La señal llegó desde un lugar clave para la industria. Donald Trump visitó una planta de Ford en Dearborn, Michigan, y ahí lanzó un mensaje que encendió alertas en México sobre el T-MEC y los autos de fabricación nacional: “No hay ninguna ventaja real, no necesitamos autos fabricados en México”. Para las armadoras instaladas en el país, la frase pega directo en el negocio.
Trump también dejó una idea clara sobre la revisión obligatoria del acuerdo este año. Afirmó que el tema ni pasa por su cabeza. Cuando le preguntaron cómo piensa negociar con México y Canadá, respondió que no piensa en el T-MEC. En el fondo, lo que plantea es un giro hacia producción dentro de Estados Unidos.
El presidente insistió en que quiere que a México y Canadá les vaya bien. Luego remarcó que Estados Unidos no necesita el producto de ambos países, con énfasis en autos. Su argumento se basa en una meta simple. Fabricar más vehículos en casa y reducir la dependencia de plantas fuera del país.
Canadá también entró en la conversación. Trump sostuvo que Canadá quiere el acuerdo y que lo necesita. Con esa frase colocó a sus vecinos como interesados y a Estados Unidos como el que decide. Una postura, que en apariencia, prepara el terreno para presionar en la renegociación.
En paralelo, Trump volvió a lanzar amenazas. Dijo que puede terminar el T-MEC o cambiarlo por acuerdos distintos con México y Canadá. También afirmó que empresas se mudan a Estados Unidos desde México y Canadá, además de Japón y Alemania. Su mensaje busca mostrar que el movimiento ya empezó y que más plantas pueden seguir el mismo camino.
El problema es que el T-MEC sostiene una parte enorme del rompecabezas automotriz. México y Canadá tienen redes de autopartes y líneas de ensamble que alimentan el mercado estadounidense. Muchas marcas venden en Estados Unidos vehículos que cruzan la frontera varias veces en forma de piezas y componentes. Si las reglas cambian, cambian costos, tiempos y decisiones de inversión.
El T-MEC vive día clave para su renovación
Hay otro detalle que pesa por calendario. El T-MEC debe pasar por una revisión este año. Si los tres países lo renuevan antes del 1 de julio, se extiende por 16 años. Si no hay acuerdo, vienen revisiones anuales hasta lograr una renovación o hasta que el pacto termine en 2036. Ese reloj ya corre y por eso cada declaración tiene efecto inmediato.
Parte del mercado interpreta estas frases como estrategia para negociar. Aun así, hay dudas sobre una ruptura total justo cuando los tres países necesitan coordinación por el Mundial 2026. Ese evento entusiasma a Trump y él mismo fue anfitrión en Washington del sorteo para armar grupos y calendario. Ese contexto empuja a mantener puentes, aunque el discurso suene agresivo.
El golpe no queda solo en México. La industria de Estados Unidos también depende del acuerdo por costos y por abasto de autopartes. Ford y otros fabricantes piden a la Casa Blanca un nuevo acuerdo regional que conserve ventajas de costos para producir en Estados Unidos. Para México, el mensaje es claro. La revisión del acuerdo se vuelve una prueba dura y las armadoras quedan bajo presión.
Claudia Sheinbaum dice que T-MEC es clave frente a China
Durante su conferencia matutina de este miércoles 14 de enero, la presidenta de México Claudia Sheinbaum respondió a los recientes comentarios de Donald Trump, señaló que el T-MEC es una herramienta de beneficio mutuo y un pilar estratégico para competir frente a China.
La mandataria afirmó que la profunda integración económica consolidada durante casi cuarenta años resulta prácticamente indisoluble, destacó que las propias compañías estadounidenses son las más interesadas en preservar este vínculo. Finalmente, adelantó que el próximo 20 de enero, buscará establecer contacto telefónico para gestionar un encuentro bilateral con Trump donde se aborden formalmente los temas prioritarios de la agenda compartida.
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