Petróleos Mexicanos (Pemex) ya no quiere ser solo una empresa petrolera. En medio de una tendencia global hacia una transición energética y menor dependencia de los hidrocarburos, la empresa estatal busca redefinir su papel como una compañía energética integral.
La apuesta no solo contempla el fracking, sino también el mejor aprovechamiento del coque y la reducción de la quema de gas. Sin embargo, este cambio abre un debate incómodo: la cuestión de si puede transformarse sin resolver primero sus problemas internos.
La propuesta surge en un momento particularmente complejo. Mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum plantea fortalecer la soberanía energética, la empresa enfrenta una combinación de deterioro operativo, presión financiera y cuestionamientos ambientales que no han desaparecido. Además, el cambio de estrategia ocurre sobre una infraestructura que arrastra años de desgaste y limitaciones técnicas acumuladas.
De petrolera a empresa energética: el cambio que plantea Pemex
La transición de Pemex hacia una empresa energética comenzó a delinearse con la instalación de la Comisión Consultiva del Petróleo, encabezada de forma honoraria por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Este órgano, de acuerdo con El Economista, tiene la tarea de diseñar una estrategia de largo plazo que permita a la empresa diversificar su enfoque más allá del crudo.
Durante la primera reunión, Cárdenas fue directo sobre el rumbo que debería tomar la empresa: la industria petrolera y energética debe replantearse para que Pemex “pueda pasar de ser una entidad petrolera a una entidad energética, donde contribuya también a hacer frente a los efectos negativos del cambio climático”.
El giro implica incorporar áreas como el aprovechamiento del gas natural y explorar el desarrollo de recursos no convencionales mediante el fracking. Estos recursos son hidrocarburos atrapados en formaciones de roca muy compactas —como el shale— que no fluyen de forma natural y requieren técnicas como la fracturación hidráulica para liberarse.
Por otro lado, la estrategia también pone el foco en problemas operativos concretos: modernizar refinerías, mejorar el aprovechamiento del coque —un residuo sólido del petróleo con alto contenido de carbono— y reducir la quema de gas, especialmente en operaciones marinas.
Los problemas que Pemex no ha logrado resolver siguen pesando
El problema es que esta transformación ocurre mientras persisten fallas estructurales. Entre 2020 y 2025, Pemex acumuló 3,951 derrames en su cadena de operación, lo que equivale a casi dos incidentes diarios, según datos retomados por El Universal. Estos eventos no solo implican daños ambientales, sino que evidencian un deterioro sostenido en la infraestructura.
Ese deterioro también se refleja en el manejo del gas natural. De acuerdo con datos citados en Reforma, Pemex consume y quema el 42% del gas natural que produce, una cifra que evidencia ineficiencias operativas y pérdida de recursos en un contexto donde este energético es clave para la seguridad energética del país.
El mismo medio recoge que las reservas probadas de gas natural en México se estiman en 12.41 billones de pies cúbicos, suficientes apenas para nueve años al ritmo actual de extracción. Además, la producción ha caído de forma significativa: en 2025, Pemex produjo alrededor de 2,313 millones de pies cúbicos diarios, más de 50% por debajo de los niveles registrados en 2011.
El panorama se complica aún más con el robo de combustibles. El huachicol sigue generando pérdidas millonarias y refleja fallas estructurales en control y vigilancia. A esto se suma el impacto ambiental de incidentes recientes, como el derrame en el Golfo de México que afectó costas de Veracruz, Tabasco y Tamaulipas, vinculado a una fuga en infraestructura marina.
La propia Pemex reconoció que no se difundió información clave de manera oportuna, lo que complicó las labores de contención y terminó por agravar sus efectos. Estos eventos no solo evidencian daños ecológicos, sino también problemas persistentes en mantenimiento, monitoreo y respuesta.
Especialistas señalan que gran parte de los ductos, plataformas y refinerías tienen décadas de antigüedad, con mantenimiento insuficiente. A esto se suma una deuda financiera cercana a los 85,000 millones de dólares, además de adeudos con proveedores que limitan la capacidad de inversión y operación.
El nuevo rumbo de Pemex abre oportunidades, pero también dudas
La posible incursión en fracking agrega otra capa de complejidad. Aunque México tiene potencial en recursos no convencionales, su desarrollo requiere inversiones intensivas, tecnología avanzada y, sobre todo, esquemas regulatorios y contractuales que permitan atraer capital.
Analistas del sector energético, como el consultor Francisco Barnés de Castro citado por Reforma, advierten que el gas natural es hoy el punto más vulnerable para la seguridad energética del país. “El único combustible que pone en riesgo la seguridad energética es el gas natural, no el petróleo, y en los últimos años no se le ha prestado atención”, señaló. En ese mismo sentido, el especialista advierte que la producción mediante fracking no generará resultados en el corto plazo, sino en el mediano y largo plazo.
Además, considera que Pemex no tiene la capacidad financiera para desarrollar estos proyectos por sí sola, por lo que sería necesario recurrir a alianzas con el sector privado. Sin embargo, también apunta que los esquemas actuales de contratos mixtos no resultan suficientemente atractivos para atraer inversión, lo que añade incertidumbre sobre la viabilidad de esta estrategia.
En este contexto, la transición energética de Pemex no depende sólo de su visión estratégica, sino de su capacidad real para corregir problemas históricos. La expansión hacia nuevos modelos energéticos puede representar una oportunidad para redefinir su papel en el mercado, pero también un riesgo si no se atienden las fallas estructurales que hoy siguen presentes.
Esto también abre una posibilidad: que la infraestructura de Pemex se utilice para fortalecer la industria nacional, promoviendo un crecimiento económico que no comprometa el entorno natural de las próximas generaciones. Por lo tanto, la Comisión Consultiva del Petróleo aparece como un punto de partida, para reconfigurar el papel de la empresa pública más importante del sector energético en México.
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