Japón se ha quedado sin pandas por primera vez en más de cinco décadas. La partida de los gemelos Xiao Xiao y Lei Lei del zoológico Ueno de Tokio hacia China no solo marca el final de una era para los visitantes japoneses, sino que también refleja el deterioro de las relaciones entre las dos economías más grandes de Asia. Las imágenes de multitudes despidiéndose con lágrimas en los ojos muestran que, más allá de la política, los pandas han sido parte del corazón cultural de Japón.
La noticia se enmarca en un contexto mayor: la llamada “diplomacia del panda”, una práctica que China ha utilizado durante décadas para estrechar lazos con otros países. Sin embargo, en tiempos de tensiones crecientes, la devolución de estos animales se interpreta como un recordatorio de que los pandas no son solo embajadores de buena voluntad, sino también piezas dentro de un tablero geopolítico.
La diplomacia del panda: un símbolo con historia
La estrategia de enviar pandas al extranjero comenzó en el siglo XX como un gesto de amistad y cooperación. Durante décadas, China regaló ejemplares a países aliados, pero desde 1984 cambió su política y estableció préstamos a largo plazo, con condiciones específicas de conservación y reproducción.
México es un ejemplo emblemático de esta práctica: en 1975 recibió a Pe Pe y Ying Ying como obsequio de Mao Zedong, lo que permitió que el Zoológico de Chapultepec se convirtiera en el primer centro fuera de China en lograr la reproducción exitosa de pandas. De esa línea nació Xin Xin, quien hoy es la única panda en el mundo que no pertenece a China y que cumplió 35 años en 2025, un récord de longevidad fuera de su país de origen.
Japón se despide de sus últimos pandas
Los gemelos Xiao Xiao y Lei Lei nacieron en Tokio en 2021, pero bajo las reglas de la diplomacia panda, su propiedad siempre perteneció a China. Tras una última reunión con sus admiradores, fueron enviados a Sichuan, donde permanecerán en cuarentena en el Centro de Conservación e Investigación del Panda Gigante.
Su partida deja a Japón sin pandas por primera vez en más de medio siglo. La ausencia se siente especialmente en el zoológico Ueno, que durante años fue un punto de encuentro para familias y turistas. Las autoridades japonesas esperan mantener las instalaciones listas para futuros acuerdos de cooperación, con la esperanza de que algún día los pandas regresen.
La devolución de los pandas ocurre en un momento delicado para las relaciones bilaterales. Declaraciones recientes de la primera ministra japonesa sobre un posible escenario de conflicto en Taiwán provocaron la respuesta de Pekín, que ha reducido vuelos, desalentado el turismo hacia Japón y suspendido importaciones clave como mariscos y tierras raras.
Aunque China suele retirar pandas de países extranjeros de manera rutinaria, la coincidencia con este clima político ha generado especulaciones sobre un trasfondo diplomático. Para muchos, la salida de Xiao Xiao y Lei Lei simboliza no solo un ajuste en la política de conservación, sino también un reflejo de la tensión creciente entre ambos gobiernos.
Por lo pronto, el zoológico Ueno mantiene su compromiso de colaborar con China en investigación y conservación, pero la ausencia de pandas deja un vacío difícil de llenar. En México, donde Xin Xin es un símbolo de amistad y cooperación, la noticia despierta preguntas sobre el futuro de estos acuerdos y la posibilidad de que las tensiones internacionales afecten también a otros países con pandas en préstamo.
La diplomacia panda ha sido durante décadas un puente entre culturas y gobiernos. Hoy, con Japón sin pandas por primera vez en generaciones, queda claro que estos animales son (lamentablemente) mucho más que íconos de ternura, sino piezas vivas de la política internacional.
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