Exportaciones de cómputo en México crecen hacia EE.UU., pero surgen dudas sobre el valor que realmente se queda en el país.
México se está consolidando como uno de los principales exportadores de equipo de cómputo hacia Estados Unidos, pero detrás de ese crecimiento hay una señal que no termina de cuadrar: el auge no se refleja ni en empleo ni en inversión. El dato, que en otro contexto podría interpretarse como éxito industrial, abre una lectura distinta sobre el papel real del país en la cadena tecnológica.
En este contexto, especialistas advierten que México podría estar funcionando como un punto de triangulación comercial. Es decir, un eslabón intermedio donde los productos pasan, se ensamblan o se canalizan hacia su destino final aprovechando ventajas comerciales y arancelarias, sin que eso implique un desarrollo profundo de la industria local.
México está siendo utilizado para triangular exportaciones de cómputo a EE.UU.
De acuerdo con Gabriela Siller, directora de Análisis Económico en Grupo Financiero BASE, existe una correlación de 0.97 entre la importación de insumos y la exportación de equipo de cómputo entre enero de 2023 y febrero de 2026. Este dato sugiere una fuerte dependencia de componentes externos para sostener el dinamismo exportador.
Esta dependencia se explica por el origen de los insumos: Asia concentra la producción, con Taiwán (44.1%), China (10.4%), Malasia (9.8%), Corea del Sur (8.5%), Vietnam (8.4%) y Tailandia (5.7%). Desde ahí llegan los componentes a México, que ensambla y reexporta unidades de procesamiento central (CPU) hacia Estados Unidos, destino del 94.8% de estas exportaciones, lo que explica su papel como punto de triangulación.
Las cifras refuerzan esta lectura. En los primeros meses de 2026, las exportaciones totales crecieron 12.15% anual, pero las de equipo de cómputo avanzaron más de 155%, convirtiéndose en el principal motor del comercio exterior mexicano. Sin embargo, este crecimiento no se ha traducido en beneficios proporcionales dentro del país.
En 2025, por ejemplo, el empleo en la fabricación de equipo de cómputo creció apenas 3.84%, mientras que la inversión extranjera directa en el subsector representó solo el 0.46% del total nacional. La brecha entre exportaciones y desarrollo interno sugiere que el dinamismo responde más a una reconfiguración de cadenas globales que a un fortalecimiento estructural de la industria local.
La ventaja arancelaria que explica el boom de las exportaciones de cómputo en México
Una de las claves para entender este fenómeno está en cómo funciona la cadena de producción. México participa principalmente en las etapas finales: ensamblaje, pruebas y empaque. Las fases más sofisticadas —como diseño, desarrollo de semiconductores e ingeniería avanzada— siguen concentradas en Asia, que controla la mayor parte de valor agregado.
A esto se suma un factor comercial determinante: el equipo de cómputo no tiene reglas de origen estrictas dentro del T-MEC, lo que permite exportar estos productos a Estados Unidos con aranceles cercanos a cero. En contraste, productos similares provenientes de China enfrentan tarifas significativamente más altas, lo que incentiva el uso de México como plataforma intermedia dentro del comercio regional.
Este impulso también se refleja a nivel territorial. En 2025, Chihuahua se consolidó como la entidad que más exportó equipo de cómputo, comunicación y componentes electrónicos en México, con 65,701 millones de dólares y un crecimiento de 93.4% anual, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), con datos retomados por El Economista. Le siguieron Jalisco, con 37,864 millones de dólares (+124.1%), y Baja California, con 17,972 millones (+4.9%).
Sin embargo, este liderazgo regional no necesariamente implica mayor generación de valor en el país. Más bien refuerza un patrón de concentración en estados fronterizos e industriales que operan como nodos logísticos dentro de una cadena de suministro global.
En otras palabras, México facilita el tránsito de mercancías dentro de una cadena global dominada por otros actores, especialmente asiáticos, consolidando su papel como plataforma de exportación más que como un centro de innovación tecnológica.
La demanda externa impulsa las exportaciones, pero México enfrenta sus propios límites
El dinamismo del sector responde, en gran medida, a factores externos. La demanda en Estados Unidos ha crecido de forma acelerada, impulsada por la expansión de la inteligencia artificial, los centros de datos y el cómputo en la nube. Esto ha elevado la inversión en infraestructura tecnológica y, con ello, la necesidad de equipos y componentes.
Las cifras recientes reflejan la magnitud de este impulso. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), retomados por El Financiero, las exportaciones mexicanas repuntaron 27.7% anual en marzo, su mayor avance en cuatro años, al alcanzar un récord de 70,727 millones de dólares. Este crecimiento estuvo impulsado principalmente por la industria manufacturera hacia Estados Unidos, en particular por el segmento de equipo de cómputo y electrónicos.
En el acumulado del primer trimestre, las exportaciones sumaron 175,586 millones de dólares, un nivel sin precedente para un periodo similar y 17.9% superior al del año anterior. El dinamismo se explicó casi en su totalidad por el crecimiento de 43.7% en las exportaciones manufactureras no automotrices, que alcanzaron 47,361.5 millones de dólares, mientras que las exportaciones automotrices avanzaron apenas 2.0%.
Esta tendencia ha profundizado la integración productiva en América del Norte, posicionando a México como el segundo proveedor de equipo de cómputo hacia Estados Unidos, solo detrás de Taiwán. Sin embargo, su participación se mantiene concentrada en etapas de menor valor agregado.
Sin embargo, este modelo enfrenta límites. La capacidad productiva en México opera cerca de su nivel de saturación, con niveles de utilización de planta que alcanzan hasta 99.5%. Esto reduce el margen para seguir creciendo bajo el mismo esquema, mientras que factores como una posible desaceleración en Estados Unidos, tensiones geopolíticas o restricciones en insumos clave podrían afectar la continuidad del impulso exportador.
En este escenario, el desafío es aún mayor. México ya es un actor relevante en el comercio tecnológico de Norteamérica, pero su siguiente paso dependerá de su capacidad para escalar en la cadena de valor. De lo contrario, el país corre el riesgo de consolidarse como un intermediario eficiente, pero limitado, en la economía digital global.
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