Un estudiante usó sus jeans durante 15 meses sin lavarlos: su profesora descubrió que casi todos los lavamos demasiado

Maude Frederique Lavoie Edstj4kcucw Unsplash

Es mejor lavar más seguido las sábanas y darle un respiro a tus pantalones de mezclilla

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

La frecuencia con la que lavamos la ropa suele ser contradictoria. Mientras que piezas esenciales como las sábanas con frecuencia se descuidan y no se lavan con la regularidad necesaria, con la mezclilla ocurre todo lo contrario: la mayoría lava sus pantalones mucho más de lo debido

Lo curioso es que este tipo de tela fue creada para tolerar el uso rudo y resistir la suciedad; meterla constantemente a la lavadora solo apresura su desgaste. El tema se colocó en la conversación pública cuando el director general de Levi's, Chip Bergh, señaló en 2014 que jamás lavaba sus jeans en dicho electrodoméstico

A raíz de eso surgieron todo tipo de recomendaciones caseras, desde meterlos al congelador para eliminar malos olores hasta tallarlos con un cepillo de dientes. Sin embargo, la evidencia científica aclara cuáles de estas ideas realmente tienen fundamento y cuáles deben tomarse con reservas.

En 2011, la investigadora y profesora en ciencias textiles de la Universidad de Alberta, Rachel McQueen, llevó a cabo un curioso estudio junto a un estudiante apasionado por la moda. El joven siguió un reto de internet que consistía en utilizar sus pantalones de mezclilla durante 15 meses seguidos sin lavarlos, con el objetivo de que el tejido rígido se amoldara perfectamente a su silueta.

Independientemente del resultado estético, la investigadora encontró una oportunidad inmejorable para poner a prueba si de verdad es innecesario lavar la mezclilla con la misma insistencia que otras prendas. Cuando el ciclo de uso culminó y llegó el momento del lavado, McQueen tomó muestras microbiológicas de la tela justo antes de limpiarla y volvió a examinarlas después.

El hallazgo fue revelador: la carga de microorganismos acumulada tras 15 meses continuos sin lavado fue prácticamente idéntica a la que presentaba la prenda con apenas dos semanas de uso tras haber salido de la lavadora. En términos microbiológicos, la población bacteriana alcanzaba un tope y se mantenía estable.

Si bien se trataba de una concentración considerable, los tipos de bacterias detectadas no representaban riesgos para la salud. De hecho, no se aislaron bacterias intestinales como Escherichia coli, algo que comúnmente se creería; en su lugar, se trataba mayoritariamente de bacterias presentes de forma natural en la piel.

El conteo bacteriano varió según la zona de la prenda: en el área de la entrepierna se registraron entre 8,000 y 10,000 unidades formadoras de colonias por centímetro cuadrado, en la parte posterior se contaron entre 1,500 y 2,500, mientras que en la parte delantera las cifras oscilaron entre 1,000 y 2,000 unidades.

Con base en estos resultados, McQueen concluyó que no hace falta lavar los jeans con la insistencia que acostumbramos, aunque tampoco sugiere esperar más de un año. Su recomendación para personas sanas apuesta por lavarlos, en promedio, una vez al mes.

Cuando Bergh afirmó que jamás metía sus jeans en la lavadora, causó revuelo y muchos asumieron que el directivo no limpiaba sus prendas. Tiempo después aclaró que sí los lava, pero siempre a mano. Su método consiste en usar un cepillo de dientes para retirar polvo superficial o concentrarse únicamente en la zona con manchas o mal olor. Solo cuando ha transcurrido un largo periodo recurre a un lavado integral, pero siempre fuera de la máquina.

Ese hábito resulta aconsejable tanto para la mezclilla como para otros textiles. La recomendación general es revisar si la prenda presenta manchas evidentes o mal olor antes de echarla a lavar. Muchas veces basta con limpiar el área afectada, aunque hay tejidos que sí exigen mayor frecuencia de lavado que la mezclilla tras muchas horas de uso continuado. 

Asimismo, se aconseja airear los pantalones entre posturas, de preferencia poniéndolos al sol, un proceso que facilita la disipación de los compuestos volátiles causantes del mal olor antes de que se adhieran a las fibras. Incluso, en muchas ocasiones ventilar la ropa entre cada puesta es suficiente para mantenerla fresca.

Otra práctica popular es meter los jeans al congelador bajo la creencia de que las bajas temperaturas eliminan las bacterias que causan el mal olor. Sin embargo, diversos científicos están en desacuerdo: el frío extremo no suele matar a todos los microorganismos sino que muchos entran en letargo, por lo que basta que unos pocos sobrevivan para que vuelvan a proliferar una vez que la prenda regresa a la temperatura del cuerpo.

Dado que la mayor parte de las bacterias alojadas en los jeans proviene de nuestra propia piel, someterse a una exfoliación antes de ponérselos representa una forma práctica e inesperada de disminuir la transferencia de microorganismos a la tela. Al final, el mejor indicador para decidir si tus pantalones de mezclilla necesitan pasar por agua y jabón es confiar en tu olfato, tanto en sentido figurado como en el más literal.

Imagen | Unsplash

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