Según los psicólogos, si creciste en los años 80 y 90 desarrollaste el "sesgo de llegada", debido al bombardeo de historias que siempre tienen finales felices

Samantha Guerrero

Editora Jr

Quienes crecieron entre los años 1980 y 1990 podrían haber adoptado, sin darse cuenta, una idea muy concreta sobre la felicidad: que llegará cuando se alcance una meta. Un experto de Harvard, describe este fenómeno como “sesgo de llegada”.

El psicólogo Tal Ben-Shahar ha observado esta creencia en los adultos actuales. Según explica, parte del problema podría estar sistemáticamente relacionado con los cuentos o historias infantiles con finales felices, que terminaron moldeando la forma en que muchas personas imaginan la felicidad.

Historias con final feliz: la marca de una generación

Muchas personas en esos años estuvieron expuestas de forma constante a historias con una estructura muy clara como:

  • Aparición de problemas o villanos.
  • Protagonistas que atraviesan dificultades.
  • Todo se resuelve con un final feliz.

Un tipo de narrativa muy común en películas clásicas como Mulán, Hércules, Cenicienta, La Sirenita o Blancanieves, ya que el final marca el momento en que todo queda resuelto tras derrotar al villano y todos los personajes “viven felices para siempre”. Un mecanismo que acabó integrándose como parte de la vida.

El problema es que esta narrativa convierte la felicidad en una meta final. Pero en la práctica no funciona así: la felicidad suele ser un estado transitorio, no un destino permanente

El cerebro se puede acostumbrar a esta forma de entender la felicidad

Ben-Shahar relaciona esta idea con la llamada adaptación hedónica, un proceso psicológico por el que las personas vuelven de forma gradual a su nivel habitual de bienestar incluso después de alcanzar logros importantes.

La sensación de vacío o de decepción que experimentan tras alcanzar un hito importante proviene de una expectativa irreal de entusiasmo antes de obtener verdaderamente una meta.

La generación Z parece verlo de otra manera

La generación Z sin duda tiene muy claro qué puede significar esto y puede aportar a un cambio en el paradigma. La idea de abandonar la búsqueda de un destino perfecto y mejor aprender a valorarlo, podría ayudar a las personas a desprenderse de tener expectativas de final feliz en su vida para evitar confundir una breve pausa con un fracaso personal.

Lo que explica Ben-Shahar es que la falsa creencia de alcanzar un destino que se ha determinado y que puede dar felicidad, es uno de los principales obstáculos para que las personas tengan un bienestar. 

En otras palabras, el problema no es fijarse metas, sino creer que la felicidad llegará únicamente cuando se alcance una de ellas. Por eso, más que perseguir un “final feliz”, la psicología insiste en algo más apegado a la realidad: aprender a disfrutar el proceso.

Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com.mx

VER 0 Comentario