
Este método también es excelente para neutralizar los malos olores
No hay nada más satisfactorio que acostarse en unas sábanas blancas recién lavadas. Ese color impecable y el aroma a limpio son sinónimo del máximo confort. Sin embargo, también son las que se ensucian más rápido por el sudor y el paso del tiempo.
Las almohadas, en especial, suelen tomar un tono amarillento debido a la acumulación de grasa corporal, restos de crema facial, productos para el cabello y humedad. Por suerte, existe un truco muy sencillo para solucionar esto.
Antes de comprar costosos productos químicos en el supermercado que pueden desgastar las fibras de algodón y ser agresivos con la piel de la cara (que pasa horas en contacto directo con la tela), vale la pena intentar un remedio casero infalible: el truco del bicarbonato de sodio.
Cómo aplicar el truco del bicarbonato de sodio, paso a paso
Para devolverle a tu almohada ese aspecto de cuando estaba nueva, el bicarbonato de sodio es tu mejor aliado. Solo necesitas mezclarlo con agua en partes iguales hasta formar una pasta homogénea. Después, aplícala directamente sobre las zonas amarillentas o desgastadas y déjala actuar entre 20 y 30 minutos.
Una vez transcurrido este tiempo, retira la mezcla con un poco de agua. Si notas que la mancha persiste, puedes repetir el proceso o meter la almohada directamente a la lavadora para un ciclo normal. Además de eliminar la suciedad, este método es excelente para neutralizar los malos olores que suelen quedarse impregnados en el tejido.
Qué hacer con las manchas más difíciles
Si la mancha ya lleva mucho tiempo y es difícil de quitar solo con bicarbonato, puedes usar agua oxigenada diluida con un poco de agua. Aplica la mezcla sobre la zona afectada y déjala actuar por unos minutos antes de enjuagar. Un detalle muy importante: nunca mezcles el agua oxigenada con cloro ni con otros limpiadores, ya que podrían generar una reacción química peligrosa.
La mejor manera de evitar que vuelvan a aparecer estas manchas es la prevención. Lavar las fundas con regularidad es básico, pero además se recomienda utilizar un protector de almohada impermeable o lavable. De esta manera, el sudor, la grasa y las cremas se quedarán en el protector y no traspasarán al relleno.
Por último, no olvides que la almohada en sí también debe lavarse. Lo ideal es hacerlo al menos una o dos veces al año para eliminar los residuos acumulados y evitar que aparezcan esas marcas amarillas tan difíciles de quitar. Además, tu piel te lo agradecerá.
Imágenes | Unsplash
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