
Los mangakas tienen una razón muy práctica para llevar a sus personajes a un acuario.
¿Cuántas veces has visto en un manga romántico japonés que dos personajes consiguen una cita y, cuando llega el momento de decidir a dónde ir, terminan en el mismo lugar: un acuario? Es una de esas escenas que se repiten tanto que ya casi forman parte del género, al nivel de los festivales, los fuegos artificiales o la cafetería donde alguien finalmente confiesa lo que siente.
No importa demasiado si son estudiantes, adultos, una pareja que apenas comienza a conocerse o dos personas que llevan media historia evitando admitir lo que sienten. Tarde o temprano pueden terminar frente a un enorme tanque de agua, mirando peces o medusas mientras la trama hace lo suyo y alguno de los dos empieza a sospechar que quizá esa salida no era tan inocente como parecía.
Una persona en X hizo precisamente esa pregunta: ¿por qué los acuarios aparecen tantas veces cuando un manga necesita un escenario para una cita? La respuesta de una ilustradora japonesa llamó la atención por algo que probablemente muchos lectores nunca habían considerado: también tiene que ver con cuánto cuesta dibujar cada escenario. Y cuando se piensa en todo lo que tiene que aparecer en una viñeta, la explicación empieza a tener bastante sentido.
Dibujar un parque de diversiones es mucho más trabajo
La respuesta puede sonar a broma hasta que uno piensa en todo lo que hay que dibujar. Un parque de diversiones puede ser espectacular para el lector, pero también puede convertirse en un auténtico dolor de cabeza para quien tiene que reproducirlo viñeta por viñeta, especialmente cuando los personajes pasan buena parte de la escena caminando por ahí.
Hay montañas rusas, ruedas de la fortuna, estructuras metálicas, puestos de comida, letreros, juegos, edificios, barandales y, sobre todo, personas. Y no basta con dibujar una montaña rusa una vez y olvidarse de ella: cuando los personajes cambian de posición, el fondo también tiene que cambiar, mientras las estructuras deben conservar cierta coherencia entre una viñeta y otra.
A eso hay que sumarle la perspectiva, los diferentes ángulos y la multitud alrededor. Una escena que para el lector dura apenas unas páginas puede representar para el dibujante decenas de decisiones visuales y muchas horas de trabajo; en un manga con entregas frecuentes, cada una de esas horas cuenta y el problema se multiplica cuando el escenario vuelve a aparecer.
La ilustradora respondió al comentario con una idea bastante sencilla: el parque de diversiones tiene un costo de dibujo alto y ese costo importa. Un manga no se produce como una ilustración aislada que puede perfeccionarse durante días; es una historia que necesita decenas de páginas, personajes, escenarios y momentos distintos. Cada detalle que aparece en el fondo también consume tiempo.
El acuario resuelve el problema de otra manera
Aquí es donde el acuario empieza a tener ventaja. También puede ser enorme y complejo, pero ofrece algo que resulta muy conveniente para un mangaka: zonas oscuras y fondos mucho más fáciles de controlar visualmente.
Un tanque gigante puede ocupar prácticamente toda una viñeta, mientras una pared oscura, algunos reflejos y una fuente de luz pueden ser suficientes para indicar dónde están los personajes.
No hace falta dibujar un edificio completo, una montaña rusa de varios niveles o cientos de personas para que el lector reconozca el lugar. Un enorme tanque de medusas, unas luces y dos personajes caminando juntos pueden hacer prácticamente todo el trabajo. El fondo sigue estando ahí, pero no necesita competir con los protagonistas.
Además, los personajes pueden permanecer relativamente quietos. Pueden caminar despacio, detenerse frente a un tanque y simplemente mirar lo que tienen delante, mientras el entorno aporta movimiento y luz.
Eso permite que el manga centre la atención en sus expresiones, una conversación, una mirada incómoda o ese momento en el que uno de los dos accidentalmente se acerca demasiado al otro. Para una historia romántica, eso es oro, y para quien tiene que dibujar la escena, también puede ser una solución bastante práctica.
