me hizo esperar. En cambió opté por aprovechar la oferta de hacerme con W8 por $599 e instalarla en mi Toshiba.

Toshiba T135
Cuatro años juntos (2009-2013)

Y así lo hice. Lo instalé pero el gusto me duró poco pues arruinó mi Laptop. En un artículo relaté lo sucedido y aunque mi experiencia con W8 no fue del todo desagradable decidí mejor esperar al siguiente Santa Claus.

Un año después

Con mi añeja Toshiba pidiéndome ya morir en paz decidí que en diciembre de 2013 sería el momento de dejarla partir. Inicié la búsqueda de la sucesora teniendo en cuenta que W8 entregaba experiencias distintas con una laptop touch a una sin esta característica, toda vez que fue diseñada para la primera.

Otra cuestión eran las múltiples críticas que recibía. Mis padres habían comprado sus laptop con W8 y uno de ellos decidió mejor removerlo y cargarle W7, mientras mi madre era frustración tras otra. Un colega del trabajo más conocedor en el tema de las computadoras me recomendó no comprar una con W8, incluso él a las pocas semanas compró una con el sistema anterior.

Había una cosa más. Me había familiarizado ya con el uso de Google Docs en la nube y explotaba todo su potencial y seguridad que brindaba. Siendo así, la cada vez más popular en ventas llamada Chromebook se me hacía muy atractiva y habiéndola probado me daba casi todo lo que necesitaba a un precio muy atractivo excepto una cosa; Office instalado en la laptop y no en la nube, pues no me sirve por el problema de la conectividad.

¿Comprar una Mac? Tampoco era opción. ¿La razón? Power Point. Por mi trabajo uso mucho este programa informático y con quienes interactúo la inmensa mayoría usa Windows. Al elaborar Power Points en Mac y luego remitirlos a Windows algunas láminas con ilustraciones y gráficos se desconfiguraban. Al cliente no podía decirle un “arréglalo tú por fa”. Mi opción entonces era seguir con Windows en su versión 7 u 8.

El futuro aunque sea riesgoso

Luego de casi año y medio en el mercado, W8 sigue sin tener el éxito en ventas de W7 a la misma edad. Pero no olvidemos que el escenario es muy, pero muy distinto a cuando salió W7 (octubre 2009) a W8 (octubre 2012) y hay dos razones principales; a) la presentación de iPad en 2010 y b) consolidación de Android como el sistema operativo más popular del mundo. Ambos han hecho que la venta de PCs y laptops con Windows esté en declive.

Pero lo anterior es otro tema y me concentro en mis dos opciones. Decidirme por W7 era claramente la opción del pasado. Dado el periodo de vida que tienen las laptops para conmigo (cuatro años), el comprar una W7 significaba estancarme con dicho sistema operativo no por tales años sino por ¡nueve años!; cinco de su lanzamiento y los cuatro que estaría conmigo.

W7
Windows 7 ya es pasado

A lo anterior debo agregar dos cosas más; a) la laptop con W7 seguramente no sería actualizable a Windows 9 (W9), el cual se rumora llegaría en 2015, y b) las laptops con W7 no ofrecen características técnicas y estéticas que ofrecen aquellas con W8. En otras palabras; W7 no tiene Ultrabooks. Ahora bien, la opción de mi colega de trabajo también era apetecible; comprar una laptop con W8 y luego instalarle W7, garantizándome de este modo una potencial migración a W9. Sin embargo, soy de los que piensan que cualquier alteración a un objeto original jamás volverá ser…original.

Estas fueron entonces mis razones por las cuales opté por comprar una W8, aun y con sus “riesgos”, pues es el futuro. La siguiente pregunta era ¿cuál Ultrabook comprar?

No citaré un largo listado de Ultrabooks que consideré para sustituir a mi Toshiba. Me concentraré en las dos finalistas para luego pasar a mi experiencia con W8 en estos cinco meses. Tres factores eran importantes para mí; peso, tamaño de pantalla y touch. No quería algo mayor a mi Toshiba, pues los viajes en mi trabajo son constantes y por lo mismo la movilidad importa, pero tampoco quería algo tan pequeño como la Surface Pro 2 con su pantalla de 10.6 pulgadas y que, si bien se acercaba a mi límite de 11 pulgadas, su teclado no me convencía.

