CDMX enfrenta un problema serio con las multas a motociclistas. Entre el 1 de enero de 2023 y el 11 de febrero de este año, la Subsecretaría de Tránsito de la Secretaría de Seguridad Ciudadana aplicó 417, 314 sanciones. La cifra ya supera la mitad del parque de motos que hoy circula en la capital, calculado en 800,000 unidades.
El dato también explica la presión que vive la calle todos los días. En los tres años recientes, autoridades capitalinas levantaron en promedio 357 infracciones diarias a personas que viajaban en moto. Ya no se trata de casos aislados. El fenómeno tomó tamaño de crisis por la frecuencia y por la cantidad de faltas detectadas.
Parte de esas sanciones tuvo origen en conductas muy visibles. Ahí aparecen motos en carriles confinados, competencias de alta velocidad y viajes con más pasajeros de los que marca el Reglamento de Tránsito. También quedaron registradas faltas por no portar licencia, tarjeta de circulación o placas.
El problema sube de nivel cuando entra la seguridad. La autoridad detectó casos de personas que transportaban menores de edad, de conductores con alcohol por arriba del límite legal y de motociclistas sin casco protector. En esos puntos, la multa no solo castiga una falta. También busca frenar prácticas que elevan el riesgo de un accidente.
La consecuencia no termina en la infracción. En 2023, 2024 y 2025, agentes remitieron 217 mil 577 motocicletas a depósitos vehiculares. La cifra deja claro que la vigilancia también golpea el bolsillo y el tiempo de cada persona sancionada, porque recuperar una moto del corralón rara vez resulta simple.
La Secretaría de Movilidad de CDMX ya había advertido que las motocicletas figuran entre los vehículos con mayor presencia en hechos de tránsito. El crecimiento del parque vehicular ayuda a explicar esa realidad. Más motos en circulación implican más recorridos, más exposición al riesgo y más posibilidades de caer en una falta.
¿Más motos más infracciones?
Dorian Bautista Hernández, investigador de la UNAM y especialista en transporte urbano, explicó a La Jornada que el aumento de unidades también empuja el número de infracciones. Desde esa visión, las reglas pueden verse correctas en papel, pero el reto real está en la forma en que la autoridad las aplica. La sanción solo funciona si logra cambiar hábitos al volante.
El cierre de esta historia apunta a un vacío que la ciudad no ha resuelto. Hacen falta campañas de educación vial y un filtro más serio para otorgar licencias, porque hoy basta el pago para obtener permiso de auto o moto sin examen práctico ni prueba sobre el reglamento. Por eso la epidemia de multas en CDMX no solo revela mano dura. También exhibe una falla de formación que lleva años sin atención.
Imagen | Policía CDMX
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