No es solamente porque sea más fácil de dibujar
Aquí está la parte importante: reducir todo a que "los acuarios son fáciles de dibujar" sería quedarse corto. La propia ilustradora terminó matizando su respuesta y explicó que no elegiría siempre un acuario solamente para ahorrar tiempo, y si la historia necesita una montaña rusa, una atracción o cualquier otro escenario, simplemente se dibuja.
El acuario tiene además una ventaja narrativa que el parque de diversiones no siempre ofrece. La iluminación suele ser más tenue, los personajes pueden quedar rodeados de colores y reflejos y existen espacios donde dos personas pueden caminar juntas sin necesidad de estar hablando todo el tiempo. El escenario puede hacer parte del trabajo emocional.
Incluso los grandes tanques funcionan como una especie de escenario natural para una conversación íntima. La autora señaló otras ventajas de los acuarios: permiten crear situaciones inesperadas, tienen elementos que lucen bien en la página y ayudan a generar cierto mood romántico sin tener que construir visualmente todo un mundo alrededor de los personajes.
Es decir, el mismo escenario que puede simplificar el trabajo también puede mejorar la escena. No es que los mangakas hayan descubierto una forma de trabajar menos; encontraron un lugar que puede funcionar para la historia y, al mismo tiempo, resultar manejable desde el punto de vista de la producción.
Un acuario también cambia el ritmo de la historia
Hay otra diferencia que resulta especialmente útil en una historia romántica. Un parque de diversiones está diseñado para el movimiento: los personajes pueden subirse a una atracción, correr, gritar, competir por un premio o atravesar una multitud; es un escenario naturalmente caótico y lleno de cosas que suceden al mismo tiempo.
Un acuario hace casi lo contrario. Los personajes pueden caminar despacio, detenerse frente a un tanque y observar algo durante unos segundos; la iluminación baja el ritmo y permite que una página tenga mucho espacio visual alrededor de los protagonistas sin que necesariamente parezca que está pasando poco.
Una conversación que en una cafetería podría parecer demasiado estática cambia por completo cuando detrás de los personajes hay un gigantesco tanque de medusas moviéndose lentamente. El fondo aporta movimiento y ambiente sin obligar a los protagonistas a hacer gran cosa.
Y ahí aparece otra de las razones por las que este lugar funciona tan bien para el romance: el acuario permite que la escena sea tranquila sin ser visualmente aburrida. No necesitas representar una atracción de 30 metros para llenar una viñeta; unas medusas, algunos reflejos y dos personajes pueden ser suficientes para contar lo que está ocurriendo.
Los escenarios también tienen que contar una historia
Esto conecta con algo del manga que puede pasar desapercibido. Los escenarios no están ahí únicamente para decirle al lector dónde está parado un personaje; también ayudan a transmitir cómo debería sentirse una escena: un festival nocturno puede asociarse con emoción y nostalgia, una playa puede crear sensación de libertad y una cafetería puede favorecer una conversación tranquila.
Un acuario puede hacer varias cosas a la vez: bajar el ruido visual, oscurecer el entorno, aislar a los personajes del mundo exterior y crear una fuente de iluminación que no compita demasiado con ellos. Es casi como tener parte de la dirección de fotografía resuelta antes de empezar a dibujar.
Que existan materiales de referencia específicamente orientados a artistas de manga también muestra que los fondos no son un detalle menor. Hay colecciones de fotografías pensadas para ayudar a representar lugares y situaciones como parques de diversiones, zoológicos, acuarios, museos, parques y estaciones, precisamente porque encontrar y construir esos escenarios forma parte del trabajo.
Una colección japonesa publicada por MdN, por ejemplo, fue diseñada como referencia visual para escenas de citas, encuentros y rupturas. Para el lector puede ser simplemente el fondo de una página; para quien dibuja, tener una buena referencia puede ahorrar una buena cantidad de trabajo y ayudar a mantener la coherencia visual de una escena.
Dragon Ball demuestra que el problema no es solamente el fondo
Y esto no ocurre únicamente con los escenarios. El mismo principio puede aplicarse a los propios personajes: un diseño puede verse increíble en una página y convertirse en una pesadilla cuando hay que repetirlo cientos de veces. Akira Toriyama experimentó algo parecido durante Dragon Ball, y uno de los ejemplos más conocidos es Cell.