Siendo así la primera finalista fue la hermosa Sony Pro ya sea en sus versiones de 11.6 o 13.3 pulgadas. Su diseño, su bajo peso (alrededor de 1kg) y la resolución de su pantalla eran encantadores aunque su precio superaba por poco mi barrera de los 15 mil pesos. La segunda opción era la muy funcional Lenovo Yoga 11S o Yoga 13 las cuales, como su nombre lo indica, tienen un acomodo de pantalla fenomenal. Mi decisión fue por la Yoga 11S y en estos cinco meses la he disfrutado de lo lindo, que incluso ahora uso mucho menos mi tablet Nexus 7 (2012).

LYoga
Lenovo Yoga 11S. Ahora uso menos mi tablet

Cinco meses

Luego de cinco meses mi experiencia con W8 ha sido agridulce. Digamos un poco más dulce que agría pero nada más. A continuación cito las razones:

  • Un software todavía pesado: A pesar de que W8 toma segundos para arrancar del estado “dormido” el software todavía se siente pesado comparándolo con un Chromebook o iOS. Y digo iOS y no OS porque a estas alturas iOS es su competencia debido al diseño mismo de W8 y que es transversal para todos los dispositivos. Sigo sin entender porque Microsoft instala tantos programas que no se usan en una laptop. Sería mejor que los pusiera en su tienda y que cada quien baje/compre los que quiera. De este modo se hubiera ahorrado su fiasco con RT.
  • Apps que funcionan limitadamente: Me gusta escuchar música cuando trabajo y dos apps para mí esenciales son la de Música y TuneIn. En el modo Metro la primera en ocasiones no funciona y en la segunda no puedo hacer “log in” pues esta función no existe todavía, por lo tanto no puedo acceder a mis estaciones.
  • Dos mundos que siguen divorciados; Microsoft avanzó mucho con la actualización de W8 a W8.1 pero hay cosas por mejorar. Es cierto que cuando estas en el mundo Metro puedes hacer visible temporalmente la barra de tareas. Lo ideal sería que la visibilidad fuera permanente para hacer precisamente mayor uso de las apps. Hoy por hoy casi no paso al mundo Metro porque me bloquea ver el mundo Windows al que estoy acostumbrado. Otra mejora Microsoft; haz que el mundo Metro se reduzca a placer tal como cualquier ventana.
  • Touchscreen lento: Debe reconocerse que lo que busca hacer Microsoft no lo ha intentado ni Google ni Apple y esto es que un sistema computacional tipo peso completo funcione como si fuera un sistema para smartphone o tablet. Pero si quiere seguir en la pelea Microsoft debe lograrlo a la brevedad y esto pasa por mejorar la experiencia touchscreen, misma que en ocasiones se ralentiza y se hace lento.
  • Tienda de apps con surtido limitado; Este es otro reto mayúsculo de Microsoft y es hacer que programadores generen apps para W8.1 pues la tienda posee un surtido corto y esto pasa por hacer que Google y otros pesos pesados sí o sí diseñen apps para su tienda.

En lo general considero que Microsoft va por buen camino con el desarrollo del nuevo Windows diseñado para todo tipo de dispositivos, pero debe ir todavía más rápido pues sus dos competidores han conquistado la fe del mercado y esto es algo muy difícil de echar abajo. Muchas de sus Ultrabooks son hermosas y la nueva Surface Pro 3 es de otro nivel. De hecho de haber sabido en diciembre que venía una Surface con pantalla más grande y teclado mejorado muy posiblemente hubiera esperado para comprarla.

Pero el hubiera no existe y por ello Microsoft debe apurarse en la consolidación de Windows 8 (o ya 9) y aprovechar al máximo una de las fortalezas que nadie más posee al momento; su presencia en toda la cadena de tecnología. El tiempo se agota.

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