
El plan conjunto apunta a tener operativa la Estación Internacional de Investigación Lunar hacia 2035
En marzo de 2024, Yuri Ivánovich Borísov —exviceministro de Defensa ruso y actual responsable de la agencia espacial Roscosmos— reveló que Moscú y Pekín planean colocar un reactor nuclear sobre la superficie lunar. Por un lado, Rusia cuenta con décadas de experiencia indiscutible en desarrollo atómico; por el otro, China aporta la capacidad científica y los recursos necesarios para llevar una misión de este calibre a buen puerto.
La hoja de ruta contempla tener lista para 2035 la Estación Internacional de Investigación Lunar (conocida como ILRS, por sus siglas en inglés). Ambas naciones la operarán de manera conjunta, pero sostener una base de este tipo exige una fuente de energía confiable y continua. Justo para responder a esta necesidad, la alianza determinó la mejor alternativa: levantar una pequeña central nuclear en territorio lunar.
Pei Zhaoyu, ingeniero jefe de la misión Chang'e-8, subrayó la trascendencia del papel ruso en la iniciativa: "Una cuestión importante para la ILRS es el suministro de energía. En este terreno Rusia tiene una ventaja natural debido a que en lo que se refiere a las instalaciones nucleares, y especialmente enviándolas al espacio, lidera el mundo incluso por delante de EEUU". Chang’e-8 marcará el inicio formal de este programa.
Pekín tiene programado el despegue de la misión Chang'e-8 en 2028 con dos metas clave: iniciar las obras para la base lunar habitable hacia 2030 y evaluar el montaje del reactor nuclear que abastecerá de energía a todo el complejo. Ambos desarrollos deberían concluir en 2035. Pese a que el gobierno de Xi Jinping aún no formaliza públicamente cada punto del plan, las declaraciones de Pei Zhaoyu dejan claro que el trabajo coordinado entre Rusia y China ya está en marcha.
Por lo pronto, la comunidad científica nuclear china ya diseñó una propuesta preliminar para el reactor, y cuenta con características bastante particulares. Para estructurarlo tomaron elementos de desarrollos de la NASA y del histórico reactor soviético TOPAZ-II.
El prototipo usará barras de combustible de dióxido de uranio dispuestas en forma de anillo, refrigeración dual basada en metal líquido (NaK-78) —diseñada para mantener el núcleo por debajo de los 600 °C— y un moderador de neutrones de hidruro de itrio, que según las estimaciones chinas ofrece mayor eficiencia frente a los convencionales de hidruro de circonio.
En paralelo, Estados Unidos también apuntó su regreso a la Luna mediante el programa Artemis de la NASA. La intención de la agencia estadounidense es alunizar a dos astronautas a corto plazo e iniciar la construcción de un asentamiento duradero.
Aunque el proyecto recurrirá a amplias matrices solares, la energía fotovoltaica no basta para garantizar el consumo constante, ya que las noches en la Luna duran entre 14 y 15 días terrestres continuos. Ante este reto, Estados Unidos también diseña un reactor nuclear denominado Fission Surface Power (FSP), capaz de generar 40 kW de potencia.
Imagen | China National Space Administration
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