El personaje no necesariamente le daba problemas por su anatomía, sino por algo mucho más sencillo: las numerosas manchas que cubrían su cuerpo. Cada vez que aparecía, esas marcas tenían que volver a dibujarse y mantenerse consistentes en diferentes poses, ángulos y transformaciones.
Toriyama llegó a lamentar haber creado ese diseño precisamente por la cantidad de trabajo que implicaba. Y ahí aparece la misma lógica que explica la elección de ciertos escenarios: lo que funciona visualmente para el lector también tiene un costo para quien lo dibuja.
Visto así, el acuario y las manchas de Cell tienen algo en común. No significa que ambos diseños sean malos ni que los autores elijan siempre la opción más sencilla; significa que, cuando una historia tiene que producirse durante meses o años, la cantidad de detalles que exige cada página también forma parte de las decisiones creativas.
Entonces, ¿por qué no usan siempre parques?
Porque el manga no necesita solamente un lugar bonito. Necesita un escenario que funcione para la historia, para la página y para el calendario de producción; un parque de diversiones ofrece muchísimas posibilidades, pero también exige representar una cantidad enorme de información visual cada vez que los personajes se mueven por él.
Un acuario puede ofrecer menos variedad arquitectónica y, precisamente por eso, darle más espacio a los personajes. Puede ser un escenario reconocible, visualmente atractivo y capaz de generar una atmósfera romántica sin llenar cada rincón de edificios, estructuras y multitudes.
Eso no significa que todos los mangakas utilicen acuarios deliberadamente para ahorrar horas de trabajo ni que todos los parques sean complicados de dibujar. Son decisiones que dependen del autor, del estilo artístico, del tiempo disponible y de las necesidades de cada historia.
Pero la observación de la mangaka pone sobre la mesa algo que los lectores normalmente no vemos: cada fondo que aparece en una viñeta tuvo que ser dibujado por alguien.
Por eso los acuarios pueden aparecer tantas veces
Cuando ves por enésima vez a una pareja de manga frente a un tanque de medusas, resulta fácil pensar que los autores simplemente están repitiendo la misma idea. También puede ser que estén aprovechando un escenario que ofrece varias ventajas al mismo tiempo: una cita reconocible, iluminación, movimiento, aislamiento visual y espacio para conversaciones íntimas.
A todo eso se suma algo mucho menos romántico, pero bastante práctico: puede ser menos costoso de dibujar que una montaña rusa rodeada de cientos de personas. La elección no tiene que ser exclusivamente artística o exclusivamente económica; puede resolver las dos cosas al mismo tiempo.
En otras palabras, el acuario no solamente es un buen lugar para enamorarse, también es un buen lugar para dibujar que dos personajes se están enamorando. Le da al lector la sensación de estar ante una escena especial mientras permite al autor controlar mejor todo lo que ocurre alrededor.
Así que la próxima vez que una pareja de manga termine frente a un tanque de medusas, quizá valga la pena mirar el fondo de otra manera. Mientras el lector ve una cita romántica, el mangaka también puede estar viendo algo mucho menos poético: un escenario que permite contar la historia sin obligarlo a dibujar una montaña rusa completa.
El lector ve una cita; el mangaka también ve horas de trabajo
Esa podría ser la parte más divertida de toda esta explicación. Cuando un lector mira una viñeta de una pareja frente a un acuario, probablemente piensa en romance, confesiones o en el clásico momento incómodo en el que ninguno de los dos sabe qué decir.
Quien está detrás del manga, en cambio, también tiene que pensar en algo mucho menos romántico: cuánto tiempo va a tomar dibujar todo lo que aparece alrededor. Y ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo; un escenario puede funcionar perfectamente para la historia y, además, ser una decisión inteligente desde el punto de vista de la producción.
Un buen escenario para manga no es únicamente el que queda bonito en la página; también es el que permite contar lo que necesita la historia sin obligar a llenar cada centímetro de edificios, estructuras y multitudes. En ese sentido, el acuario tiene una combinación difícil de superar: es reconocible, visualmente atractivo y narrativamente útil.
Así que quizá los peces no sean tan románticos después de todo. Tal vez el verdadero secreto de las citas en el manga sea mucho más terrenal: el lector ve una cita; el mangaka también ve horas de trabajo.
Imágenes | Sueisha, Crunchyroll, Netflix
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