
Una mecánica tan básica que ellos mismos la reparan sobre la marcha
¿Hasta dónde puede llegar una motocicleta? Para Benno y Thecla, la respuesta parece no tener fin. Utilizando una modesta Royal Enfield de 1982, esta pareja lleva recorridos más de 580,000 kilómetros por los rincones más remotos del planeta.
Benno adquirió el vehículo usado en los Países Bajos por lo que hoy equivaldría a menos de 41 mil pesos. Lo que arrancó como una primera ruta de unos 8,000 kilómetros por Europa del Este pronto se convirtió en un auténtico estilo de vida.
Sencillez mecánica antes que tecnología punta
El secreto de su longevidad radica en su simpleza: un bloque de 350 cc con carburador, 17 caballos de fuerza y una arquitectura libre de electrónica o sistemas complejos. Desde luego, los conocimientos mecánicos de Benno resultaron indispensables, pues sabía que en un trayecto de esta envergadura las herramientas tendrían que salir a relucir con frecuencia.
Hacia 1986, la pareja decidió subir la apuesta e iniciar una serie de expediciones por los terrenos más desafiantes del globo, enfrentando desde desiertos abrasadores y cordilleras escarpadas hasta temperaturas bajo cero.
En pleno desierto del Sahara, por ejemplo, la ligera Bullet demostró desenvolverse sobre las dunas con mayor soltura que una BMW Dakar que los acompañaba en la ruta.
En 1992, Thecla contrajo malaria y debió ser ingresada en un hospital en Tanzania. Superado el percance, continuaron devorando kilómetros por el continente americano: desde Alaska hasta México, bajando luego hacia el Pantanal brasileño y la Patagonia.
La motocicleta sobrevivió a todo: cruzó el Amazonas en la plataforma de un camión, navegó el río Nilo en barco y, en las alturas andinas de Perú, sus dueños tuvieron que empujarla a pulso cuando el motor no dio para más.
La moto dista de conservar su configuración original: prácticamente ningún componente del motor o de la transmisión sigue siendo el de fábrica. A lo largo de las décadas ha requerido ajustes, modificaciones y recambios continuos para mantenerse en marcha, además de conducirse siempre a un ritmo tranquilo y sin sobreexigencias.
Cuatro décadas más tarde, la travesía de Benno y Thecla comprueba que no se precisa una máquina de gran cilindrada ni una fortuna para darle la vuelta al mundo: bastan una mecánica accesible, nociones básicas de reparación y la voluntad de seguir adelante cuando el camino se complica.
Imágenes | Motorpasión
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