Estas máquinas de coser tienen más de 100 años y todavía funcionan. Un taller en México se niega a dejarlas morir

Maquina De Coser

Las primeras máquinas de coser llegaron a México a durante el Porfiriato

Luis Ángel Márquez Flores

Editor Jr

Si algo tenían en común mis abuelas materna y paterna era su afición por la costura. Cada una poseía una máquina de coser Singer que hacía funcionar moviendo un pedal rápidamente. El sonido mecánico que producían cuando estaban en acción es algo que recuerdo muy bien. Las dos partieron hace años, pero sus máquinas permanecen en los sitios donde ellas se sentaban a trabajar.

Como las de mis abuelas, aún hay muchas en el país que han sobrevivido a sus dueños originales. Hoy en día, adquirir una máquina de coser Singer antigua no es nada barato y varias personas que aún conservan las suyas casi no las usan o las tienen como un lindo objeto decorativo en su hogar. Sin embargo, en México todavía hay gente que se niega a dejarlas morir.  

La historia de la máquina Singer

Las máquinas de coser Singer como las de mis abuelas aparecieron a finales del siglo XIX. Sin embargo, su historia se remonta a finales del siglo XVIII, cuando el alemán Charles Fredrick Wiesenthal patentó un aparato mecánico que facilitaba la costura, un objeto rudimentario que consistía en una aguja con dos puntas y un ojal en el extremo.

En 1834, el inventor Walter Hunt construyó una máquina capaz de coser con doble hilo, pero no la patentó. Fue Elias Howe quien sí obtuvo una patente similar en 1846, aunque sus máquinas resultaron poco prácticas y no vendieron mucho. Cinco años más tarde, en 1851, Isaac Merritt Singer patentó un modelo mejorado que movía la aguja de arriba hacia abajo. El brazo estaba dispuesto en un ángulo recto, lo que aseguraba el control de la tela de manera horizontal. 

Este tipo de máquina, con mueble de madera y pedal metálico, era capaz de dar hasta 900 puntadas por minuto. Tenía un pedal oscilante que accionaba un volante que se conectaba mediante una correa de cuero a las ruedas que movían la aguja. 

Imagen | Pexels

Para 1855, la máquina de Singer era todo un éxito de ventas y obtuvo un premio en la Exposición Universal de París. En 1858 apareció el primer modelo doméstico ligero, apodado Grasshopper. Para 1890, Singer ya dominaba el 90% del mercado mundial de máquinas de coser.

A nuestro país, Singer llegó justo a finales del siglo XIX, De acuerdo con un artículo de INAH, las evidencias más claras de su uso se encuentran entre 1876 y 1910, justo durante el proceso de industrialización vivido durante el Porfiriato. En otras palabras, que muchas de las máquinas que aún se conservan tienen más de 100 años.

Imagen | BBC.

Un oficio que se resiste a desaparecer

Hoy en día, las máquinas de coser son mucho más compactas e integran tecnología de punta (algunas pueden incluso conectarse a la computadora). No obstante, hay algunas personas que mantienen las reliquias bellas y funcionales. Uno de ellos es Ricardo Romero García, quien está al frente del taller Peletería Xalapa, en Veracruz. 

Aunque su negocio se especializa en la venta de material para calzado, desde hace ocho años también se dedica al mantenimiento de máquinas de coser. Él cuenta que todo comenzó cuando junto a un amigo desmontaron una máquina antigua para intentar componerla. Al ver que lo consiguieron, la gente comenzó a llevarle sus popios equipos para que los reparara. 

Para conseguir refacciones, Ricardo se apoya en el reciclaje y en los negocios de recolección de fierro viejo. Como él, hay técnicos dedicados la reparación de máquinas de coser antiguas esparcidos en varios estados, como Pablo, en San Luis Potosí, o José Santos, en Querétaro.  

En palabras de Ricardo, las máquinas de coser Singer son el ejemplo de lo mucho que ha cambiado la industria a lo largo de los años. Él asegura que estas herramientas fueron construidas con la expectativa de durar hasta cinco siglos, mientras que las de ahora tienen una vida útil mucho más corta. 

Imagen de portada | Pexels.

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