Nissan evaluó trasladar producción de Sentra y Kicks de México a EE. UU. para evitar aranceles, pero desistió: su precio subiría demasiado

Adolfo Reséndiz

Editor

Nissan ya revisó una salida que parecía lógica para esquivar el arancel de 25% a autos hechos en México. La marca estudió mover la producción de Sentra y Kicks a Estados Unidos. El problema apareció muy rápido. Las cuentas no dieron y el plan perdió fuerza, de acuerdo con un reporte de Automotive News basado en declaraciones de altos directivos de la firma.

La razón pesa mucho más de lo que parece. Sentra y Kicks viven en la parte más sensible del mercado. Ahí cada dólar importa y cada aumento puede sacar al cliente del concesionario. Iván Espinosa, director ejecutivo de Nissan, explicó que ambos modelos salen de México justo porque ese origen permite llegar al precio que exige ese segmento. Llevar el ensamble final a territorio estadounidense rompería ese equilibrio.

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Nissan Kait que sustituiría a Kicks.

Esa decisión no solo toca a la planta. También toca la esencia comercial de ambos vehículos. Sentra y Kicks fueron piezas clave para Nissan en Estados Unidos el año pasado. Entre ambos aportaron casi 30% de las ventas de la marca en ese país. Perder competitividad en esos dos frentes pondría en aprietos la presencia de Nissan en la gama de entrada, que hoy sigue como terreno vital para captar volumen.

El arancel de 25% cambió todo el tablero. Christian Meunier, presidente de Nissan Americas, lo calificó como una carga injusta, sobre todo al compararlo con el 15% que pagan autos de Europa y Corea del Sur. Para la marca, una tasa de 10 o 15% aún puede absorberse con ajustes finos. El 25% ya entra en otra categoría. Ahí el golpe deja de ser presión y pasa a ser amenaza seria para la rentabilidad.

Hasta este punto, Nissan no ha soltado el costo completo sobre el cliente en Estados Unidos. La empresa ha preferido comerse parte del impacto antes que disparar precios de forma general. También ha recortado incentivos de manera selectiva y mantiene la mira sobre cada movimiento de la competencia. Esa ruta revela algo importante. Nissan sabe que tiene poco margen para cobrar más en ese mercado, mucho menos en modelos que viven de ofrecer valor claro por debajo de 30,000 dólares.

La situación cambia si se mira hacia México. Aquí la marca tiene más fuerza para fijar precios gracias a una posición histórica mucho más sólida. En Estados Unidos no cuenta con ese mismo colchón. Por eso mover la producción de Sentra y Kicks fuera de México no luce como salida real. El remedio podría salir más caro que la enfermedad. Fabricarlos en suelo estadounidense elevaría el precio final justo en dos productos que dependen de ser accesibles para vender bien.

Nissan Sentra desde el interior.

El Plan B de Nissan

Ante ese panorama, Nissan eligió otra ruta. La empresa acelera recortes internos, revisa la gama de productos y exige a ingeniería y compras exprimir cada ahorro posible. También da prioridad a versiones con mejor margen para el mercado estadounidense y busca elevar el contenido de piezas hechas en Estados Unidos dentro de autos armados en México. Con esa mezcla intenta bajar la exposición al arancel sin romper la fórmula comercial que hoy sostiene a Sentra y Kicks.

La presión ya llegó al terreno político. Nissan pide apoyo tanto a Washington como a Ciudad de México para buscar una reducción en el costo de importación de vehículos más baratos. El mensaje de la marca es claro. La producción mexicana no solo sirve para vender autos accesibles. También sostiene empleos en Estados Unidos por la vía de autopartes y por trabajo de ingeniería desde su centro de investigación en Michigan. Por ahora, Sentra y Kicks siguen atados a México, no por costumbre, sino porque ahí todavía está la única ecuación que hace sentido.

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